“El teatro es político porque propone otra mirada sobre el mundo” 

 

Por Tatiana Lujan Valdez//Fotografía: Agustina Font

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Guillermo Katz es Máster en Teatro y Performance, egresado de la Universidad de Lancaster en Inglaterra, y Licenciado en Teatro, egresado de la Universidad Nacional de Tucumán. Se dedica a la producción y a la investigación de las artes escénicas, habiendo sido becado en varias ocasiones para desarrollar proyectos en ambos campos (el teórico y el práctico). Dirigió la obra “Museo Medea”, que no solo ganó la 28º Fiesta Provincial del Teatro en nuestra provincia, sino que además supo ganarse el cariño y la admiración del espectador tucumano. En el pasado mes de Marzo, Guillermo fue becado para la Residencia Enciende Bienal de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires, y junto con otros seis jóvenes artistas tucumanos viajó para participar de la misma.

CPQV: ¿Podés contarnos sobre tu experiencia en la Residencia Enciende Bienal?

Buscando en internet convocatorias y posibilidades de laburo –sobre todo donde la cuestión económica esté resuelta– encontré este llamado que era para estimular la presentación de proyectos para la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires. Yo ya había participado hace dos años en ese festival, con una performance virtual a la cual me habían invitado a sumarme, y fue muy buena la experiencia. Es enorme el festival, para artistas de hasta 32 años. Este año se va a hacer en el Centro Cultural Recoleta.

Vi la convocatoria, en la que había lugar para gente del interior porque te pagaban el pasaje, la estadía, comida y viáticos -cosa que es muy extraño en general- y me presenté. Me interesaba la propuesta y además estaba buenísimo que la parte económica esté resuelta. Después, bueno, la residencia no ha sido eso que yo me esperaba que sea. Se suponía que los talleres me habilitarían a pensar sobre mi propia práctica, o en un proyecto para presentar al festival, pero fueron talleres de técnicas de actuación y de danza contemporánea. Es decir, muy específicos para el actor y para el bailarín, y no para proyectar obras.

Los profesores fueron figuras muy reconocidas: Ana Frenkel, maestra de danza contemporánea y coreógrafa, Ciro Zorzoli, director de teatro y docente de puesta en escena, y Andrea Garrote que es actriz y dramaturga. Aunque el contenido de las jornadas haya estado bueno, no me resultó muy útil para pensar, armar y presentar un proyecto. Los talleres para la gente de artes visuales, por ejemplo, si parece que han estado mejor en ese sentido, porque trabajaron sobre pensar la práctica de los artistas a nivel general. También hemos tenido unas charlas con bienalistas anteriores, o sea ganadores de ediciones anteriores del festival –que se hace cada dos años- y algunas de esas charlas para mí sí han estado muy buenas porque hablaban de cómo producen. Y eso por lo menos sirve para pensar el trabajo de uno. Por ejemplo, un artista audiovisual trabajaba sobre lo real y la ficción en el cine  -cosa que me parece dificilísimo de hacer- pero en un punto pensaba: “Ah, mirá. Qué interesante. Porque está poniendo en cuestionamiento cómo aparece lo real en el cine, o expone cómo el cine esconde lo real”.

En los cursos la he pasado bien, hay algo de conmovedor y apasionante en volver a conectarse con la herramienta de la actuación y poner el cuerpo. Pero bueno, como dije se suponía que íbamos a trabajar sobre nuestra práctica en general.

En un punto ha sido hasta gracioso. La última actividad de la residencia fue un consultorio de las convocatorias que se iban a abrir para la Bienal, donde nos explicaban de qué se iban a tratar, qué tendríamos que presentar y podíamos hacer preguntas. La mayoría éramos del interior del país, y en un momento dado nos dicen “Bueno, nosotros la verdad que les recomendamos que se vengan acá a Buenos Aires para trabajar”. Igual aclaraban: “Si llegan a ser seleccionados sí vamos a hacer lo posible para conectarnos con municipios, provincias, Entes, el Instituto (Nacional del Teatro), lo que sea, para seguir pidiendo ayuda económica para que a ustedes se les facilite”. Nos contaron del caso de una chica de Mendoza, seleccionada para la Bienal anterior por música, que, por ejemplo, le hacían las consultas de seguimiento de su producción por Skype, o en vez de ir una vez al mes a Buenos Aires iba cada dos meses. Es decir, que sí estaban abiertos a que la gente del interior participe. Pero después hablando con esta chica de Mendoza nos dice: “Yo tuve que renunciar a mis trabajos para venirme a Buenos Aires a laburar”. Le fue muy bien, claro. Grabó un disco, que sé yo, pero se arriesgó, soltó su vida y se fue. Tenía la facilidad además de que su papá vivía allá.

Obviamente que es un festival de la Ciudad de Buenos Aires, y no le podemos pedir al festival que sea fácil para el interior, o que sea muy redituable. Me parece que por ahí también es una chapa llevar a gente del interior; tanto para la organización como para los que se presenten. Digo, está muy bueno estar en la Bienal de Arte Joven, pero en este momento yo no sé si me interesa eso. A mí me interesa proponer algo y que también sea un poco redituable, no sólo estar en la Bienal porque sea un antecedente importante.

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CPQV: No deja de pensarse, la convocatoria, en el centralismo de Buenos Aires. Digo, se abren las puertas al interior pero no piensan en que vos puedas desarrollar tu proyecto en tu espacio, en tu contexto, tu ciudad y no sólo en Buenos Aires…

Claro. Por ejemplo, podrían mandar ellos el tutor de tu proyecto para acá, en vez de tener que vos trasladar un elenco, asistentes, escenografía, etc. Por ahí para el cine puede ser más fácil, hacen la serie acá y la mandan en DVD. Pero no es solo eso, sino tiene que ver también con los objetivos de cada artista ¿Qué te interesa de tu producción? Si te interesa participar de este súper festival, bueno, metele, arriesgate; si te interesa una cosa más equilibrada entre tener un espacio para hacer una propuesta y un rédito económico a la vez, bueno, me parece que esto no está tan bueno. De última nos ha servido acá por que se enteró (el intendente de San Miguel de Tucumán, Germán) Alfaro que nos íbamos, y nos reunió y se mostró interesado y abierto para con nosotros; los artistas jóvenes locales.

CPQV: En una nota publicada por la municipalidad, previa a su viaje, se afirma que el intendente Alfaro se reunió con ustedes y hablaron de la posibilidad de “trasladar la experiencia Bienal” a Tucumán. ¿Crees que en Tucumán haya de verdad políticas públicas que apoyen la actividad cultural?

Yo pienso que la política cultural provincial no tiene mucho vínculo con la producción de los artistas locales, menos con los jóvenes. Es muy poquito lo que habilita la provincia, y como dice un amigo de cine pareciera ser que cada vez que uno le va a pedir algo es como si te estuvieran haciendo un favor. Alfaro desde la intendencia de San Miguel, muy estratégicamente, se dio cuenta de esta falta de apoyo a los artistas tucumanos. Obviamente que él también debe pensar en su rédito político con esto. Entonces nos ha invitado a su oficina y estuvo abierto a escuchar todo lo que era crítica, desde todas las disciplinas: teatro, audiovisual, visuales, literatura, música. Todos hemos planteado la dificultad que significa la autogestión, la producción independiente, que la provincia no nos dé apoyo, etc. En ese contexto surgió la idea de por qué no hacer una Bienal de Arte Joven acá en el NOA. Pero es sólo una idea y todavía no nos hemos juntado a hablar de nada. Creo que por lo pronto si llegamos a trabajar con el municipio va a ser en proyectos más chicos o de cada disciplina. Lo que nos ofrece Alfaro es presupuesto –limitado- espacios y personal a disposición.

A mí me parece que hay que meterse y ser consciente que uno está negociando en esos términos: le estás dando cierto rédito político a una persona, que tendrá una bandera que te guste más o te guste menos, pero podés proponer una mirada crítica desde ese lugar. La Bienal de Buenos Aires incluso es un proyecto financiado por el gobierno de la ciudad, es decir del macrismo, con cuyas políticas de gobierno no coincido en nada. ¿Por eso no voy a participar? La plata es pública, es la plata de los impuestos de todos los ciudadanos, aunque haya un gobierno de turno con el que no estés de acuerdo. ¿Qué hacer ante eso? ¿Aceptar y quedarse callado, avalar todo? ¿O proponer artísticamente y en la organización algo que dé cuenta de todo esto? ¿O no aceptar nada y dejar que otros ocupen ese espacio reproduciendo lo peor de lo que nos toca? Seguro hay gente que recibe el apoyo gubernamental sin ver y sin explicitar lo que implica la chapa de la foto, sin ser consciente de que esto es un campo político, de construcción de poder, y que los avances en términos artísticos y culturales, o cualquier avance, son producto de la lucha y el trabajo de mucha gente durante décadas, y los gobiernos de turno a veces apoyan avances de esas luchas. Me viene el ejemplo a la cabeza del matrimonio igualitario con el gobierno de Cristina Kirchner. Digo, no era muy riesgoso políticamente para el gobierno nacional que se habilite eso, o al menos así lo veo yo. Está buenísimo que eso haya sucedido, pero pensar que viene de Cristina por ósmosis es casi una canallada. Es producto de la lucha permanente de activistas durante décadas. Que nosotros seamos una comunidad de artistas que podamos hacer la gestión de una Bienal de Arte en el NOA no sería por Alfaro. Es porque acá hay gente que viene haciendo festivales independientes hace muchísimo tiempo. Tenemos herramientas, tenemos gente, tenemos vínculos en el NOA, y bueno, Alfaro nos daría la infraestructura que posibilitaría eso, pero no es fruto de él solo.

CPQV: ¿Crees que en Tucumán se pueden abrir los canales de comunicación entre todas las disciplinas artísticas como para generar, por ejemplo, esa Bienal del NOA?

Sí. Nosotros por ejemplo hemos organizado el festival de arte LGTBQ La Degenerada, que reunía a todas las artes con una problemática particular. Hemos tenido gente de Córdoba, de Buenos Aires, de Salta, y eran todas las disciplinas juntas en un mismo espacio. Me parece que en general cada uno está con su disciplina, con su mambo. La gente en sí no sé si está pendiente de lo interdisciplinario e interregional, y me parece que tiene que ver también con nuestras formaciones. Pero también estuvo El Pulsudo en estos últimos dos años. Huellas se hace todos los años. Tiene que haber gente que se lo proponga, nada más. Vienen sucediendo hace décadas.

CPQV: Ayer leía una nota que habías escrito vos en La Cascotiada (www.lacascotiada.com.ar), donde hablabas de reconocerse marginal. Somos un arte marginal, y hay que reconocerse y reafirmarse como tal, inclusive en esos espacios ¿es así?

Si, y que pareciera ser contradictorio en ese sentido. Porque si a vos te interesa el arte autogestivo, independiente o de experimentación ¿Para qué entonces te vas a meter en la Bienal? ¿Para qué trabajar con una intendencia, en espacios institucionales o comerciales? ¿Por qué la preocupación por que sea redituable? Para mí son espacios que sí permiten profundizar la práctica y los modos de organización, y que justamente lo son porque son redituables y dan infraestructura. Aunque no quisiera que el arte se convierta en una empresa, en una industria, que se profesionalice o institucionalice en esos términos comerciales, creo que sí se puede participar de esos espacios y proponer otra cosa, una divergencia. Aunque eso muchas veces no funcione. Si me voy a acercar al mercado ¿Tengo que ser como el mercado? ¿O me voy a meter al mercado de otra forma para resistirlo? Vuelvo a la posibilidad de negociar ¿Uno va a ser radical y duro en su posición artística? ¿O va a ir a estos espacios comerciales e institucionales a plantear otra mirada, otro mundo y resistir?

Igual en este caso, el del arte, no es lo mismo que el caso de la identidad de género y la sexualidad (en relación a la marginalidad de la que hablaba en la nota de La Cascotiada). Porque digamos que hoy el mundo sí puede ser un poco hostil si como artista no participás de los circuitos reconocidos, si sos “medio hippie”, si trabajás en espacios de resistencia cultural. No te matan hoy por eso. Es distinto a afirmarse con orgullo como marica, torta o trava, porque sí te matan por eso. Entonces sí hay que diferenciar un poco el orgullo sobre la “marginalidad” del arte. Es distinto. En fin, creo que en la producción artística se puede lograr un equilibrio, y sí creo que se tienen que ocupar esos espacios, sino los va a ocupar siempre el que reproduce un modo de hacer arte. Y es un bajón que los espacios oficiales de teatro se conviertan en espacios de reproducción de lo comercial y de lo más horrible que tiene esta sociedad.

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CPQV: ¿Qué opinas sobre la producción de teatro tucumana hoy?

Me parece que la política cultural está orientada a convertir el teatro en industria, a profesionalizar la actividad a través del mercado. Hablo en líneas generales. Por ejemplo, se abrió un super teatro, el Mercedes Sosa, y se lo usa sólo para producciones comerciales que son de afuera. Tres años han tardado para programar una sola obra tucumana (“Que se haga agua el picolé”) y es un teatro que pertenece a la provincia. No hablo tampoco de negarle al público la posibilidad de ver esos artistas de afuera, pero por qué no apoyar lo que ya existe en Tucumán. Algo parecido le viene pasando al Instituto Nacional del Teatro y a la producción teatral en sí quizás también.

Yo creo que en Tucumán no hay caminos establecidos, vos podés armar tu propio estilo, tu propia estética, tu grupo, tu procedimiento, tu manera de hacer teatro y moverte por donde quieras. Yo empecé a ver teatro a los 16 años, y veía cosas tan distintas. Era la época en la que estaban la Gente No Convencida, las Tía Encarnación, Teodora Ciega Caníbal, Marcos Acevedo con “Tiempo Suspendido”, Carlos Correa con “Las Calles Laterales”, Paula Giusti con “Acerca de la estrategia…”, los Manojo de Calles con “Fiesta 5”. Era maravilloso porque era como una competencia artística de propuestas, de exploraciones, de estilos de actuaciones y de espacios, tomando las calles. Era un universo que vos decías “quiero hacer con ellos, quiero hacer con aquellos, quiero hacer lo mío”. Y después, como las cosas –creo yo- se han ido institucionalizando cada vez más: el Instituto se ha vuelto más fluido, se armó la CPTI (Comisión Provincial de Teatro Independiente), el Ente Cultural abrió un montón de cuerpos estables, teníamos hasta el año pasado un montón de programas educativos y estatales, la facultad se regularizó mucho más, etc. se ha ido como estableciendo un caminito de cómo hacer teatro en Tucumán. Eso para mí ha hecho que la producción de teatro sea menos variada. Como que siento que la gente, y hablo de la generalidad –más vale que siempre hay grietas– está más interesada en entrar a esos modos ya establecidos de hacer y vincularse con el teatro. No hay una búsqueda o un mandarse a proponer algo muy riesgoso, sino que la gente que quiere hacer teatro agarra un texto, pide un subsidio, se presenta a la Fiesta, la quiere ganar, y nada… está como domesticado. No digo que el riesgo tenga que ser radical, pero a mí me conmueve mucho más ver en el teatro cuando alguien intenta proponer un nuevo lenguaje o un nuevo procedimiento, que ver un teatro “bien hecho”. Porque se escucha mucho eso: “actúa muy bien, está muy bien ella, está muy bien el espacio”, y todo bien, lo entiendo, pero a mí me conmueve mucho más como artista y como espectador cuando voy a ver una obra pésima técnicamente pero de última está tratando de proponer algo. Veo eso, que no hay mucha búsqueda en el teatro. Como diciendo que está todo bien, que todo está perfecto, que no hay que cambiar nada. Y no, está todo mal.

CPQV: En ese sentido, ¿dónde crees vos que está lo político en el teatro?

En poder habilitar una pregunta en esa persona que está viviendo esa experiencia, atravesar una experiencia sensible que quizás no es la tradicional, por ahí tiene que ver con lo inesperado. Porque muchas veces pareciera ser que lo político tiene que tener resultados concretos, y por ahí no es tan concreto en el arte en general. Me parece que el teatro es político porque propone otra mirada sobre el mundo. Porque el arte trabaja más o menos representativamente sobre el mundo, entonces si vos estas poniendo un cuerpo distinto, un uso del espacio distinto, una forma de vincularse distinta, tanto en escena como extra-escena, en el vínculo con el espectador, al correrlo de lo esperado, de lo predecible, se vuelve político porque estás diciendo metafóricamente: “hay otras maneras de vincularse, de estar acá, de pensar el mundo”. Ir a una salita independiente en medio de la nada, es ya un acto político… aunque no vaya mucha gente (se ríe).

CPQV: Pensando en una realidad tucumana en la que no hay muchos espectadores, ¿se te ocurre a vos cuales pueden ser las estrategias que los teatristas puedan emplear para convocar más gente?

Primero dejar de responsabilizar a la gente de no ir, cuando en realidad los artistas no pensamos en acciones conjuntas de convocatoria, con las políticas culturales y demás, para tratar de generar ese público. No esperar que vengan a las salas. Bancarse no cobrar una entrada tan cara, porque pedirle $150 a la gente para que vaya al teatro es mucho, aunque sea el mismo precio de dos cervezas en un bar, no importa, es mucho porque la gente no está habituada a ir al teatro. Exigirle a las políticas municipales, provinciales y nacionales que hagan algo para generar público, que contraten una función y te lleven a un barrio a hacer una obra, no sé. La responsabilidad es en parte de nosotros los artistas, pero también creo que las políticas culturales por lo menos de los últimos 10 años no hicieron mucho para que el teatro llegue a más gente. En la tradición de la clase media que consume productos culturales, que tienen plata para ir el fin de semana a bailar, a ver un partido de futbol, o juntarse con los amigos a hacer un asado, ¿por qué irían al teatro? ¿Cuál es el beneficio que le da el teatro a la gente? Tampoco discutimos eso, no lo hablamos, no salimos de la queja. Pero no sé cómo se puede hacer. Es un proceso que puede llevar décadas, generar público, y es histórica la construcción de los espectadores. Pero me parece que es más por la plata, que la gente no va al teatro porque es caro. Además tenemos la tele, tenemos YouTube, es mucho más fácil sentarse a ver un video que ir al teatro. El teatro está un poco viejo en ese sentido. Y la gente no está acostumbrada ni tentada.

CPQV: ¿Querés contarme sobre los proyectos de investigación en los que estás ahora?

Son dos proyectos, con temática parecida, que se tocan en algún punto. Una es con el Instituto Nacional del Teatro, una beca de investigación teórica, donde la idea es estudiar el teatro tucumano de los últimos 15 años que haya propuesto algunos procedimientos político-sexuales. Es decir, que en el uso del espacio, de la actuación, de los vínculos, de la temática, refleje la problemática de las personas lesbianas, gays, maricas, tortas, travas de Tucumán, o que postule una acción política en relación a eso. Y lo que estoy tratando de encontrar es ¿Qué herramientas estéticas son políticas y por qué? ¿Qué han propuesto estas obras? Tomé los últimos 15 años porque, primero que nada, estoy más cerca de esas obras, las he visto; y también porque es el tiempo en que los grupos activistas LGTBQ han estado más visibles, que se ha cruzado obviamente con la aprobación de la ley de matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. No digo que antes no haya habido nada, sino que en ese tiempo hubo por lo menos 20 obras tucumanas, no que hayan sido activistas necesariamente, sino dentro de las cuales podemos encontrar otras identidades, otros cuerpos, otras temáticas…

Y después tengo una beca del Fondo Nacional de las Artes para producción artística, para un proyecto que se llama “Textos Putos”, donde la idea es tomar autores de teatro argentinos que se identifiquen con alguna sexualidad no heterosexual o algún género no binario, y preguntarle a esos textos si nos pueden servir para hablar de alguna problemática tucumana vinculada a los géneros y a la sexualidad. Es una pregunta la que plantea el proyecto, entonces lo que estoy haciendo es leyendo un montón, y el segundo paso sería trabajar con gente concreta de Tucumán que se identifiquen con ese colectivo. Entonces la idea sería hacer una convocatoria pública para el que tenga ganas de participar y hacerles una entrevista sobre qué implica ser no heterosexual o no binario en Tucumán, y después usar ese material de las entrevistas en relación a los textos y mostrarlo en escena. La idea en realidad es tomar esos textos como disparadores para decir “en Tucumán pasa esto, nos hace falta esto, esto está bueno, esto no está bueno”. Digo, al final todo es excusa para poner sobre la mesa estas problemáticas y generar algo en los espectadores.

Contándonos sobre estos proyectos Guillermo nos confirma que es un incesante pensador del teatro, tanto desde la teoría como desde la práctica, y que apuesta al acto creativo, consciente del teatro como un acto político. Sus reflexiones no dejan de cuestionar-se-nos, y es así que, con más preguntas que respuestas, nos despedimos en esa vereda de barrio sur donde nos reunimos a concretar esta intensa entrevista. Porque el teatro es así, intenso, y llenarnos de preguntas es su manera de atravesarnos.

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