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Por: Tatiana Lujan Valdez

Fotografías: Luciano Billone

 

 

Ir a ver “Pedro Sánchez y las Pelonas…” no es ir a ver una obra teatral, es ir a tener una experiencia. Esta obra no se ve, se escucha, se come, se baila, se respira, se siente…

Unx se encuentra en escena con tres actrices y un muñeco, entre los que es imposible ignorar tanto deseo de actuación en esas actrices que hacen todo para compartir con el espectador y construir el teatro junto a ellos. Cecilia Rosales, Sandra Pérez Luna y Tita Montolfo juegan -con su PedroSanchezmuñeco- a deconstruir el teatro hegemónico de representación al que la historia nos tiene acostumbrados.

Cuerpos deseantes, cuerpos rotos, deconstruidos, femeninos, hablando de nosotras, las mujeres. Eso es esta obra. Cuerpos deseando con su energía ser vistos. Rotos, como los cuerpos descuartizados que aparecen arrojados por ahí en una bolsa de consorcio, prácticamente todos los días. Deconstruyendo toda idea de obra teatral con la que hayamos podido llegar a ese lugar. Tan femeninos que se rebelan a gritos a esa imagen de la mujer que responde a los cánones socialmente preestablecidos como LA IMAGEN FEMENINA. Tres actrices, una directora y una asistente que hablan de nosotras, de ellas, de cada una de las que – amordazadas por este sistema que no deja de oprimirnos- intentamos por todos los medios liberarnos de los mandatos del padre, del marido… del patriarcado.

Las Pelonas son mujeres rebelándose a la idea que concibe el deseo femenino como estructurado a través del deseo patriarcal sobre sus cuerpos. Son actrices en lucha, contra “la belleza” como eje de la construcción social y política; contra la pareja heteronormativa como único modelo o modelo predilecto de organización de la sociedad; contra la violencia vigente hacia la autonomía reproductiva de la mujer, y sobre todo a la autonomía de su deseo sexual. En tiempos donde la lucha feminista se encuentra tan vigente, y por eso mismo también corre el riesgo de ser banalizada y hasta “puesta de moda” irónicamente por sectores que intentan desacreditar a la misma, la postura de esta obra no es menor.

Pero además, Pedro y Las Pelonas es una invitación a vivir el teatro, a disfrutar la actuación, a hacer un recorrido sobre las estructuras de uno mismo, como sujeto social y como espectador. Esta obra es rebelde por donde se la mire, fiel a la identidad de Manojo de Calles. Porque unx llega ahí, buscando ver una obra, y de repente se encuentra como espectadxr tan estimulado por esas roturas escénicas y por esos cuerpos des-alienados, que puede sentir en su interior cómo se van rompiendo todas las estructuras que viene cargando. Estructuras del teatro, de la sociedad, del sistema. Y se alivia. Pega un grito interno junto a esas voces que en escena no paran de hablar, de cantar, de jugar, de estar… Risas, gritos, llantos, cuerpos y más cuerpos. Por momento pareciera un exceso, pero no. El exceso está en la vida, en la violencia, en el hambre, en la pobreza, en las pibas que se nos van todos los días, asesinadas… Y si aún gritando en la calle, y si aún gritando en la casa, en nuestros trabajos, en la cara del vecino, la realidad no cambia, -pienso- no nos queda más que el teatro. El único lugar donde la vida es otra cosa. Y es real, por más mentiroso que sea. Por que ese teatro que construye Manojo, donde se le hace una ofrenda a un muerto, paradójicamente es el teatro mas vivo que se puede percibir. Y unx sale de allí con ganas de gritar, de actuar, de tomarse un trago, y de demostrarle al mundo, como sea, como pueda, que no todo está perdido.

 

“Pedro Sanchez y Las Pelonas, o exvotos al teatro”. Todos los sábados de mayo, a las 22hs, en La Sodería (Juan Pose 1141).

 

 

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