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Por Santiago Sibaja Ruggeri 

Cada capítulo de “La religión de los Dioses” (culiquitaca, 2015) nos presenta un personaje o un suceso de su existir, y la deconstrucción de cada uno sirve de hilo conductor a lo largo de la primera novela de Santiago Garmendia. Cada una de esas historias tienen lugar en el mismo Tucumán que habitamos, y narra hechos que podrían ser reales y pasarle al mismísimo lector de esta novela filosófica – policial, aunque “basado en una historia real no puede ser dicho en un libro”, como afirma el autor.

A Salvador Madariaga “lo mataron justo antes de que se muera”, por lo que su muerte significa un verdadera enigma para sus –pocos- amigos, familiares, y para Ana, su alumna en la cátedra de Filosofía Moderna en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, a quien saludó a las 8.30 de un 4 de abril en el pasillo de dicho establecimiento educativo antes de caer fulminado.

El cigarrillo, el alcohol y la soledad parecían ser quienes terminarían con la vida del profesor asesinado antes de ingresar a su última clase antes de jubilarse, poco después de cumplir sus 70 años. Ni su segunda esposa, sus hijos o sus colegas entendieron por qué alguien decidió terminar con la vida de este hombre que caminaba rumbo a su retiro en silencio.

Las historias y personajes son tan autóctonos y cercanos como las largas jornadas familiares de domingo con abundantes comilonas que describe Garmendia, o los casos sin resolver por las fuerzas de seguridad provinciales. Una inesperada mirada hacia tiempos más oscuros termina por develar porqué mataron al hombre que se iba a morir de todas formas. El existencialismo propio de un profesor de Filosofía como el autor o el mismo Madariaga atraviesa las páginas de esta novela policial que oscila entre la ficción y la realidad, y es de ágil lectura, ideal para el letargo del verano tucumano.

 

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