“Un buen director tiene que tener

una idea potente”

 

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Por Tatiana Lujan Valdez//Fotografía: Agustina Font

 

 

 

Verónica Pérez Luna es autora y coautora de numerosas obras de teatro, y ejerce como directora desde el año 1989, con la formación del grupo “TUMBACABEZAS”, con el que realizó, hasta el año 1991, performances e intervenciones en el espacio público. En el año 1993 fundó el grupo “MANOJO DE CALLES”, con el cual desarrolló ininterrumpidamente hasta la fecha una basta labor en la producción, la formación y la investigación teatral.

 

Es una mañana soleada en este otoño, y hemos acordado encontrarnos con la directora tucumana. Desde Abril de este año tiene en cartelera la obra “Pedro y Las Pelonas, o exvotos al teatro”, de gran repercusión en el teatro provincial. Nos congregamos para hablar un poco de eso, y del teatro en general, y el punto de encuentro que elegimos fueron las instalaciones de la Sala Paul Groussac. Allí cursan, desde el segundo año, los alumnos de la Carrera de Teatro de la Universidad Nacional de Tucumán. “La Groussac” ha sido y sigue siendo nido de muchísimos teatreros de la provincia. Inclusive fue el espacio elegido para la primera obra de Manojo, nos cuenta Verónica nostálgica, cuando atravesamos juntas ese patio lleno de árboles de limón y mandarinas.

 

Colirio Pa Que Vean: Verónica, ¿Cuándo y por qué empezaste a hacer teatro?

Verónica Pérez Luna: El teatro, por suerte para mí, ha estado en mi vida desde muy chica. Siempre he sido payasa. Era muy inhibida en lo social, pero cuando tenía la oportunidad del estado de representación era como una euforia que me agarraba, y era una loca descocada, traviesa (ríe). Mis juegos siempre han sido teatrales, desde jardín he participado en todo lo que significaba poner el cuerpo, bailar, cantar… para la mona porque nunca aprendí a cantar (ríe nuevamente). Desde niña yo he sido muy estimulada por mi madre fundamentalmente, que como en toda familia machista se ocupaba de los hijos, a pesar de que siempre trabajó también, porque era maestra rural de aquellas que laburaba jornada completa y ¡hasta despiojaba! A ella siempre le gustó el arte, entonces nos llevaba a ver obras de teatro… O sea, el teatro ha estado en mi vida siempre. Además los recuerdos de niña que yo tengo son como escenas. Imágenes de escenas teatrales. Yo siempre he trabajado con la escena familiar también. Me gusta eso de lo siniestro y lo familiar que se pone en juego en todas las familias… o en casi todas.

 

CPQV ¿Tenés un registro de por qué decidiste que querías hacerlo profesionalmente?

VPL: Cuando yo estaba en el último año de la secundaria, en la Sarmiento, se crea la carrera. En el ’84 creo. Y yo era buena alumna. Las docentes me decían “Ay, usted Verónica puede estudiar esto, puede estudiar lo otro”. Yo no sabía bien, por lo que me pre-inscribí en Licenciatura en Física, en Filosofía, en Geología creo, en Economía y en Teatro. Y bueno, con el peso de lo familiar que te decían “¡cómo vas a estudiar teatro!”… Me acuerdo que había una profesora, justamente la de Economía, que me decía “Ay, pero Verónica, usted que es tan inteligente ¡cómo va a estudiar teatro! Teatro haga por hobbie, pero estudie otra cosa, usted es muy inteligente” (ríe). Pero cuando se creó la carrera yo supe que eso era lo que iba a estudiar. Y finalmente me inscribí en Teatro y en Filosofía, que filosofía es un amor que tengo impulsado por dos queridas profesoras de La Sarmiento: La Nellibe y La Franco que luego fue Decana de la Facultad de Artes. Entonces empecé primer año: en filosofía tenía todos los exámenes diez, diez, diez, y ¡en teatro me costaba horrores! Todo el primer proceso fue muy fuerte para mí porque era como un auto-descubrimiento. A mí en teatro me gusta mucho trabajar la emoción, y aprender a trabajar eso implica un auto-conocimiento constante para no volverte loca. El primer año fue un descubrimiento con Juan Tríbulo, gran maestro, que me hizo vivir procesos muy intensos en la actuación. Me costó mucho, muchísimo. Recién como a fin de año encontré el click que destrabó el proceso hacia la actuación. Pero a mí siempre me gustó la dirección. Siempre me he mirado y he mirado desde ese lugar del desdoblamiento. Y de alguna manera, cuando trabajábamos con los compañeros, siempre iba ocupando naturalmente ese rol… El espacio, por ejemplo, siempre ha sido para mí una materia de mucho estudio. Tal vez porque soy muy inhibida manualmente, soy muy inútil con las manos, tengo ideas y no las puedo llevar a cabo (ríe). Siempre ha estado dividido, la Sandra (su hermana) era la “estética”, la habilidosa  que hacía cualquier cosa, y es así por que ella es muy plástica, concreta todo con las manos, y con el cuerpo también, por eso es actriz; y yo siempre he sido como la cabeza, la que tenía las ideas… Pero el espacio me permite a mí esa materia plástica. En el espacio siempre hago grandes apuestas con mínimas cosas. Trabajo lo minimalista en el espacio, nunca lo barroco. Barroco si en la actuación, pero en el espacio me gusta más lo simbólico. Ahí puedo plasmar esa cosa de lo visual y lo plástico: el espacio y la luz atravesados por el tiempo que siempre es la muerte…

 

CPQV: ¿En qué consideras vos que consiste el rol de la dirección?

VPL: La dirección es siempre mucha cabeza. No digo que tenga que ser un intelectual, académico, ni nada por el estilo, sino tener pensamientos, tener ideas. Para mí un buen director tiene que tener una idea potente, trabajar en eso, por que si no pones ideas ¿qué pones? El actor pone el cuerpo, y si vos no tenés nada para darle al actor, que va a exponer su cuerpo, y lo dejas sólo, si no has puesto tus ideas, ¿qué has hecho? A mí no me gusta cuando veo ese tipo de director ausente que está y no está, no existe por detrás, no hay una mirada realmente, porque lo deja sólo al actor. El teatro es muy complejo. En esta obra, en las Pelonas, hemos visto la necesidad teatral de hacer un trabajo complejo, muy difícil para nosotras, muy duro. Porque sino sentimos como que el teatro se va alivianando también, por los tiempos que corren. Esta cosa de hacer rápidamente la obra, con procesos bastante acelerados, ha llevado a un teatro bastante más pobre, menos profundo. Y creo que nosotros acá en Tucumán tenemos una tradición teatral que no hay que descuidar, que hay que estar constantemente realimentándola. No soy tradicionalista, pero la tradición es importante. También soy muy conceptual, pero creo que el teatro es materia, es un cuerpo en escena. Y eso exige mucho trabajo. Estos tiempos no lo están permitiendo, porque tenés que laburar en diez mil cosas, y Las Pelonas es como un grito de “¡no descuidemos el teatro!”. Para nosotros, obviamente: un autogrito. Porque yo no quiero adoctrinar a nadie. Pero es nuestra actitud ante el teatro, de no dejarnos cansar por este medio, de no dejar que nuestros cuerpos olviden el placer de la actuación, de gozar de procesos con mucha profundidad, y darnos ese lujo. Es hermoso. Y el público es lo más importante, siempre. Pero en el proceso del trabajo es donde está la verdadera profundidad de lo que vos después le vas a llevar al público, porque el público también aunque a veces no lo sabe va a buscar algo al teatro….

 

 

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CPQV: Manojo de calles es un grupo referente del teatro experimental en Tucumán. ¿Por qué apostar a eso?

VPL: Yo creo que el teatro de investigación, o de arte, o experimental, es la pata que permite que el teatro no quede estancado. Es el teatro que siempre está buscando, que siempre está probando, que no se queda en repetir lo que ya está canonizado. Es un teatro que quiere probarse todo el tiempo, y no busca el éxito. Experimental no significa hacer cualquier cosa, sino pensar lo que estoy haciendo y conceptualizarlo, problematizarlo desde el cuerpo. Y creo que es fundamental que exista esa parte. Yo, por mis características de rebelde, me dediqué al teatro experimental. Como una manera de plantar bandera contra el sistema también. Nosotros siempre hemos sido anticapitalistas. Uno de los lemas de Manojo era “le garantizamos su fracaso”, y otro decía “en crisis permanente” , ironizando sobre este concepto capitalista del éxito basado siempre en lo económico, en paradigmas que no tienen nada que ver con el arte.

 

CPQV: ¿Cómo fue el proceso creativo de Las Pelonas?

VPL: Cada obra de Manojo siempre surge de un proceso grupal. Cuando se está en Manojo se es Manojo. Porque la política o la ética de nuestro trabajo implican que somos todos o no somos ninguno. Todos tenemos que estar al cien por ciento. Con las mismas obligaciones, los mismos derechos, las mismas condiciones de estado. Es un teatro de grupo, de tener conciencia de una ética grupal, y una construcción desde ahí que hace a lo estético también.

Entonces bueno, en el 2016 habíamos quedado de pronto sólo mujeres. Y a partir de eso empezó la energía de lo femenino a jugar. Yo como directora tiré unos puntos de partida que eran unos textos que trabajamos de manera totalmente deconstructiva: “Las tres hermanas” de Chejov, “Los padres terribles” de Cocteau, “El padre” de Strindberg y “A Electra le sienta bien el luto” de O´Neill. Todos hablan de la estructura familiar decadente. No estudiamos el texto y su sentido ni el contexto del autor sino que tomamos fragmentos, y además los tomamos desde distintos estímulos. Y empezamos a trabajar improvisando, con el texto, el cuerpo, la luz, lo sonoro.

Lo de las muletas surgió por que mi marido, en el 2015, estuvo todo el año con muletas. El se había comprado primero las muletas que van bajo el brazo, y luego las que van al codo y las muñecas, entonces teníamos dos pares de muletas. Un día, ensayando en mi casa, estaban las muletas apoyadas y yo se las tiré ahí, como estímulo, y de pronto me vino el concepto de cuerpo roto, y empezamos a trabajar sobre eso.

En eso yo recuerdo que el año anterior había soñado con Pedro Sánchez sentado en mis rodillas. Y ahí en el proceso yo les tiro a las chicas el deseo que tenía de trabajar con esta imagen de Pedro Sánchez vivo en el teatro, como entidad que resucitaba o que aparecía. En el medio la hablo a Eli Cárdenas, y ella tenía una cabeza de Pedro que había hecho para una película. Yo no sabía de eso, y cuando ella me lo dice yo pensé “esto es mágico”. Creo que hay que escuchar estas conexiones cuando aparecen.

Antes de eso nosotras veníamos trabajando con una estructura de escultura, de esas de alambre que hacen los escultores, que era “Pedro Sánchez”, hasta que Eli convirtió esa estructura en el muñeco que es hoy. Y que representa un desafío tremendo, por que la gente va y te dice: “el ARTEA lo va a ganar Pedro Sanchez” (ríe). Y yo también les digo “Chicas, cuidado con Pedro que se está comiendo la escena” (ríe nuevamente).

Las chicas no lo conocían a Pedro, lo hemos ido reconstruyendo a partir de mis afectos, porque yo si he tenido una relación afectiva con él como docente, que estuvo en la carrera por un corto tiempo. Después yo tuve una experiencia como partener en una obra del estable en la que estaba concursando como actriz, y fue una experiencia muy fuerte para mí. El era un monstruo actuando, tenía una presencia muy particular en escena. Tenía una energía y una voz impresionante. Yo siempre sentí un apasionamiento con él, como actor y como docente.

Así que trabajamos intensísimamente desde Mayo hasta Febrero, Marzo, que estrenamos. Con interrupción de Enero nada mas, y a medias porque uno sigue trabajando en todo. Fue un proceso muy intenso y largo, teníamos ensayos tres veces a la semana, a veces de más de dos horas. Nos lo permitimos también. Por eso La Sodería dice que es una obra muy cara, porque es verdad, pagar las horas de ensayo es muy caro. Y todas las horas que nosotros trabajamos incansablemente además son impagables. Porque quizás haya cosas que sean pagables mínimamente, pero las horas de insomnio ¿cómo las pagas?… De todas maneras lo que te digo es mi punto de vista y creo que cada una ha hecho su propio proceso con la obra.

 

CPQV: Ustedes en las Pelonas usan el concepto de “exvoto” u ofrenda. ¿Cuál es la ofrenda que vos personalmente le haces al teatro?

VPL: Bueno, mirá… en medio de todo esto murió mi madre. Y después de eso fue que surgió el concepto del exvoto. Nosotras pre-estrenamos en Jujuy, a cuatro días de la muerte de mi madre. Ahí la obra se llamaba “Dramaturgia improvisada para tres actrices en muletas y un actor muerto”. Ese era el nombre con el que habíamos llegado a ese punto. Y luego de lo de mi madre surge lo del exvoto. Porque yo vivo para el teatro. Todas las que hacemos las Pelonas hemos trabajado en eso, en nuestra ofrenda al teatro. La obra es una ofrenda en el sentido de recuperar toda la materia teatral. Darle vida a toda la materia teatral. Y la figura de Pedro es una figura que hemos elegido como simbólica. Es nuestro “San Pedro bailón”, como lo hemos bautizado, porque nuestra religión es el teatro. Y estamos jugando en esta obra también con una lectura sobre la sociedad patriarcal. Una lectura muy compleja, hay muchos textos que hacen de la obra como una red, que va tejiendo cosas. No habla de una sola cosa. Y por eso también en todas las funciones surge una nueva ofrenda. Nosotras todas las semanas trabajamos en el texto emergente de lo que está pasando, lo que sucede en el contexto. Y eso también es parte del plano de la textualidad de la obra. Hay un concepto que me gustó de Alberto Moreno, un colega que vio la obra, y le puso el subtítulo de Ortopedia teatral o el teatro desnudado: esta cosa de desnudar todos los procedimientos, los niveles que aparecen en lo teatral. La obra juega mucho con eso. Entonces toda la semana nosotros trabajamos para llegar a la función con un exvoto nuevo, secreto, de cada una hacia el teatro. Del teatro y de lo que nos pasa en la vida, porque en la obra hablamos mucho de lo que nos pasa hoy como sociedad. De ciertos paradigmas que están nuevamente poniéndose en hegemonía, que creíamos que habíamos podido desarticular de alguna manera y al final parece que no. Yo no soy kirchnerista, pero hablo de un proceso donde el kirchnerismo habilitó otras construcciones, y toda la sociedad civil, fortalecida, había construido otro tipo de agenda, que ahora se está destruyendo por completo. La destrucción de lo simbólico. Yo siempre entendí que el macrismo iba a destruir todo lo simbólico, porque sabía que era eso lo que resultaba un avance, pero que no estaba resuelto. Por eso mi posición crítica con la izquierda, que no termina de entender los procesos históricos de los pueblos, los países y las sociedades. Estamos en un retroceso muy grande, y muy violento. Porque la derecha es violenta. Siempre lo fue y lo será. No hay otra forma de imponerse que la violencia, porque ¿cómo vamos a soportar ese pensamiento de derecha de concebir que hay personas “mas” y personas “menos”? La raza superior, la clase superior, la “meritocracia” ¡eso es violento, por dios! ¡Por San Pedro bailón!

 

 

Con esa reflexión sobre el contexto social que nos toca vivir hoy en día cerrábamos la entrevista. A nuestras espaldas un grupo de alumnos de la carrera de Teatro ha salido de clases y ensaya, lo que sospechamos, es algún ejercicio de la materia Técnica Vocal. La Paul Groussac es así, una irrupción teatral en la realidad del epicentro tucumano. Una irrupción como el teatro de Manojo en la sociedad que vivimos. No dejo de pensar en el recorrido teatral de nuestra entrevistada mientras abandonamos ese lugar: en su labor artística, en su rebeldía social, y en la lucidez de sus palabras a lo largo de este encuentro. Pienso que todo eso empezó ahí, en “La Groussac”, gracias a la carrera de Teatro. Y pienso también, con un poco de alivio, en qué bueno que Verónica se decidió por esa carrera y no por las otras cuatro a las que se había pre-inscripto. Creo que hoy podríamos, con mucho orgullo, decirle a esa profesora de economía que tenía razón, que su alumna es muy inteligente, y que por suerte- o quizás por apasionamiento- se dedicó al teatro.

 

 

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