ruben szuchumer

“Escandinavia” es un unipersonal en el que un actor está solo en un escenario despojado casi totalmente. Interpreta a un hombre que se encuentra en el velorio de otro, despidiéndolo; durante los últimos días previos a su muerte, no había hecho nada más que acompañarlo en el hospital, leyéndole una novela de supermercado, de esas de bolsillo.
Esta obra significó el retorno a la actuación de Rubén Szuchmacher, un reconocido hombre de teatro: actor, director, regisseur y docente de intensa actividad en las últimas décadas; creador del espacio ElKafka Teatro, lleva dirigidas alrededor de 50 puestas tanto en el país como en el extranjero. En Londres, por ejemplo, en el mismo El Globo, puso el clásico de William Shakespeare, “Enrique IV, segunda parte”. Pero también ha trabajado en la televisión y en el cine.
Szuchmacher no quiere hablar mucho sobre el estado de situación de las artes escénicas en el país, pero es consciente de que se están repitiendo fórmulas, según lo admite en una entrevista con LA GACETA.

- ¿De qué se trata “Escandinavia”?
- La obra juega con correrse un poco de la realidad y con cosas que no tienen nada de ella. Hay una tensión permanente entre la realidad y la ficción. Hay un tipo que en el hospital despidió a otro, leyéndole una novela que se llama “Escandinavia”, pero que en realidad no existe. El título de esta novela atraviesa toda la obra, es como un ordenador de las peripecias que se plantean, pero trabaja también como un objeto paralelo. El texto es de Lautaro Vilo. Con Lautaro tenemos una relación estrecha, de amigos, y siempre nos daba vueltas lo de hacer algo donde yo actuara. Fui paso a paso, leyendo y discutiendo lo que traía, construyendo, en la medida que la dirección es conjunta. Como actor, soy muy obediente; me gusta ser dirigido. Es un grotesco argentino.
- Significó tu regreso al rol de actor, algo que no hacías desde “Cine Quirúrgico”.
- Sí, hace mucho que no actuaba, y necesitaba sentir ese vértigo, donde no existe el “corten”. Trabajé sobre el dolor, en una situación muy particular para mí, porque venía con algunas pérdidas personales. De todos modos, mi actuación no significó una descarga; el espectáculo no tiene el objetivo de ser testimonial. Pero sí, a través de la obra intenté superar algunos problemas, porque la obra es una manera de colocarme ante ellos; la obra juega con un personaje que podría ser yo; el protagonista es un director de teatro, es alguien que despide a su hombre; parezco yo, pero no soy.
- Dijiste en una nota que “Escandinavia” te había cambiado.
- Sí, porque en definitiva tiene que ocurrir eso. El arte tiene la capacidad de transformar la vida de uno. El arte, si no transforma, no sirve para nada. Lo artístico debe generar alguna modificación, no como el entretenimiento, que consolida lo ya existente.
- ¿Tenés un método?
- No, porque creo que los métodos cierran posibilidades. Sí tengo una técnica, que no implica un método, sino una manera de abordar el texto, porque dejo que el lenguaje, que el material me hable para trabajar.
- ¿Qué exigís a tus actores?
- Comprensión e inteligencia, lo cual parece muy simple. Desde ya que descuento que sean talentos y actores, y que conozcan su oficio.
- ¿Cómo elegís los textos?
- Un texto me interesa si me plantea un problema que no conozco, caso contrario, lo dejo pasar. Eso que no conozco es como que me da un golpe de adrenalina, es como un motor que me sirve para la búsqueda.
- ¿Teatro off, oficial o comercial ?
- Lo artístico entra y sale como el padre de Hamlet y no importa el lugar. Esta clasificación se plantea como un prejuicio, porque a veces hay mucho teatro en el comercial más que en el independiente. Insisto, lo artístico aparece y desaparece, producto de factores muy complejos.

Fuente: www.lagaceta.com.ar

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