Acá me muevo en el under porque lo elijo todos los días. Porque ahí está el público para el que me gusta trabajar, que es la comunidad artística, los pibes que van a la Facu, la gente que es crítica con su realidad…las personas que van a los lugares a donde voy y que realmente acompañan el trabajo que hago viéndome en distintos lugares: yo trabajo para ellos.

Salustiano Zavalía ha demostrado su talento en múltiples disciplinas escénicas. Como actor, ha dirigido e interpretado exitosamente “Humanos de Humo”, adaptación de los textos de Alejandro Urdapilleta, junto a Nanni Wittich, Gonzalo Augusto y Fernanda Barroso. Incursionó en la locución en Radio Fish y en la conducción televisiva en el magazine juvenil “Dex Art” por Canal 8. Paralelamente, utiliza el transformismo como recurso para dar vida a personajes irónicos que movilizan y divierten en bares y eventos tucumanos.

salustiano

CPQV: En Tucumán te hiciste conocido con tu personaje de ‘Concha Torres’ animando el karaoke de Sonora. ¿Cómo se origina éste personaje de la gallega fascista?

Concha nació una noche de porrón y risas como tantas otras, en la barra de Sonora con mi amiga Anita Caram. Yo venía animando los karaokes haciendo siempre algo distinto desde un transformismo más desprolijo, descontracturado, sin la más mínima producción. De repente, con la necesidad de crecer a nivel visual/estético apareció también la de generar un nuevo ser, por y para ese espacio. Algo que se instalara y funcionara como factor distintivo del Karaoke Sonorense. Yo había estado ensayando una obra (que jamás se estreno) en la que interpretaba a una gallega. Ya había sacado el acento y muchas expresiones; entonces cuando se truncó la obra fue la posibilidad de darle vida de todas formas a ese personaje en vez de abandonarlo. Se llamaba Sara; ahí es donde Anita y su bagaje maravilloso me sugirieron “Concha Torres”, que es el pseudónimo con el que firma sus libros de poesía erótica “Sor Rata De callejón” (El personaje de la gigantesca Chus Lampreave en la película “Entre Tinieblas” de Almodóvar…que de paso les recomiendo a todos, porque es una obra maestra). Lo demás, es historia.

Creo que con la gallega pude desarrollar ese factor tan complejo en la composición de un personaje; que es la línea de pensamiento. Cuando me pongo la peluca de Concha y empiezo a hablar como ella, pienso también como ella. Hay un opuesto muy claro entre sus formas y las mías…entonces me posiciono en ese otro lugar. No pienso en actuar cuando hago ese personaje. Pienso en que soy Concha Torres; y que estoy rodeada de sudacas muy desagradables.
Hay gente que no sabe ni cómo me llamo yo, pero la conocen a ella. Muchas veces me llaman para contratarme y me dicen “Hola, ¿vos sos Concha Torres?”.

CPQV: ¿Hay algún proyecto de llevar a Concha a un Stand-up o un unipersonal?

El stand-up es un género que no se me da muy bien. Me divierte más generar un monólogo con otros recursos que no sean la búsqueda de identificación constante que propone el stand-up. Disfruto más de las cosas que no están “pensadas para hacer reír”. Despertar la risa a través de lo que no debería dar gracia, como la injusticia o la crueldad. Escribo mucho para Concha porque es la que más sale al mundo. La gallega puede llevarse a donde sea. Me ha trascendido a mí y por ende a los formatos. Estuvo en sus karaokes, en despedidas de solteras, en los escenarios y la peatonal marplatenses, en el penal de mujeres festejando el día de la primavera y hasta en una fiesta infantil. Podría ponerla dentro de una obra de texto como ella misma y seguro encontraría su lugar. Es más libre que yo mismo. Y eso me encanta. Me da impunidad esa peluca; con ella puedo ir a donde sea (risas).

CPQV: ¿Cómo puede ser que un artista como vos haya pisado escenarios en Mar del Plata y acá tu espectáculo siga siendo parte del under? ¿Cómo lograste conseguir allá ese lugar que acá es tan difícil?

Eso tiene que ver en principio con la decisión. Si uno va a trabajar a Mar del Plata lo hace sabiendo que es para insertarse en un teatro comercial, que tiene otros códigos, otras formas, otros tiempos. Es una experiencia totalmente distinta. Acá me muevo en el under porque lo elijo todos los días. Porque ahí está el público para el que me gusta trabajar, que es la comunidad artística, los pibes que van a la Facu, la gente que es crítica con su realidad…las personas que van a los lugares a donde voy y que realmente acompañan el trabajo que hago viéndome en distintos lugares: yo trabajo para ellos. No me interesa trabajar para una élite. Pero cuando se de la posibilidad, claramente voy a hacerlo, seguro encuentro disfrute ahí también y capaz que gano un poco más (risas). Eso también es importante por que pretendo vivir de esto y sí me interesa ganar dinero con lo que hago. Pero definitivamente siempre me voy a sentir más cómodo en un sótano con un whisky; que en un escenario colosal de un bello y redecorado Teatro estatal.

El éxito de los espectáculos en Mar del Plata, por otro lado, es el resultado de un laburo muy arduo. Trabajamos de lunes a lunes durante toda la temporada prácticamente. El teatro en el que estuvimos este verano pertenecía al mismo complejo en el que estaba la revista de Carmen Barbieri, llena de famosos y famosillos. Para hacerle frente a esa competencia, antes de la función (que dura una hora y media) estamos fácil cuatro horas en la puerta del teatro, ya producidos, haciendo un circo tremendo. Nos promocionamos, vendemos entradas, nos sacamos fotos. Estamos actuando desde mucho antes de subir al escenario. Te volvés una calculadora humana porque siempre se acercan pidiendo descuentos si es que son varios: Preguntás ‘¿Cuántos son?’ y pum pum pam cerrás un trato y terminan pagando dos mangos cada uno, porque lo importante es meter gente, sino nuestro trabajo no tiene mucho sentido y hay un montón de espectáculos. Una entrada para Carmen salía 250 y no bajaba de eso; lo nuestro capta el público más popular y familiar. Van con todos los pibes, con los perros. Es buenísimo…pero lejos está de ser esa maravilla de llegar una hora antes de la función fresco como una lechuga, actuar e irte a descansar. Se trabaja antes, durante…y después.

CPQV: ¿Cómo fue que decidiste ir a probar suerte en una plaza tan compleja como Mar del Plata?

En realidad no decidí nada. Hace unos años, como una aventura, nos fuimos a pasar la temporada a Mar del Plata. Fuimos en tren, nadie tenía un mango. Es una época de mi vida que recuerdo con mucha felicidad. Muchas cosas han cambiado desde entonces…menos el tema de que nadie tiene un mango. Eso sigue igual (risas).
Llegué a Mardel y la suerte me terminó llevando a trabajar en la boletería de un teatro y un día, casi de casualidad, me sacaron de la boletería, me prestaron peluca, ropa, me maquillaron y así, impulsivamente salí a la calle montado y me divertí, la pasé bomba. Más adelante surgió la posibilidad de subir al escenario a hacer un reemplazo y todo se fue dando naturalmente. Ahí conocí y trabajé con gente que hoy son amigos a los que adoro, que me abrieron las puertas no solo del muchos lugares de trabajo sino también de sus casas; como Ale Teselli, Alex Grudke, Holywood DragQueen o Roberto Kirchof, para quienes tengo un agradecimiento eterno. Si no fuera por esa gente tal vez nada hubiese ocurrido. Fueron quienes creyeron en mí, y me fueron habilitando distintas posibilidades que supe aprovechar. Encontré algo que no había ido a buscar; pero fue un hallazgo fantástico.
Yo creo mucho en la autogestión del artista. Si te quedás en donde estás esperando que te llamen, vas a esperar sentado mucho tiempo. Hay que ir en búsqueda de las posibilidades; aunque no esté del todo claro qué es lo que se busca. Algo vas a encontrar en ese camino…

CPQV: ¿No pensaste traer el espectáculo que hacías allá a nuestra provincia?

Eso no depende de mí porque no soy parte de la producción del show. De igual modo creo que como formato, no cautivaría demasiado al publico tucumano; aunque tal vez eso sea un prejuicio que debo deconstruir. Soy tan dialéctico (risas). De igual modo, aunque no venga el espectáculo en su conjunto; tanto allá como aquí trabajo desde el transformismo y como ese es el punto de encuentro, si he usado algunas cosas del show del verano en nuestra provincia, aunque tal vez con una vuelta de rosca. Para el “Sacate La Careta” de la Juliana González en el Magic; hice dos números de allá que funcionaron muy bien. El transformismo es un trabajo como de Clown. En vez de tener nariz tenés peluca y zapatos, pero básicamente la técnica y los objetivos son los mismos. Hay que hacer reír a la gente con muy pocos recursos. El reallity “RuPaul” nos ayudó a trascender el boliche gay y ahora hay transformistas en todas partes (risas).

CPQV: ¿Notás alguna evolución de la sociedad en cuanto a su postura frente al transformismo?

Sí veo una valoración del trabajo del transformista. Yo trabajo en muchos eventos privados, con personas ajenas al “ambiente”, y hay como un amor muy grande por el puto vestido de mujer. Y lo bien que hacen. Somos adorables. Constantemente me planteo para qué hago esto, por qué lo hacemos, qué quiero decir con lo que hago. Creo que en ese sentido el transformismo habilita un canal discursivo que es muy interesante. Entre chiste y chiste vas generando la idea, en quien te ve, de que hay muchas cosas que son injustas, mucha violencia para con nuestra condición. Y hacer reír con eso, es una manera de mostrarnos por arriba de los cascotes de la hetero-norma, es un empoderarse y empoderar a la gente sobre todo. Invitarla a reírse también de que hoy por hoy siga habiendo gente que te discrimina por tu condición sexual o que se asusta cuando ve una travesti.
Hay que entender al transformismo como un lenguaje. Mucha gente me dice que siempre hago lo mismo. Yo por mi parte, considero que los roles femeninos en todas las historias, películas y obras de teatro son mucho más interesantes que los masculinos, y creo que hay una posibilidad infinita dentro del rol femenino en una historia o al servicio de un discurso. Hay un montón de antagonismos en el mundo femenino, si bien utilizo el transformismo como canal de comunicación, un personaje no tiene por que ser “lo mismo” que el otro mas allá de compartir la característica de ser un personaje “de género” por decirlo de algún modo…Por otro lado creo que convenzo muchísimo más haciendo de mujer que de hombre y es algo que hay que explotarlo. ¿Quién me va a creer a mí haciendo de macho alfa? Tendría que ser un trabajo EXCELENTE. Mudxs lxs voy a dejar cuando lo haga (risas).

CPQV: ¿Estás trabajando en algún personaje actualmente?

Yo más que sobre personajes trabajo sobre mi discurso. Sobre el texto (y el subtexto) de lo que escribo para representar en distintos espacios. Pienso que los actores tenemos que perderle el miedo a la auto referencialidad, a eso de nosotros que se cuela en los personajes. Hay que eliminar ese prejuicio porque esa marca propia del actor en el personaje es lo que constituye la singularidad de cada intérprete, lo que da organicidad a su forma de decir, lo que sustenta las situaciones a las que hay que hacerles frente en la escena. Estoy constantemente trabajando sobre mí como actor, al servicio de un discurso o historia mediante un personaje. Pero no es sobre el personaje, el trabajo exhaustivo, sino sobre el contendido de lo que éste presenta o re-presenta.

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