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La mujer y lo político en el arte.

“Compañeras, en reconocimiento a la lucha de las mujeres por sus derechos y el amor a la paz, propongo celebrar cada año el día internacional de la mujer” fueron las palabras de Clara Zetkin en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague 1910. “¿Y por qué esta fecha compañeras? Porque nos recuerda la lucha de aquellas costureras de Nueva York que en 1857 exigieron igualdad de salarios y jornadas de 10 horas. Ellas murieron quemadas por los dueños de la fábrica, pero vivirán siempre entre nosotras” continúa en su discurso. Fue por esta propuesta que se proclamó el 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

En ese momento se peleaba por mejoras laborales que al día de hoy ya han sido superadas. Pero incluso derechos que parecieran ser innatos, como el sufragio universal o el acceso a la educación y a ciertos tipos de trabajos, han tenido que ser ganados por el colectivo de mujeres. Recordemos que en la Argentina el voto femenino se logró luego de que en septiembre de 1947 se aprobara la ley 13.010, impulsada por el peronismo con Evita a la cabeza. La historia nos recuerda así que las mujeres hemos tenido que luchar por nuestros derechos desde siempre, y aunque sean muchas las conquistas que hemos logrado, la desigualdad de género hoy en día persiste. Seguimos siendo las mujeres las que tenemos los trabajos más precarios -siendo mayoría en la pobreza-, seguimos cobrando menos que los hombres ante los mismos trabajos, siguen sin considerarse trabajo las tareas domésticas y de cuidados de la familia que se naturalizan como propios de la mujer, y –peor aún- todavía estamos peleando por el derecho de decidir sobre nuestros propios cuerpos y por el derecho a estar vivas. Porque en la Argentina muere una mujer cada 18 horas por su sola condición de género. Ser mujer en este mundo machista es una lucha constante, y tener conciencia de ello es por lo tanto un acto político.

El campo artístico no pareciera ser una excepción en el lugar que ocupa la mujer. Pensemos primero en el lugar que tiene el arte en el mundo. “La emancipación del arte lograda por las vanguardias históricas condujo el arte hacia su función crítica, impulsando el componente ético por encima del estético, al reforzar la vinculación orgánica entre las prácticas artísticas y culturales, y las prácticas sociales y políticas. No fue un rechazo al arte con una acción antiestética, sino un compromiso con otro horizonte estético” afirma Ramón Almeda (Doctor en Artes visuales) en su ensayo “Redefinir lo político en el arte”. En la actualidad, y sobre todo luego de los movimientos artísticos de vanguardia, se procura que el arte pueda impulsar una visión crítica sobre la realidad, buscando así modificar las estructuras sociales dominantes y enfatizando una postura ética desde una nueva estética. “El arte crítico, en su fórmula más general, se propone hacer conscientes los mecanismos de la dominación para transformar al espectador en actor consciente de la transformación del mundo.” Nos dice el filósofo francés Jacques Ranciere en su libro “Sobre políticas estéticas”. Y en este sentido es necesario pensar que lo político en el arte está en la forma y no tanto en su contenido. Es decir, el arte no es político por que hable de política, sino porque en su procedimiento simbólico se pone de manifiesto el posicionamiento ideológico y político de lxs artistxs.

Pensemos entonces, ahora sí, en el lugar que ocupa la mujer en el campo artístico. ¿Por qué si el arte, desde su esencia, pretende hacer conscientes los mecanismos de la dominación, siguen existiendo desigualdades de género en todos los ámbitos laborales artísticos? Rememoremos algunas situaciones:

  • Robin Wright, actriz protagónica de la famosa serie House of Cards, exigiendo a sus productores cobrar lo mismo que su compañero protagónico en la serie, entendiendo que las diferencias de ganancias eran muy grandes por la realización del mismo trabajo.
  • Las Guerrilla Girls, grupo de mujeres que salieron a denunciar  a mediados de la década de los ochenta, al MOMA (Museum of Modern Art), que presentaba una exposición de arte contemporáneo titulada An International Survey of Painting and Sculpture, integrada en teoría por los casi 200 “artistas más importantes del momento” y con la presencia de sólo 13 mujeres. En ese momento denunciaban que sólo el 4 por ciento de las artistas del Metropolitan Museum de Nueva York eran mujeres, mientras que paradójicamente el 76 por ciento de los desnudos en ese lugar eran femeninos. Aún así en la actualidad la situación no ha cambiado demasiado.
  • Las Pussy Riot, banda de punk feminista que pone de manifiesto políticamente su posicionamiento sobre el lugar de la mujer en Rusia y que en 2012, durante un concierto improvisado y sin autorización en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, tres mujeres de la banda fueron arrestadas y acusadas de vandalismo.

Estos son, sin embargo, solo algunos pocos ejemplos de luchas que fueron dando las mujeres en estos espacios de trabajo. Pero, pensemos ahora, ¿qué lugar ocupan las mujeres artistas en nuestro circuito de producción más inmediato? ¿Cuántas mujeres encontramos ocupando roles de dirección en los espacios formales de producción teatral, por ejemplo? ¿O cuántos trabajos artísticos (de música, de danza, de fotografía o de cualquier otra disciplina artística) salen a denunciar en las calles, o a intervenir en los espacios públicos donde se visibilice realmente la problemática? ¿Cuántos espacios reales de construcción horizontal e igualitaria en género tenemos en nuestra provincia? Son algunas de las preguntas que me llevan a pensar, ¿qué mecanismos de dominación develamos entonces? ¿Por qué algunas manifestaciones artísticas de mujeres son premiadas y otras negadas o respondidas con represalias? ¿Dónde está lo político de la mujer en el arte?

No pretendo con este escrito dar respuestas a la problemática en cuestión. No considero ser quien tenga “la respuesta” si en un caso estas preguntas se pudieran resolver ahora mismo. Pero si me parece necesario empezar a indagar(nos). Como artistas mujeres, ¿desde dónde nos posicionamos en nuestras prácticas? Si ser mujer es una lucha, y tener conciencia de ello es un acto político como dije anteriormente, ¿por qué aceptar las desigualdades en nuestro campo laboral, en este caso artístico? La lucha de la mujer es histórica, y quienes la llevamos adelante la ponemos en práctica día a día, desde la desnaturalización de los micromachismos en las acciones y en el lenguaje, hasta las manifestaciones colectivas y multitudinarias como lo pueden ser un paro internacional de mujeres (en este caso convocado para hoy) ¿Por qué aún siendo conscientes de los mecanismos de dominación machistas seguimos aceptándolos en nuestro campo? ¿No resulta paradójico, acaso, ir a ver una obra de teatro que habla sobre la opresión de la mujer, donde sabemos que la actriz protagonista gana menos que el señor director? ¿O escuchar una banda de música que denuncie la violencia de género en sus canciones, desde la comodidad de una sala de concierto, y no en la calle, donde nos matan justamente por ser mujer, por ejemplo? Lo político en el arte está en la forma y no tanto en su contenido, reconfirmo.

Y entonces que sí, es un gran acto de lucha y valentía apoyar el paro de mujeres convocado para este 8 de Marzo. Pero al día siguiente debemos volver a nuestros trabajos, y como artistas no debemos ni podemos permitirnos reproducir los modos de dominación machistas en ningún lugar, mucho menos en nuestros espacios laborales, que son artísticos y por definición críticos de la realidad que nos rodea. Artistas mujeres comprometidas en la lucha en esa doble condición, es en lo que pienso culminando esta reflexión más llena de interrogatorios que se abren que de respuestas que pretendan cerrar. Artistas mujeres políticamente comprometidas. Y artistas hombres también. Porque el machismo no es un problema de las mujeres, sino de los hombres. Y que existan estas desigualdades de género en el arte es responsabilidad de los compañeros artistas hombres que las perpetúan no cuestionándose sobre su lugar de privilegio sólo por ser hombres. Es nuestra responsabilidad como personas generar cambios para superar la desigualdad de género, pero es sobre todo una obligación como artistas. Porque para revolucionar el mundo es necesario poner el cuerpo, y a “poner el cuerpo” es lo primero que aprendemos los artistas en nuestro quehacer diario.

por Tatiana Lujan Valdez

Fotografías: Tapa: Luciano Billone , Cuerpo: Gabriel Lemme

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