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Texto: Cecilia Sandoval. Fotografía: Agustina Font.

Jorge Dubatti es Doctor en el Área de Historia y Teoría de las Artes, investigador, crítico y fundador de la escuela de espectadores. Realiza numerosos aportes a la teoría teatral y plantea nuevas concepciones y modos de entender el teatro. Ha publicado más de 100 volúmenes sobre teatro argentino y universal. Recientemente fue jurado de la Fiesta Provincial del teatro, en la que nos acercamos para entrevistarlo.

¿Por qué elegís estudiar teatro desde lo teórico?
Porque lo que a mí me gusta es la crítica, la investigación, el lugar del espectador y la docencia. El estudio desde el espectador. Yo empiezo más por el lado de las Letras. Me meto en la carrera de Letras pero siempre me gustó muchísimo la cuestión teatral y de a poco me fui metiendo en el teatro pero empecé leyendo teatro, Shakespeare, Calderón de la Barca, Ibsen, Tito Cossa. Y ya de ahí tengo recuerdos de espectáculos que me marcaron, por ejemplo, me marcó mucho una versión de Amadeus de Peter Scaffer que fui a ver en el año 82, dirigida por Cecilio Madanes y dije “esto es un placer maravilloso”. No sólo leer a Peter Shaffer sino también ver la puesta en escena, era Oscar Martínez, Carlos Muñoz, Leonor Manso y una puesta en escena memorable. Después me pasó yendo a ver el Under y en el 84 fui a ver a Tadeusz Kantor que ya era un teatro sin literatura. Era un teatro del acontecimiento y creo que en esos orígenes está la pasión por lo teatral.

¿Cómo nace tu investigación de la Filosofía del Teatro?
Me pasó que yo empecé a producir cada vez más investigación. Sobre todo a partir del año 89 porque me llaman para ser crítico en Radio Municipal, entonces empiezo a ver mucho teatro y paralelamente me voy dando cuenta de que las herramientas teóricas que tengo no son pertinentes para lo que yo estoy observando en el teatro. Veía un desajuste entre el objeto que tanto me preocupa y las herramientas que tengo para acceder a ese objeto. Entonces de a poquito yo empiezo primero a trabajar con Teatro Comparado que es una disciplina que me sirve mucho para pensar un montón de problemas de relaciones interculturales. Shakespeare en la Argentina, Cossa en Francia y a partir de ahí voy deviniendo en una Filosofía del Teatro que trata de superar la idea de Semiótica que era lo más duro y yo notaba que si realmente hacer investigación era construir cadenas de signos, no era lo que yo quería, y cuantas más obras veía iba descubriendo más cosas nuevas. Por ejemplo la teoría del convivio yo la descubro porque empiezo a observar que yo a toda obra que voy la gente está ahí reunida y los artistas producen teatro con su cuerpo y que además a mí me afecta lo que está pasando en la reunión. No es leer en casa solo una obra, de repente yo escucho risas y llanto y el silencio de la gente y eso me afecta tanto como la obra que estoy viendo. Así que de alguna manera la teoría de la Filosofía del Teatro fue surgiendo de la auto-observación como espectador en los acontecimientos teatrales.

¿Dimensionabas en ese momento la repercusión que iba a tener tu investigación?
La sensación es que uno va confiando en la vida y va construyendo un camino pero mucho no sabe lo que hace, en un punto tiene confianza y sigue para adelante pero uno nunca sabe bien desde dónde salió ni a dónde va a llegar ¿no? Lo digo en un sentido estremecedor porque uno nunca domina las cosas, es un poco el destino, el trabajo y el azar y tener la suerte de conocer a algunas personas que a uno lo han ayudado mucho. Pero yo lo que siento es que uno tiene que ser coherente con lo que lo apasiona y creo que eso es una buena guía, si a vos te gusta mucho algo y sentís que eso verdaderamente te entusiasma en serio y que no es un trabajo con horarios sino que estás todo el tiempo pensando en esto, que además verdaderamente te emociona, te inquieta, te gusta, la sensación es que lo otro se da por consecuencia. A mí me pasó un poquito con la escuela de espectadores esto. Yo fundé la escuela de espectadores en el 2001 y tenía muy poquitos alumnos, ocho personas. Yo sentí que tenía que hacer eso por intuición porque sentía que tenía que formar a los espectadores. Nunca imaginé que iba a llegar a tener 340 alumnos y una lista de espera de 500 personas más. Nunca pensé que iba a abrir la escuela de espectadores en Medellin, en San Pablo, en Porto Alegre, son cosas que la vida te va llevando pero que son consecuencia del trabajo. El secreto es ese, laburar en lo que a uno le gusta, en lo que uno desea realmente. Yo quiero aclarar que en mi caso nunca la tuve fácil porque me casé muy jovencito, tuve hijos muy jovencito y todavía no me había recibido, tenía que trabajar al mismo tiempo que estudiaba, atender a los pibes, pagar el alquiler, me tocó la hiperinflación de Alfonsín, es decir, cuando digo sentir que uno está haciendo lo que le gusta es porque realmente uno pudo sortear todos los obstáculos porque verdaderamente sentía deseo, porque me apasionaba lo que estaba haciendo. Entonces yo diría eso, laburar mucho, confiar en la pasión y sobre todo ser consecuente y no anteponer los objetivos a la realidad del trabajo, después si se da algún tipo de resultado buenísimo y sino, mejor porque uno hizo lo que quería hacer porque lo apasionaba.

¿Por qué entender el teatro es importante en la actualidad?

Yo creo que primero porque la cultura teatral es una de las cosas más maravillosas que tiene la humanidad. Si una persona a mí me dice que no le gusta el teatro yo tengo la sensación de que se está perdiendo algo muy importante. Es como cuando a mí antes no me gustaba el fútbol y mis amigos me decían “te estás perdiendo de algo maravilloso” y de a poquito fui entendiendo y llegué a disfrutarlo enormemente. Entonces esa sería una de las razones, disfrutar de uno de los legados culturales más maravillosos de la humanidad. Por otro lado. la política del convivio, es decir, volver a recordarle a la gente que más allá del mercado, de la tecnología y demás, nosotros pertenecemos a un paradigma existencial que proviene de las estructuras conviviales. Por otro lado, yo creo que el teatro es una permanente re-conexión con la naturaleza porque en el teatro hay cuerpo viviente, cuerpo natural. Para que haya teatro tiene que haber reunión de cuerpo presente. Hay algo del teatro que es muy bueno, nos recuerda que somos cuerpo, que somos naturaleza y no sólo cultura. Nos recuerda que estamos conectados a la vida a través del cuerpo. Nos recuerda que tenemos un origen materno y un origen paterno. En ese aspecto creo que hoy el teatro cumple una función cultural muy importante que estaría dada a estas cuestiones. Reivindicar la reunión, reivindicar el cuerpo, reivindicar la metáfora encarnada en el cuerpo, funciones realmente muy importantes en la sociedad contemporánea.

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“El teatro es una permanente re-conexión con la naturaleza”

El teatro siempre se redefine con las crisis, con el contexto, ¿percibís una transformación en la forma de hacer teatro a partir del cambio de gobierno?
Seguro porque hemos pasado de una macro política a otra macro política. Durante el Kirchnerismo la gran macro política era el post neoliberalismo que aparece en Argentina desde la crisis del 2001 en adelante, es decir, un cuestionamiento muy fuerte a los valores del neoliberalismo que estaban en la época de Menem. Lo que caracterizaría al post neoliberalismo seria el cuestionamiento de la derecha internacional, del capitalismo, del imperialismo bancario, de la cultura de globalización y sobre todo la valorización de identidades territoriales, mercados internos, industrialización. Ya no tenemos un rol dentro del orden neoliberal sino que empezamos a jugar desde otro sujeto histórico. Con Macri volvió el neoliberalismo, entonces podemos decir que pasamos de una etapa post neoliberal a una etapa que sería de restauración neoliberal. Para decirlo rápidamente, el gobierno de Macri es neoliberalismo muy parecido al de la época de Menem, por supuesto con grandes diferencias porque estaríamos en otra etapa, con otras características pero tiene mucho que ver con esta idea de la internacionalización del capital y la dependencia del país de potencias extranjeras. Yo creo que el teatro redefine su diálogo con las macro políticas. Una cosa era tener como interlocutor al post neoliberalismo Kirchnerista y otra cosa es tener como interlocutor a la restauración neoliberal. El rol político del teatro en este momento es muy distinto al de los años del Kirchnerismo porque ahora hay que enfrentar una cantidad de valores que son los propios del neoliberalismo, con los que el campo teatral no está de acuerdo, para nada. Por ejemplo uno de los valores fundamentales es el valor de la territorialidad, el teatro es un valor absolutamente territorial. El neoliberalismo habla de la quiebra de lo territorial a partir de las redes de globalización y los mercados internacionales. El post neoliberalismo defendía un mercado interno muy fuerte y el teatro trabaja con ese mercado interno porque no se presta a los escenarios globales, siempre está anclado a una referencia territorial, local. El teatro es por definición anticapitalista, anti imperialista, anti globalización. Yo por eso creo que con el Macrismo digamos, en realidad yo no hablaría de Macrismo, porque no me parece un líder Macri, me parece más bien un tipo que ha llegado casi involuntariamente al lugar en el que está. Yo hablaría de neoliberalismo directamente, es decir, en esta nueva etapa del neoliberalismo en la Argentina el teatro va a tener un rol político muy distinto al que tenía en el periodo anterior. Pero eso vamos a tener que ir viéndolo a lo largo de los próximos meses y próximo mandato.

¿Cómo ves la escena tucumana?
Me pasa que lo que yo veo son 15 espectáculos solamente, entonces sería muy riesgoso hablar de la escena tucumana a partir de esos 15 espectáculos, pero sí puedo hablar de lo que voy viendo. Lo que te podría decir es que observo formas de producción diferentes, procedimientos diferentes, poéticas muy diferentes. Observo mucha fuerza teatral, una pasión por el teatro que no solamente la da la practica sino también la historia del teatro en Tucumán que es muy fuerte y también mucho anclaje en imaginarios locales, cosa que me interesa muchísimo, hay una relación muy directa entre las problemáticas sociales, culturales, identitarias de Tucumán con el teatro que se está produciendo. Por otro lado veo muy buenos actores y dramaturgos locales muy interesantes. Veo adaptaciones de clásicos como el caso de “Despertar de primavera” que me pareció muy interesante en la forma de relacionarse con ese material. También lo que veo es mucho público, mucha gente, y la sensación es ver algo pujante. Yo di una conferencia el otro día en la UNT y fueron más de 100 personas y lleno de pibes muy jovencitos. La sensación que tengo es que el teatro tiene mucho futuro acá, que tiene mucha pasión y mucha garra. Capaz que si yo viviera aquí y lo viera desde adentro le vería más problemas, pero la imagen que yo tengo como visitante es una imagen muy positiva. Yo soy de por sí optimista, muy optimista pero además veo mucho público, mucha producción, imaginarios muy locales, una gran diversidad de poéticas y me parece bárbaro. Y creo que esto está a la altura de la historia del teatro en Tucumán, una Universidad muy potente llevando adelante el teatro, un centro regional donde hay chicos de Santiago del Estero, de Salta, de Jujuy, me sorprende mucho eso también, la afluencia, es como un ombligo a donde vienen muchas personas de la región. En ese sentido creo que Tucumán es uno de los centros teatrales más potentes que tiene la Argentina y creo que ha ayudado mucho el Instituto Nacional del Teatro, mas allá de los problemas que puede llegar a haber y que yo no llego a percibir por ser visitante, por estar de paso.

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