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Luego de realizar numerosos guiones de la mano de Pablo Trapero y dirigir el largometraje El Estudiante, Santiago Mitre sigue construyendo su trayectoria dentro del sector cinematográfico nacional y se consolida, una vez más, como uno de los directores de proyección nacional e internacional más destacados. Su última película, La Patota protagonizada por Dolores Fonzi, se estrenó por primera vez en Cannes obteniendo el premio de Mejor Película en la Semaine de la Critique. Se trata de una remake basada en la película de Daniel Tynare (1960) la cual contaba con la actuación de Mirtha Legrand, una historia que, muy audaz para la época, ponía en sobre la mesa temas como la violación sexual, pero también, las diferencias sociales, las ideas morales y el perdón trabajado desde un trasfondo religioso.

Más de 50 años después, la adaptación de Santiago Mitre junto Mariano Llinás, desarrolla planteos y contextos similares pero abordando una perspectiva social. Paulina, es una abogada con una carrera prometedora que decide abandonar sus estudios doctorales y sus funciones dentro del derecho, para dedicarse al trabajo social, incorporándose a un programa educativo como maestra en un pueblo de Misiones. Sin ir más lejos, la primera escena de esta película nos resulta elemental. Un plano secuencia de aproximadamente nueve minutos presenta un diálogo de padre e hija mediante el cual se pone al descubierto una clara oposición de los pensamientos de cada uno de los personajes. Por un lado, la personalidad de Paulina, una joven con una enfática concepción del mundo y de justicia social, que se mantendrá firme en cada una de sus decisiones a lo largo del filme; y por otra parte, el padre de Paulina, interpretado por Oscar Martínez, un juez con grandes expectativas para el futuro de su hija, intenta convencerla a que continúe con sus estudios ejerciendo el lugar que le corresponde como abogada. La relación entre ambos estará constantemente intervenida por los fuertes lazos afectivos. Las convicciones de Paulina se posicionan por arriba dela disconformidad de su padre, quien busca reiteradas veces, pero sin éxito, entender y respetar las decisiones de su hija.

Una vez en instalada en la escuela rural rodeada de la selva misionera, Paulina descubre las brechas sociales que la separan de sus alumnos al no poder relacionarse con ellos. Una noche, Paulina es atacada por una patota, la cual es integrada por varios de sus alumnos y a su vez, violada por un joven trabajador rural, líder de la patota. Este hecho llevará a Paulina a replantear nuevamente todo su sistema de valores a partir de su experiencia. Santiago Mitre aborda desde este lugar un tema complejo, perturbador y sensible para la sociedad en su conjunto, introduciendo una multiplicidad de enfoques y miradas tanto políticas como sociales, encarnadas por los cada uno de los personajes sobre la moralidad y la justicia. Paulina se encuentra frente a un gran dilema en el que se opone toda su formación como abogada, la cual avala los procedimientos institucionales de un sistema judicial orientados a encontrar los culpables del delito, frente a su propia idea de justicia, en la que el personaje se asume como la consecuencia de una problemática cuyos orígenes se encuentran más allá de los acontecimientos, y se lanza hacia la búsqueda de la verdad.

Mitre no pasa por altos sus destrezas en el manejo de la narración cinematográfica, que manteniendo un ritmo de tensión en cada una de sus escenas, los retrocesos y puntos de vista de la cámara nos permiten colocarnos detrás de cada uno de los personajes, conduciendo cada giro dentro de la historia que ya no dependen solo de las decisiones de Paulina, si no también, del accionar de su padre y de su novio.

El director vuelve a apostar el carácter político en sus películas, pero a diferencia de El Estudiante, donde el personaje desconocía las reglas del poder, Paulina toma con fuerte convicción y coherencia cada una de sus decisiones que determinan su posición personal, política y filosófica ante los acontecimientos que atraviesa. La Patota reúne una historia, una serie de situaciones que no se enmarcan en un solo posicionamiento o idealismo político, sino más bien, es una película que nos interpela y nos genera preguntas. Nos conduce a una reflexión interna sobre la realidad, nos invita a desnaturalizar el accionar de las instituciones y movilizar ciertas estructuras, esquemas y convenciones sociales. Reflexiones que quizás, y muy probablemente, puedan desembocar en charlas y debates a la salida del cine.

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Dirección: Santiago Mitre
Guión: Santiago Mitre y Mariano Llinás sobre el guión original de Eduardo Borrás
Elenco: Dolores Fonzi, Esteban Lamothe, Cristian Salguero, Oscar Martínez, Verónica Llinás
Producción: Agustina Llambi-Campbell, Fernando Brom, Santiago Mitre, Lita Stantic, Axel Kuschevatzky, Didar Domehri, Laurent Baudens, Gaël Nouaille, Walter Salles, Ignacio Viale
Fotografía: Gustavo Biazzi
Música: Nicolás Varchawski
Sonido: Santiago Fumagalli, Federico Esquerro, Edson Secco
Montaje: Delfina Castagnino, Leandro AsteMontaje, Joana Collier
Dirección de Arte: Micaela Saiegh 
 
 
 
 
 
 

Elena Nicolay

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