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El público ingresa a la sala. Lo primero que advierte es una estructura rectangular con telones negros transparentes. Dos actores, un varón y una mujer, se encuentran adentro de la estructura  vestidos de negro  y llevan máscaras blancas. Empiezan a accionar abriendo los telones, mientras se escucha un sonido que incomoda.  Así comienza “La hija de su muerte”, obra de teatro san juanina, del grupo Ob Caenum-teatro, que se presentó el sábado en el MUNT en el marco del Julio Cultural. Continuando con el ciclo de “Mujeres que hacen teatro” coordinado por Veronica Perez Luna y logística de Tiziano Cruz, en conjunto con Elina Valladares, directora del MUNT.

A medida que avanza la obra, los dos actores ponen al descubierto a una tercera actriz, que es la hija de su muerte. El actor nos relata que ese personaje está muerto y a partir de este momento empiezan a accionar los tres en diferentes situaciones. Cada uno cumple un rol, la actriz viva será una especie de comentarista que aporta lo que el autor hubiera querido que aparezca en escena. El actor es una especie de arlequín que presenta a las actrices y sus características. Y la tercera, está muerta. Éste es el único hilo conductor en la obra, ya que a partir de la presentación, la dinámica de la obra son como  microescenas que se suceden. Por momentos pareciera que asistimos a un experimento, el experimento de hacer teatro en el que los espectadores también somos parte del ritual.

La obra es claramente posdramática. Está dirigida por Guadalupe Suarez Jofré, quien además actúa y por momentos asistimos a su dirección dentro de la obra, haciendo acotaciones acerca de la luz y los movimientos de los otros actores. Se le otorga importancia a la imagen. El texto está  trabajado como parte no fundamental de la obra, además se transforma y se vuelve extraño. También interviene la música, que aparece cuando la hija de su muerte toca el violoncello o cuando se adueña del micrófono y canta como si nadie la estuviera mirando.

Lo interesante es que cuando el espectador finalmente se engancha en una escena y cree que puede entenderla,  los actores rompen el encantamiento y pasan a otra cosa. Es como si todo el tiempo estuvieran jugando entre ellos a ser y no ser y a la vez jugando con nuestra cabeza.

Finalmente lo que nos queda después de abandonar el MUNT, es la experiencia vivida, la sensación de haber sido parte de un ritual y los momentos que nuestro cerebro desea recordar, como si se tratara de un sueño.

Dirección: Guadalupe Suarez Jofré.

Actuaciones: Guadalupe Suarez Jofré. Paula Sánchez y Facundo Cersósimo.

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 Cecilia Sandoval.

 

 

 

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