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Las escenas artísticas conviven en menor o mayor mixtura en la ciudad. Así fue que caminando los recitales un día me encontré con el director de la revista La Imberbe. Un miércoles en Bigotes me esperaba Mario Tapia para charlar y compartir un par de birras

Colirio Pa Que Vean: Para empezar, háblanos un poco sobre la revista…

Mario Tapia: La revista nace en diciembre del año 2008, y tiene hasta la fecha 21 ediciones. Siempre la idea fue hacer una revista de música, como espacio para difusión de músicos. Además, intenta vincular las diferentes escenas artísticas como la literatura, plásticas y teatro…

CPQV: ¿Qué otras publicaciones del rubro existían cuando salió la revista?

MT: Había programas de radio, en Rock ‘n’ Pop, por ejemplo. También estaba el suplemento 4am. de La Gaceta, de Facundo Pereyra. Una vez le acerqué una revista hasta la redacción del diario. Salía todos los jueves, tenían una regularidad increíble.

CPQV: ¿‘La Imberbe’ abarca sólo música regional?

MT: La idea de ‘La Imberbe’ es esa: mostrar artistas locales en primer lugar, y después artistas de la región. Eso se dio con el tiempo, pero ahora vamos a volver a concentrarnos en los artistas locales. Seguir incluyendo artistas de la región es demasiado para una revista tan chica. Siempre fue esa la idea. Habría que revisar que ha sido del 4am. Como para hacer una referencia en cuanto al contenido. Creo que ellos eran mucho más abiertos.

CPQV: 4am tenía el beneficio de ser producido por un diario…

MT: Sí, claro. Había una circulación mucho más ‘piola’… Siempre fui como muy ingenuo en ese sentido, nunca entendí cómo el contenido podría llegar a bancar una publicación, o de qué manera el contenido puede ser un modo de recaudar algo de fondos para sostener un medio. A esa parte medio que la que toco muy de oído…

CPQV: ¿Estás trabajando en la edición número 22?

MT: Está en proyecto desde abril del 2015, pero viene muy lento. Eso tiene que ver con mi colgadez. Además por cosas de la vida, siempre sucede algo que hace que se postergue.

Una de las cosas que más le molestaba de los músicos locales era ver que casi no tenían vínculo con las otras escenas: “para mí, por ejemplo, el teatro tucumano es muy bueno”.

Habría que consultar bien, no quiero decir que sean todos, pero creo que son muy pocos los músicos que van al teatro. De hecho, Maxi Farber es actor y director de teatro, tenía su banda, sacaron discos, editó libros. Tiene 4 discos que grabó en su casa con una Tascam. Él sería una de las pequeñas excepciones donde el músico se vincula al teatro. No los veo, a los músicos, en una exposición de pinturas o esculturas, que para mí es una buena fuente para seguir creciendo artísticamente. Nunca se ha concebido ese deseo de vincular.

CPQV: ¿Consideras que las escenas de Tucumán son un poco herméticas?

MT: La realidad es que solo es cuestión de acercarse y hablar, y nada más. Si de verdad estás interesado, lo vas a hacer. Si tienes ganas de conocer a alguien, vas y te acercas, tiene que ver con querer crecer artísticamente y entablar relaciones de amistad. Me parece que se podría musicalizar teatro independiente con música tucumana. Podría pasar, pero ninguno se acerca a ninguno, como si las escenas artísticas fueran islas. No quiero decir que estén peleados. Cada uno se mueve en su grupo, pero he visto pocos actores o escritores o artistas visuales en recitales, por ejemplo, y la idea de ‘La Imberbe’ es vincular.

 CPQV: ¿Sos el editor y todo cae en tus manos?

MT: Sí, todo pasa por mi censura (Risas). También el diseño, aunque no debería. La revista existe como tal porque en mi familia hay una imprenta, y depende de mis ganas y la posibilidad de hacerlo: pagar una edición hoy está costando entre 4.000 y 5.000 pesos. Si tuvieran una radio, yo estaría haciendo radio.

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CPQV: ¿De dónde viene el nombre de ‘La Imberbe’?

MT: En realidad, los músicos para mí son unos ‘imberbes’, sin ser peyorativo: la palabra suena como un insulto, pero no lo es; es genial, y tiene mucha fuerza, y puede ir para lo bueno y lo malo, según cómo y cuándo se diga. “Estos imberbes…”, refiere al joven niño pre-adolescente que no desarrolló barba. Creo que el rock tucumano está en ese momento, como cuando nació la revista. Después, estaba el tema del artículo, de la primera palabra. Una amiga sugirió que sea ‘La’, y lo hace más suave. Concretamente no existe la mujer imberbe, es masculino.

Dice que la misma revista, la idea de la música, la difusión y de hacer cosas fueron cambiando: en un primer momento, era mucho más fuerte, y el sonido en vivo era bastante precario. Las grabaciones siempre se han mantenido parecidas. Yo no sé diferenciar una grabación profesional de otra, y tampoco soy idóneo para evaluar detalles técnicos. No sé de guitarras, ni de sonido. Pero venía una banda de afuera y sacaba los instrumentos y brillaban. Si vos traes bandas de Córdoba, Buenos Aires o Rosario, que están viniendo pocas, te das cuenta que es otra cosa desde que los ves. Suenan con la misma consola, micrófonos, líneas etc. y es otra cosa. Igual había una cuestión de un estilo muy amateur. Hoy no puedo entender cómo es que una banda no tenga sonidista: Karma Sudaca, Volstead y Rolo y los Fucking Adictos tienen sonidista…son contados. Para mí, el sonidista es como un miembro más de la banda. Tuve una experiencia decisiva en un Amaicha Reggae. Ahí tocaban 6 bandas y cerraba Armando Flores. Las bandas venían sonando muy mal: acoples, no sonaban, iban desparejos, era un caos. ‘Ají’ (Juan Rivarola, bajo y voz) andaba dando vueltas y le digo: “¿Cómo vas a hacer para que todo esto suene bien?”, y me dice: -“ya vas a ver qué va a sonar bien”-. Después me entero que era ‘re capo’ en sonido y sabía manejar esa consola. Era sólo eso, y sonaron muy bien. Además, las bandas deben trabajar más en materia de difusión, contar con un manager… algunos creen que eso no hace falta, porque entienden que ‘Tucumán es chico’, pero para mí es necesario.

CPQV: ¿Y qué lugar viene a ocupar ‘La Imberbe’?

MT: Y ‘La Imberbe’ es parecida a los músicos: yo no sé escribir una nota, no sé hacer una entrevista. Muchas veces me he cuestionado por qué no todos los músicos estudian música, y me terminé preguntando a mí mismo por qué no estudio Comunicación; soy igual que ellos. Uno de los cambios importantes que tengo en mente es que yo deje de escribir. Buscar a alguien que haya estudiado eso por cinco años y pagarle por hacer una nota. Veo bien la parte artística, y de exploración o investigación, so hace a la identidad del producto. Pero los principales medios en sus notas son concretos, van a los bifes. Uno por ser muy artístico no piensa en eso y cree que lo van a interpretar. La gente consume cosas concretas, básicas y piolas. Además, hay que pensar a qué público está dirigida la publicación. El público quiere algo concreto y al músico le sirve ese público. No sirve el público que se cuelga con una nota pensando en “qué bueno que estaba, que colgado”. Ahora se busca leer un título y ya saber todo. No les interesa la historia completa de la banda. La forma de escribir te lleva a otro público, y si es masivo se puede comenzar a vender publicidad y va cerrando el círculo. Se genera un producto más serio. Ya pasó la etapa bohemia, no va más. No sirve. No le sirve al músico tampoco. Prefiero esas entrevista de tres preguntas concretas a las entrevistas que yo hago.

CPQV: ¿Qué opinas de las bandas que no graban en un formato físico?

 MT: Desde hace un tiempo que vengo viendo que cuando se pone de excusa no tener plata en realidad es no querer hacerlo o no tener ganas. Si te pones a ver, grabar un disco te puede llegar a salir 25.000 pesos, de los que grabar te lleva hasta 15.000. Una banda es un proyecto, y tenés que saber qué hacer con eso. Armar un disco tarda unos dos o tres años, y entre –por ejemplo- 4 personas se puede juntar 20 lucas en esa lapso. Si te lo proponés, lo conseguís. Un recital bien armado te puede dejar buenas ganancias. Ojo, entiendo que es difícil, casi nadie se puede dar el lujo de abandonar todo y dedicarse a la música.

CPQV: Además, muchos músicos no manejan, por ejemplo, la información sobre registros y derechos de autor…

MT: Tengo una lectura particular sobre eso. Resulta que uno es ‘rebelde’ por no registrar su canción. A eso se suma también una burocracia muy cruel en Sadaic Tucumán. A mí me hubiera encantado registrar canciones, no canciones mías. Aquí tardas 2 o 3 meses en hacer el trámite pero en Buenos Aires dura dos días. Registrar una canción te puede generar una especie de devolución económica. Los lugares pagan Sadaic. Todo el mundo paga, por el sencillo hecho de que el inspector de Sadaic va a comisión. Entonces cae a todos lados, más lugares más comisión. El músico que no tiene registrada su canción no puede ir a reclamar y termina siendo un negocio redondo para ellos. Cobran y nadie reclama. En una charla de UMI, nos enteramos que Sadaic recauda millones de pesos por año. Hay una parte donde nadie se declara dueño de esa guita. Así terminas entendiendo porque Sadaic se mueve así en las provincias, no tanto así en Buenos Aires. El músico de allá es distinto.

 

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CPQV: ¿Hay bandas que trabajen mejor en ese sentido?

 MT: La banda que cobra para tocar es la que mejor se mueve y lleva más público. Por decirte una, Alem me parece que siempre que toca cobra. Mano e Mono, La Banda del Río Salí, también. Karma Sudaca fue la que mejor la hizo, también Rolo… Los que apuestan a ganar más hacen las cosas de otra manera. Hay que ver en qué tipo de categoría de músico rebelde no se hacen esos trámites.

CPQV: ¿Qué música estás escuchando?

 MT: Con el transcurso de la revista, me toco escuchar muchas bandas locales, todo el tiempo. Hoy estoy escuchando una banda alemana viejísima y que no tiene que ver con nada, me desconecté mucho del rock local. Me gustó El Estúpido Martes Sangriento, Yarbos… Estación Experimental me gusta desde siempre. Tienen un buen producto y deberían estar haciendo otra cosa con eso. Alem también me gusta mucho, los pondría en un plano nacional. Luciana Tagliapietra me gusta muchísimo; de Salta me gusta Bort; de Santiago del Estero está buena la parte indie: Tus Monitores, Aviones de papel y el disco anterior de Yamil Val Espacio; La Yugular, en Jujuy…

CPQV: ¿Qué les recomendarías a las bandas locales?

MT: Las bandas tienen que tener un sonidista como un integrante más. Eso es algo impostergable. En los festivales tiene que ir cada banda con su sonidista. Cuando al sonidista del evento le sube una banda, él no tiene por qué saber cómo tiene que sonar. Puede haberla escuchado en los discos pero no sabe cómo tiene que sonar. Y normalmente no suenan bien. Tienen que tener una manager. No hay peor manager que el mismo músico porque siempre cree que hace la mejor canción del mundo, y está bueno que pase, pero no va a ser muy objetivo a la hora de tener que venderla cuando se anime a hacerlo.

 CPQV: ¿El público responde mejor ante esos casos?

 MT: Me pongo en el lugar del público, porque fui y sigo siendo público. Pago por lo que me gusta ir a ver. Creo que va por ahí. Si alguien intentar entrar sin pagar la entrada quiere decir que no le interesa y debe querer entrar por otros motivos. Con la revista pasa lo mismo. Hoy cuesta 20 pesos, y si no consigo un público real que la compre quiere decir que la revista está haciendo algo mal. Si no produce ventas quiere decir que algo está fallando y no que el público sea medio llorón.

CPQV: ¿Trabajas con los estudios de grabación?

MT: Hay buenos estudios aquí, se están preparando muy bien. ‘Estudio Rojo’ de Tafí, por ejemplo. Desde la revista tenemos que relacionarnos mejor con los estudios, ya que todas las bandas van a parar ahí: si quisiera saber que está haciendo cada banda, en lugar de hablar con ellos me acerco al estudio. Skaraway tienen su estudio propio también, ya estuvo Daniel Diosque, de Los Guayaberos, por ahí, bandas amigas de ellos ya están grabando ahí también…

CPQV: ¿Qué opinás sobre el rol de las radios locales?

MT: Las radios podrían ayudar con la difusión, pero la verdad es que no están bien aprovechados los espacios. Se apela al chiste fácil, hablar de la familia o los amigos, la anécdota graciosa. No podés hacer un programa sin un mango, ya que para hacerlo necesitas gente que labure de onda, y la gente que labura de onda te dura 2 o 3 programas y nada más. Si no tenés producción, los programas terminan muy chatos y eso no sé si le sirve a alguien. Si tus programas duran dos horas, o más, todos los días, necesitas sí o sí una producción. Acá todo es como muy amateur. Los que hacen radio están laburando: si no te pagan, caes en un paracaídas 5 minutos antes de salir al aire o 10 minutos después.

 CPQV: ¿Cambió mucho el rock en Tucumán?

MT: Las bandas de los ‘90 y hasta antes de Cromañón llenaban los lugares de gente: Karma llenaba la Caja Popular, Rolo y Volstead eran más convocantes… las bandas hacían fechas y cortaban entradas. En esos tiempos vos contratabas el local y la barra era de la banda, es la mina de oro. Ahora ya no te dan más las barras. Cuestiones como la tragedia de Cromañón y la desaparición de Paulina Lebbos (NdeR: que motivó la ya revocada ley de las 4am) determinaron que Tucumán sea un lugar difícil para los músicos. Sin embargo, el rock local sigue vivo. Tiene una energía y un instinto de supervivencia que hace que se banque lo que sea.

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