“No sé si es mejor arder que durar”

 

    Por Tatiana Lujan Valdez//Fotografía: Paula Ene

 

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Paco Giménez es actor, director y maestro de teatro, nacido en Cruz del Eje, Córdoba. Es además uno de los referentes más grandes del teatro independiente a nivel nacional, pues fundó su grupo de teatro La Cochera, y su propia sala de teatro, bautizada con el mismo nombre, en la ciudad de córdoba. Porque sí, en ese espacio de la casa donde por lo general guardamos un vehículo o esos objetos en desuso que siempre prometemos restaurar para volver a usar, Paco decidió dar lugar a un nido creativo, donde nacieron muchísimas obras teatrales reconocidas por su valor artístico tanto a nivel nacional como internacional. El Teatro de La Cochera, su lugar.

Con una gran trayectoria como director a cuestas Paco fue invitado a nuestra ciudad norteña, de la mano de ULMUS (proyecto de autogestión cultural), para brindar un seminario intensivo a los artistas tucumanos, sobre su forma de ver el teatro y trabajar en el mismo. Entrevistarlo entonces resultaba innegable. Luego del primer día de seminario, y a pesar de tener una agenda muy agitada, Paco nos brindó un espacio, donde pudimos compartir un café y escucharlo hablar con esa tonada cordobesa tan característica y disfrutable.

 

Colirio Pa Que Vean: Paco, sos actor y director de una prolífica actividad teatral ¿En qué rol te sentís más cómodo, en el de director o en el de actor? ¿Por qué?

Paco Giménez: Como director he juntado mucha experiencia. Como actor tengo talento para la actuación pero no tengo entrenamiento de actor, no lo practico. No lo hago con continuidad. Sé que tengo talento, eso sí lo reconozco, y me lo piden aparte. Pero no me dispongo a eso porque generalmente estoy en proyectos donde tengo que hacer de director.

 

CPQV: ¿Y por qué elegiste la creación colectiva como forma de hacer teatro?

PG: Cuando yo empecé en el año 69, en la Escuela de Artes de la Universidad de Córdoba, era el año del Cordobazo, un movimiento muy revolucionario dentro de Córdoba… bueno el país estaba convulsionado en esa época… y justo la profesora que me tocó ese primer año seguía la línea de la creación colectiva, que se había iniciado en Colombia. Esa era su apuesta para ese año, el ’69, hacernos trabajar sobre la creación colectiva. Y quedé marcado yo, que no había hecho nunca teatro, ni había visto teatro, así como cuando uno queda marcado por la primera vez.

 

CPQV: ¿Durante el tiempo que estuviste en México también hiciste creación colectiva?

PG: Es que en realidad lo que yo hago es un trabajo colectivo. Yo no diría creación colectiva en sí, donde no hay director. Porque yo acá generalmente tengo la idea, ofrezco el material, los actores crean, pero luego yo organizo todo y soy el que termina diseñando el espectáculo. No es lo mismo que en aquella época, donde no había director y era el grupo el que terminaba decidiendo el destino del espectáculo, el formato… Acá soy yo el que decide, no por autoridad sino porque es el lugar donde me han puesto los demás, me han elegido. Confían en eso, en cómo miro, cómo compongo. Entonces siempre esperan que haga yo esa parte, por más que cualquiera de ellos también sea capaz. Pero no sé por qué en este tiempo no ha surgido ninguno, por lo menos en el teatro de La Cochera.

 

CPQV: Vos sos docente dentro de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba ¿Cómo haces para hacer convivir tu manera de hacer teatro con el rol docente dentro de la institución?

PG: En realidad es fácil porque en el teatro La cochera, salvo un curso que tengo semanal, no tengo alumnos. No tengo una práctica escolar digamos dentro del teatro de La Cochera. Es así excepcional que yo venga y dé un curso, no lo hago con frecuencia. Y eso que me piden mucho, pero no, no lo hago. Y en la facultad yo tengo como sesenta o setenta alumnos, que sé que los veo un año y al otro año ya no los veo más. Y esa es una circunstancia muy distinta a lo que yo hago en La Cochera, porque ahí los chicos están dos, tres años, después hacen un espectáculo, se quedan y seguimos así, toda la vida, en un grupo.

 

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CPQV: Anteriormente me comentabas que vos notabas en este tiempo, en los más jóvenes, la necesidad de formar parte de un grupo. ¿Crees que eso tenga que ver con el momento social que venimos viviendo?

PG: Puede ser. Creo que es natural de que las personas queramos estar con otras personas, tener una pertenencia a algo. No sé si sea natural, pero por lo menos es frecuente. Uno se contagia, y quiere seguir acompañado de otro. En todo caso lo que se dio como algo no tan natural es querer estar solo. Digamos que el ego, la vanidad, la necesidad económica hace que no quieras producir con mucha gente porque no ganas dinero. O porque no querés hacer un trabajo de paciencia, de entendimiento. Puede ser por eso. Pero sí, los que se van acercando a La Cochera les gusta pertenecer a un grupo, no se por cuánto tiempo será… Ahora hay algunos que apenas llevan tres años, los últimos que se han acercado a La Cochera. Pero tengo un grupo de hace diecisiete, y otro de hace treinta años. O sea que sé lo que es la duración en un grupo. Y a la vez yo no insisto, porque “no sé si es mejor arder que durar”, como dice el dicho. No sé si es mejor que se acabe, estar un tiempo, beneficiarse… tener ganancia, no de dinero, sino de experiencia, y después irse para otro lado y hacer otra cosa. No sé si es mejor eso a que insistir con la misma gente. A mí se me ha dado así. Yo sigo con los mismos y no quiero dejarlos. Ni ellos me quieren dejar a mí.

 

CPQV: ¿Están produciendo actualmente con La Cochera?

PG: Sí, estamos dando funciones con una obra que se llama “No se olviden de Sarah”, que es sobre Sarah Bernhardt, la actriz francesa de la Belle Èpoque, en la que la exhumamos en La Cochera. Por supuesto es una fantasía, pero ella sale del ataúd, porque además ella tenía un ataúd en su casa, en el cual ella descansaba, eso es de verdad. O sea que no ocupó solamente un ataúd cuando se murió sino también mientras estaba viva. Y fue una mujer que tuvo vicisitudes muy tremendas en su vida y sin embargo salió adelante, muy fuerte, muy persistente; alguien fuera de serie dentro del teatro francés.

Después otro sobre el vínculo varón-mujer que hoy está tan en crisis. El machismo y todo eso. Yo lo hago hablar mucho al varón, para ver qué lo mueve, o cómo se siente. Cosa que generalmente no tiene espacio, porque generalmente se escucha más a la víctima, que es la que sufre verdaderamente las consecuencias. Pero este espectáculo está muy centrado en lo que le acontece al hombre, dentro de sus esquemas y de los valores que hoy en día ya están extinguidos. Se llama “Burlesque sentimental” ese espectáculo.

Luego tenemos otro, que es muy popular y muy cordobés, que se llama “Montando al Negro Iriarte”. Porque el Negro Iriarte fue en la década de los setenta y los ochenta alguien que convocó a muchísima gente, porque se animó a crear un teatro típicamente cordobés, costumbrista, sin avergonzarse de la tonada y de todo lo demás. Antes era muy mal visto todo lo que era cordobés, y el tuvo mucha convocatoria de público, logró lo que no logró nunca el teatro independiente que es llevar mucha gente al teatro. Entonces hice un mix de varias obras de él, y lo cruzamos con la estética de La Cochera, que no tiene nada que ver con la de él. Y salió un espectáculo que está teniendo mucha convocatoria también.

Y estoy preparando otra sobre Pier Paolo Pasolini, sobre sus materiales poéticos y dramáticos. Eso va a ser para Junio, con alumnos salidos de la universidad.

 

CPQV: En 2011 dirigiste “Lo último que se puede esperar”, obra que tenía como temática el fin del mundo. Si este año fuera el fin del mundo para nosotros, ¿qué es lo último que podrías esperar del teatro?

PG: En realidad dejaría de hacer teatro si fuera el fin del mundo (ríe). Si supiera que va a ser el fin del mundo haría otra cosa. Me dedicaría a relacionarme con gente que siempre he querido y nunca pude hacerlo, sería más atrevido, le confesaría mi amor a mucha gente que no le confesé. (Ríe nuevamente).

 

Con la picardía de esa anterior respuesta Paco bebe su último sorbo de café. Hemos venido a este bar a cobijarnos del frío y la lluvia tucumana que acompañaron su llegada a la ciudad. Hemos hablado y reído, y nos ha confesado que él es director porque a su parecer la primera vez le salió bien, y entonces lo siguió haciendo. Reconoce que la gente lo llama para que él dirija, pero lo que él siempre quiso –dice- fue actuar y cantar. Y si, porque muchas veces se puede elegir hacer teatro, pero muchas otras también pareciera que el teatro lo elige a uno. Este es, sin duda, es el caso de Paco Giménez.

 

 

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