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Gabriel Varsanyi tiene 49 años. Vivió en Concepción hasta los 20 cuando se mudó a San Miguel de Tucumán. Estudió dos años de ingeniería, pero se terminó recibiendo de arquitecto. Cuando tenía 24 años empezó a sacar fotos con la cámara de una novia. Dos años después se compra su cámara y empieza a dedicarse de lleno a la fotografía. Actualmente se encuentra dedicado a la docencia y trabajando en su proyecto artístico “Proyecto 365”, que posee como idea original tomar tres fotografías por día durante diez años, y así reflejar el paso del tiempo.

“Nunca estudié fotografía, ni antes ni ahora. Sabía que la rayita del fotómetro tenía que estar en el medio y eso estaba bien. Después aprendí solo, leyendo o mirando. Técnicamente no soy muy bueno, no soy riguroso.”

 

¿El vínculo con el fotoperiodismo donde arranca?

Empieza cuando, estando en la facultad, me voy de viaje y compro mi cámara. Al poco tiempo mi vieja se va a vivir a Buenos Aires y empiezo a laburar en El Periódico. Como fotoperiodista no era bueno. No tenía ni tengo el carácter para ser reportero. Se necesita resolver cosas con rapidez y una personalidad particular, cosa que yo no tengo. Después de un par de semanas de intentar ser reportero le digo al que estaba en el archivo del periódico que yo quería entrar a trabajar ahí. Eso fue a finales del 94. No era bueno como reportero pero tenía una gran memoria, y al archivo de ese diario lo tengo hasta hoy en la cabeza. Siempre fui muy consumidor de medios: radio, tele y revistas, consumía mucha imagen a pesar de no tener formación en ello. Eso me era muy bueno en el laburo de archivo y le era muy útil al diario.

Ahí empiezo a trabajar en medios más que en el fotoperiodismo. El trabajo de archivo era como el trabajo de editor de fotografía: “esta es la foto que tiene que ir acá”. Lo hacía sin saber que ese trabajo se denominaba de esa forma. Después me voy a la Agencia Infoto donde trabajaba para otros diarios y agencias como Muy, Clarín o Telam, y es ahí donde el “Chino” (Julio) Pantoja me enseña cómo se editaba, cosa que yo la conocía intuitivamente. Yo leo, veo y pienso sobre la fotografía pero no tengo formación académica de ningún tipo.

En el 99’ me voy un año a España a trabajar en un bar. Cuando vuelvo me quedo en Infoto hasta el 2005 que empiezo a trabajar en El Tribuno, más o menos hasta 2010.

¿Cómo te vinculas con la docencia?

Yo empiezo a enseñar en 2001 o 2002, más o menos. Ahí arrancamos con el “Chino” con un taller que se llamaba “Fotodocumentalismo y Expresión”. Al principio yo lo escuchaba a él hasta que un día me dijo que me tocaba hablar y empecé a dar una parte de las clases. En el 2005 me llaman de la facultad de Artes para que presente mi carpeta porque quedaban muchas vacantes porque se iba un profesor que tenía cuatro cargos. Me presenté y sigo hasta el día de hoy.

¿En qué centrás tu producción fotográfica hoy que estas lejos de las redacciones?

¡Es cierto! Estoy lejos de las redacciones, por suerte. Quedas muy quemado con el trabajo del fotoperiodismo. Mi producción nunca estuvo atravesada por mi laburo en las redacciones. Mi producción también ha sido muy intuitiva y asistemática, sacaba fotos sueltas hasta que en un momento, RES y Eduardo Medici, en una clínica en Salta, me dijeron que tenía que empezar a trabajar con más sistematicidad. Ahora laburo desde otro lugar, soy más reflexivo y autocrítico. También han pasado 23 años desde que arranqué. La fotografía ha cambiado mucho en ese tiempo y uno también. Mi relación con la fotografía se da desde otro lugar, no sé si más relajada pero si más consciente. Ni mejor ni peor, más consciente.

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¿Cuál es la relación de la fotografía con el arte?

Una cosa es el lugar que ocupa para mí, otra el que ocupa en Tucumán, otra a nivel nacional y otra en el mundo. Para mí no existe división entre las disciplinas del arte, se trata de trabajar desde las artes o no. En Tucumán, el sistema del arte vinculado a la fotografía -entendiendo el sistema como producción, crítica, reflexión, docencia, distribución, venta y canales de difusión- no existe. Sí hay producciones artísticas desde la fotografía, hay artistas plásticos que trabajan con fotografías y que nunca han estudiado porque la academia que existe no los prepara para eso. No hay un sostén teórico, de hecho, la carrera de fotografía que existe en la UNT es una Tecnicatura. La venta de obras fotográficas es casi inexistente.

En los salones de artes que se llevan a cabo aquí, la fotografía está presente pero por lo general realizada por gente que viene del palo de las artes y que no sabe de fotografía, algo que me parece una carencia más que algo simpático. No comparto esa idea de que como soy artista hago lo que sea, y ahí no hablamos solo de fotografía. Para hacer arte hay que pensar y para hacer fotografía hay que conocer a fondo sino no manejas el lenguaje. Como no hay academia, no hay mercado, no hay sistema ni estructura, en general los fotógrafos no están preparados para entrar a los salones. Algo totalmente distinto a lo que pasa en Argentina y el mundo donde sí hay gente formada y artistas reconocidos que laburan desde la foto.

La discusión de si es arte o no es arte para mí se terminó hace por lo menos 70 años, es algo que esta saldado.

¿Hay posibilidad que a la corta se salde el déficit de la fotografía como un circuito completo en Tucumán?

Si sigue la carrera como está, no hay ninguna chance. Ninguna. Se tiene que hacer una licenciatura con un cuerpo docente más preparado y específico, se tiene que enseñar lo que es la fotografía hoy y no lo que es la fotografía hace 40 años como se hace en algunos casos. En eso me hago cargo, tenemos serios déficits. Ahora, suponte que no cambie, creo que hay impulsos individuales de muchas personas que con mucha generosidad y talento pueden hacer que la fotografía ocupe el lugar que hoy no está ocupando. Pero son cosas más voluntaristas e individuales.

Lo que si hay son muchas semillas puestas en las generaciones que vienen, semillas puestas por gente muy capaz y solidaria que están dando clases particulares.

¿Qué sería la fotografía hoy?

Pasó una cosa que esta buena. Cuando surge la fotografía, los pintores tenían miedo que les quiten el laburo. Lo que sucedió fue que la pintura se liberó, empezaron a surgir nuevas corrientes artísticas que no buscaban hacer un reflejo idéntico de la realidad. Ahora hay millones de dispositivos que toman fotos, por ende millones de personas que toman fotos sin estar formados. Eso les da miedo a los fotógrafos, pero es al revés, eso a vos te tiene que generar las ganas de hacer la diferencia. La fotografía se debe soltar. Para mí la fotografía es una disciplina mutante, no es igual que hace 5 años. La manera de captura, producción y difusión no es la misma que hace unos años. En definitiva, no creo que esté todo inventado. Creo mucho en la gente, que a fin de cuentas, es la que va a llevar adelante la manera de ver. Sí, se puede fotografiar todo, lo que hay que ver es si es interesante o no. Yo creo que si hay gente capaz, interesante, que estudia y eso es lo que va a llevar la fotografía a otro nivel. Lógicamente siempre se habla de los mismos temas pero los que miran no son siempre los mismos.

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¿En qué estado está Proyecto 365?

El proyecto 365, al igual que la fotografía, ha mutado. En un principio eran tres fotos por día para mostrar en 10 años. En este momento se va a reducir a un cierto número de fotos por año, y esas fotos son autorretratos. La idea primera era la de tratar de agarrar todo lo que se pueda, que es lo que le pasa al personaje de aventuras de un fotógrafo de Calvino. Él trata de fotografiar todo para que no se le escape, algo imposible de llevar adelante con éxito. Partiendo de esa misma idea, pienso que lo que  intento retener es mi propia existencia, algo que no se puede. A ese transcurrir del tiempo lo voy a materializar con autorretratos. No pongo un número en particular. Está bueno que haya cambiado porque antes estaba todo muy regulado y por lo menos no es así mi vida. No es que esté más irresponsable pero si estoy más relajado.

Tanto Patter como 365 son muy introspectivos ¿buscas eso con tus trabajos?

Me parece que siempre uno habla de uno mismo, haga lo que haga. A mí me ha sucedido, yo soy de leer mucho y veo mucho. Patter fue mirar algo que alguien había visto antes y reformular con mi mirada. Son negativos encontrados e intervenidos, positivados y dispuestos en una secuencia que no tenía nada que ver con el modo original, y que cuentan una historia imaginada. Es cierto que la ficción siempre tiene algo de cierto. El laburo me llevó 5 años, lo pensé mucho e hice varias sesiones de terapia hasta poder llegar a él.

Carlos Boch dijo en una entrevista que el rol de foto periodista como se conocía va a desaparecer y que va a ser reemplazado por el documentalismo ¿Qué pensás al respecto?

Tal vez lo de Bosch sea una expresión de deseo. Yo no sé qué va a pasar con los medios. Tengo mis reservas y recelos con el documentalismo. Estaría bueno que seamos contadores de historias pero me molesta la solemnidad con la que trabajan algunos fotodocumentalistas. Cuando éstos se ponen el papel de que van a salvar el mundo, yo no les creo. Cuando dicen que son los abanderados de la revolución, yo no les creo. Me gusta cuando las cosas tienen un tinte más de ficción y no ese aura.

¿Cómo editor qué hacías con una foto como la de Aylan Kurdis?

No la publico.

¿Por qué?

Lo he pensado mucho. Primero como fotógrafo no la hubiera sacado, como editor no la hubiera publicado si los jefes del diario me hubieran preguntado. Tuve una charla con el pro secretario de redacción de La Gaceta, él me dio sus razones bastante buenas para publicar las fotos. Yo le hable de un discurso velado, no dicho, tal vez de forma inconsciente. Ese es el de saber que si vos publicás esa foto vas a vender muchísimos diarios. Eso no se dice, se tiñe la discusión con el papel del fotoperiodismo y los medios de comunicaciones que tenemos que mostrar esto porque sino no lo ve nadie. Eso me parece equivocado, el domingo se suicidó un chico en el sifón, a diez cuadras de donde estamos, y nadie dice nada ¿Por qué nadie lo vio? No, porque nadie lo quiere ver. Resulta que te pones en moralista y combativo con un nene sirio de 4 años que se ahoga en Turquía y no nos preocupamos por los que fuman paco ¿Qué no los ves? Están ahí.

¿Cómo debería ser el tratamiento de estos temas sensibles para que la imagen no exponga a la persona?

La foto de Aylan, si decidís publicarla, debería haber sido con el diario dentro de una bolsa de plástico con una faja que diga que ahí adentro hay una foto de un niño muerto. Hace unos días se murió una nena de la misma edad y no está la foto, y se han muerto miles pero no pasa nada. Esto no humaniza la tragedia. Es tener una buena foto publicada a 5 columnas para dejar la conciencia tranquila. Para mí no hace la diferencia haber visto la foto. No pasó nada después, la situación es la misma.

Para mostrar el consumo de paco sin exponer a los que lo hacen estaría bueno pensar qué pasaría si en la tapa de un diario se pone un rectángulo negro a 5 columnas y que diga que ahí debería estar una persona que se suicidó por fumar paco ¿Hace falta verlo? Me parece que ya está visto. Las fotos de los muertos están hace 160 años ¿Y? El hongo atómico de Hiroshima, los vietnamitas quemados, y las victimas de Chernóbil, pero no pasa nada. Hay una exacerbación de lo visual. Donde ves y ves pero ya no miras porque tenes atrofiado el nervio sensible. Tal vez no haya que poner una foto del tipo con problemas de paco, sino retratos de los que son responsables de que esa gente se muera.

Nosotros creemos que vemos todo porque vemos en exceso. Pero en verdad vemos lo que nos quieren mostrar ¿Quiénes? La gente que tiene poder. Vemos lo que ellos quieren.

Por Luciano Billone

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