El regreso era una deuda pendiente. Había pasado mucho tiempo desde la última visita de Perotá Chingó por Tucumán. Su paso fugaz por la provincia nos había dejado un cúmulo de canciones que luego formarían parte de su primer trabajo discográfico; y con ese recuerdo quedamos esperando su retorno.

Por fortuna, el grupo conformado por Dolores Aguirre, Julia Ortiz, Martín Dacosta y Ezequiel Borra decidió presentarse nuevamente el pasado sábado 12 de noviembre. Esta vez, el encuentro fue en el Teatro Alberdi. Todo estaba listo. Cinco plantas del teatro que poco a poco se fueron colmando. El escenario con sus banderines, sus luces, sus colores, y los instrumentos expectantes a ser tocados. Ya no habían almohadones en el piso y no estábamos sentados uno pegado del otro como aquella vez en Casa Managua, pero eso no hizo falta para poder sentir esa cercanía tan propia de las presentaciones de Perotá Chingó. Todo auspiciaba que el concierto se trataba de un verdadero e íntimo reencuentro.

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Inauguraron el repertorio con una brillante interpretación de Derecho de Nacimiento, de Natalia Laufourcade, seguida de una canción nueva. Las interpretaciones de Perotá Chingó tomaban distintos pasajes. Muchos de ellos capaces de generar una escucha y un silencio lo suficientemente intensos para que la melodia se abra paso libremente.

Así la noche emprendía viaje por los distintos folclores y rincones musicales de nuestra Latinoamérica. Diversos ritmos y estilos estaban presentes en las composiciones; y sujetos a la apropiación y reinvención de sus nuevas formas musicales. Venían con ellos voces energéticas,  mixturas, viajes, aires de celebración, de exploración y de intercambio. El dialogo con el público también fue una constante durante el concierto, y por supuesto, las declaraciones de amor por parte del público.

La Copla junto el Vals de la Quebrada, canciones que vienen agarradas de la mano, fueron las que se llevaron el aplauso eterno. Luego nos enteramos que ambas realmente habían nacido juntas, en Amaicha, no muy lejos de donde estábamos.

Había lugar dentro de la lista de temas para aquellas canciones sin respaldo técnico. Entre esas piezas sin intermediarios, Tonada de Luna Llena, en la que se apreciaron las voces de Lola y Juli, acompañadas del violín de Eugenia Haro, artista tucumana. Eugenia también acompaño otras dos composiciones en la noche.

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Otros temas que tuvieron sus momentos correspondientes a su primer álbum fueron Rie Chinito, y su inverso Otinich Eir, La Complicidad de Cultura Profética y Seres Extraños. También, y no menos importante, una gran variedad de canciones escuchadas quizás por primera vez por el público tucumano, como producto de nuevas exploraciones de la banda que prometen llegar materialmente el año que viene.

Cuando ya se anunciaba el final, la mayoría de los espectadores ya estábamos de pie. Se vinieron Ines e Inca Yuyo para retirarse de la misma forma que ingresaron, cantando entonadito Linda Flor.

 

 

Por Elena Nicolay

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