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Rosa Beatriz Ávila, más conocida como Rosita Ávila, es una reconocida actriz tucumana que a sus 82 años de edad sigue maravillando al público tucumano con su actuación y personalidad. El universo teatral despertó su interés desde niña, cuando iba de la mano de su mamá a ver diferentes obras de teatro. Empezó su carrera a los 17 años y no paró hasta hoy. Es referente del teatro independiente tucumano y supo llevar su carrera con ética y compromiso.

La casa de Rosita cuenta su propia historia, entrar es sumergirse en un sinfín de recuerdos que acompañan las palabras de su anfitriona.

CPQV: En su vida hizo muchos personajes, ¿Cuál fue el más emblemático?
Todos. Los quiero mucho a todos pero sobre todo “la María” por supuesto, que son los textos de Oscar Quiroga, la Pachamama de Carlos Alsina, son textos que a mí me golpean mucho.

CPQV: ¿Siente que el público tucumano es agradecido con usted?
Mucho. Yo tengo un amigo que es policía municipal y siempre que salgo a la calle y me ve me grita “¡Adiós María!”. El público me reconoce, me quiere…bueno, son muchos años. Yo tenía 17 cuando empecé con Raúl Serrano ahí en los bajos de La Peña El Cardón, y desde ahí seguí hasta hoy: hice teatro en la calle con Nora Castaldo, en televisión con Rogelio Parolo que me vio en el teatro y el decidió que hiciéramos unos cortos todos los sábados al mediodía en la tele.

CPQV: ¿Qué siente que le dio el teatro?
Mucho. A veces me siento como el vestuario de Arlequín con los parches de todo un poco, de los personajes, de Antígona, de las miradas y la profundidad que uno ha pescado y que te va vistiendo, porque uno está desnudo pero todo eso se va adhiriendo y creo que tengo una mezcla de un poco de todo.

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CPQV:¿Qué diferencia ve entre ese teatro independiente de Nuestro Teatro y el teatro independiente de hoy?
Lo nuestro era una especie de escuela de teatro, tanto es que todos, mujeres y varones empezábamos enderezando los clavos que sacábamos porque no había plata para comprar más y hacíamos todo, desde coser la ropa, limpiar la sala, los baños, eso era un trabajo artesanal de amor porque sólo así se logró la mística de lo que era Nuestro Teatro. Ahora me da la impresión de que todo es rápido, light, por ahí es la urgencia juvenil pero hay que ir al fondo de las cosas y profundizar todo, así las cosas se hacen mejor. Te cuento, cuando yo volví la primera vez de Francia, mi amigo Oscar me dice “¿Negra, qué te parece si hacemos Madre Coraje de Brecht?”. Nos pusimos a estudiar, dos años, estudiando Brecht, estudiando y entendiendo el texto, e incluso teníamos que construir una carreta y viajamos a Simoca para que las armen y nos vinimos con la carreta de allá para acá.

CPQV: ¿Y el público asistía más a las salas?
Esta obra se hizo en el San Martin así que sí hubo mucho público, pero ahora van cuando es gratis…la mala costumbre de no pagar el teatro.

CPQV: ¿Cómo surge la idea de abrir su casa para que se realicen actividades culturales?
Siempre, muy de vez en cuando hemos hecho algo acá. Por ejemplo hace poco también se hizo un espectáculo de tango, también hicimos algunas cosas con mi querido amigo Rodolfo Pacheco. Y el otro día conversando con Alejandro, le dije que si quería hacer algo aquí me avise. Y de ahí me empezó a madurar la idea… y si aquí ha sido “Nuestro Teatro”. Y ahora se da la casualidad de que va a estar Alejandro el viernes y sábado con “Caserón de Tejas”, y en marzo vamos a hacer una obra muy intimista con Juan Tríbulo.

CPQV: ¿Usted actúa también?
No, yo sólo en la performance con Máximo Gómez, aquí en el estudio, creo que a mediados de este mes. Mirá vos, a mis 82 años voy a hacer una “performance”, como le llaman los jóvenes. Según Máximo, lo que él quiere destacar es mi condición de dignidad humana frente al trabajo y frente a la gente.

Cecilia Sandoval.

Fotos: Gastón Guirao.

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