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“No sé si podría hacer otra cosa, mi vida está atravesada por el teatro”

Por: Lic. Cecilia Sandoval /Fotos: Gastón Guirao.

Viviana Perea es actriz, directora, profesora, gestora y Licenciada en teatro. Fundadora de la conocida Sala Ross en donde desarrolla sus actividades junto a su marido Lucas y un equipo compuesto por Ignacio Hael, Emanuel Rodriguez, Lucky Rojas y Abril D´Oliveira.
Una curiosidad: la sala se llama Ross en honor a su abuela Ana María Ross, quien había incursionado en el radioteatro desde muy joven pero se vio obligada por sus cuatro hermanos a abandonar ese sueño de ser actriz para dedicarse a las tareas del hogar, aún así, logra transmitirle ese deseo a su hija y así, el amor por las tablas pasa de generación en generación.

CPQV: ¿Cómo empezaste a hacer teatro?
Empiezo cuando tenía 14 años, había como un taller optativo en el colegio y me llamó la atención. Después al año siguiente comienzo a hacer taller con Raúl Reyes y sigo hasta que termino el secundario. Y ahí me inscribo en dos carreras, típico del que estudia teatro y no quiere asumir. Me inscribo en Psicología y en Teatro y no me daban los horarios, además estaba más copada con teatro, seguía juntándome con mis compañeros del taller de Raúl y duraron medio año las dos carreras, ahí ya decidí dedicarme de lleno al teatro.

CPQV. ¿Cómo llegas a abrir tu sala?
Buscaba un espacio para enseñar, yo ya me había recibido de Profesora y me faltaba solamente la tesis de la Licenciatura. Buscaba un salón chico para dar mis clases y de repente pasaba por acá y veo el cartel que decía se alquila y ahí lo llamo al dueño. Cuando veo la casa, primero, era enorme y segundo estaba totalmente destruida porque hacía un año que estaba deshabitada pero anteriormente había funcionado un estudio jurídico en el que sólo ocupaban la sala de adelante y el camarín. Y todo lo demás era depósito. Me decido a alquilarla y todos me decían que estaba loca porque el espacio estaba destruido, pero a mí me había gustado y me había impactado al principio la parte de arriba y pensé que estaba buenísimo para hacer teatro. Eso fue en diciembre. En enero alquilamos y hasta febrero estuvimos refaccionando. Abrimos el 8 de marzo del 2007.

CPQV: La vienen sosteniendo hace un montón…
Sí, este año cumplimos diez años e hicimos festejos con todas nuestras producciones y también un catalogo que refleja todo lo que venimos trabajando y está bueno porque pude, de alguna manera vivir de esto, que era lo primero que me decía mi papá: “tenes que buscar otra carrera, te vas a morir de hambre” (risas). También está siempre ese prejuicio de que los que hacemos teatro estamos locos o no nos gusta trabajar, pero yo creo que en realidad cuando uno hace teatro seriamente, se puede vivir tranquilamente, enseñando, produciendo, gestionando espacios, investigando. Porque además es un lenguaje que es múltiple, es decir que tenes múltiples actividades que podes hacer dentro del teatro.

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CPQV: ¿Con la dirección empezas después de tener la sala?

Sí, yo me había prometido que no iba a dirigir hasta que no me reciba de Licenciada (risas), necesitaba tener mi otro título y en realidad mi primera dirección es de la cátedra Dirección de la Facultad y después empiezo un poco a dirigir pero eran las producciones de los talleres. Recién al segundo año de la sala decido hacer una dirección hacia afuera y empiezo haciendo teatro para niños que uno siempre piensa que es lo más fácil y en realidad es lo más complicado, pero estuvo bueno el desafío. La verdad es que cuando empecé a dirigir me gustó y me pareció un lugar interesante y creo que casi me quedé ahí. Sí actúo pero siempre prefiero estar del lado de la dirección. Me gusta mucho poder tomar un texto o una idea y materializarla.

CPQV: Tenes dos trabajos full time, por un lado en la sala y por otro ser madre, ¿Cómo la llevas con eso?
Estoy loca, es muy difícil porque por un lado uno no quiere perderse las cosas de sus hijos y por otro lado no quiere dejar su carrera profesional, eso es por lo menos lo que me pasa a mí. Entonces sigo dirigiendo, dictando talleres, haciendo proyectos de investigación y eso hace que trabaje de lunes a lunes. Pero a mí sí me hace bien trabajar, siempre necesito esa otra parte a veces del 100% que uno puede hacer, por ahí hace 75%. Sobre todo el tema de gestión hace que uno tenga que estar mucho tiempo en la calle. Por ahí en la parte artística de la dirección y los talleres yo pongo mis horarios y ya. Y también nos complementamos con Lucas que es el padre de mis hijos y que además trabaja acá.

CPQV. ¿Qué importancia crees que tiene el teatro y en particular esta sala para la comunidad tucumana?
El teatro en general yo creo que es súper poderoso, es un lenguaje que te permite crecer, emocionarte, es transformador, todo. Creo que es muy importante que las personas se acerquen al teatro, que puedan ver teatro, que podamos hacer proyectos sociales desde el teatro. Y bueno este espacio es lo que me permite a mi decir desde acá hago esto que pienso y también el hecho de poder relacionarme con otros compañeros, colegas, gente que conozco desde que íbamos a la facultad y que hoy cada uno va construyendo su poética. Creo que los espacios culturales son sumamente importantes porque nosotros de alguna manera sostenemos la actividad teatral junto con los grupos que deciden llegar a tal o cual espacio. Yo sostengo que el teatro es mi modo de vida, lo que me apasiona, con lo que vivo, por lo que vivo, lo que me da de comer, lo que me permite conocer gente, viajar. No sé si podría hacer otra cosa, mi vida está atravesada por el teatro, incluso la gente que quiero, con la que me relaciono, todo.

CPQV:¿Cómo ha crecido la sala en estos años?
Creció mucho, yo creo que hay ciertas limitaciones con lo edilicio. Entonces también siempre estoy pensando en la necesidad de encontrar otro lugar que pueda contener otras actividades, otros proyectos. En cuanto a infraestructura creo que crecimos un montón en lo técnico, cuando abrimos teníamos cuatro tachos de luces y una consolita con teclas. Y así fuimos aprendiendo a gestionar con distintos organismos y amigos. Hoy tenemos más de 50 tachos en la sala. Fuimos creciendo con los elencos que llegan acá, con el INT por ejemplo, no es lo mismo cuando recién llegas a cuando ya tenes diez años de trayectoria. También crecimos en la cantidad de alumnos, el primer año era un solo taller que lo dictaba yo, ahora tenemos talleres para adolescentes, niños, adultos, se han generado espacios de trabajo, creo que eso está bueno. Yo sí creo que falta mucho, falta que la gente termine de conocer la sala, nos faltan años de trabajo, también que se le de ese espacio al teatro, porque nosotros tenemos el Mercedes Sosa a la vuelta y Tina el año pasado que son monstruos que nos comen y hay gente que solo va a ese teatro. Creo que nos falta a nosotros, que es un trabajo nuestro para que la gente venga mas a la sala. Pero también creo que en el teatro no existe la mala praxis, en esto de que nos debemos acercar a la gente también tenemos que ser respetuosos con lo que hacemos. Hay producciones que uno va y dice esto no estaba listo, esta idea no estaba cocinada del todo y mucha gente haciendo teatro sin saber demasiado, no te puede operar un tipo que no es médico, bueno teatro podemos hacer todos. Y está bueno que lo podamos hacer todos pero subirse a la dirección…creo que hay que ser bien respetuosos, o dar clases por ejemplo, uno tiene que ser cuidadoso con lo que planifica y propone para las clases, sino lo que debería ser una experiencia linda termina transformándose en algo terrorífico y la gente no vuelve más. Creo que a veces espantamos al público, nos quejamos de que la gente no viene al teatro pero nosotros a veces no sabemos darle a ese público lo que viene a buscar.

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