“Actuar es hermoso, un placer, en el que en ese instante pareciera que no existe nada más en el universo”

Por: Tatiana Lujan Valdez. // Fotografía: Paula Ene
 

 

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Ignacio Hael tiene 30 años y es egresado de la carrera de Teatro de la Universidad Nacional de Tucumán. Ha recibido los títulos de Intérprete Dramático y de Profesor en Juegos Teatrales. Se ha formado también con Carlos Alsina, Beatriz Labatte, Vivi Perea, Patricio Gómez de la Torre entre otrxs docentxs y maestrxs tucumanxs.

Ignacio, o el “Poyo”, como le dicen muy cariñosamente sus compañerxs teatristas, inició su carrera como actor en el 2000, en una participación en la obra Galileo Galilei del Teatro Estable de la Provincia, dirigida por Rafael Nofal. Desde entonces no ha parado de producir teatro ocupando los roles de la actuación, la dirección, la dramaturgia y la docencia. El Poyo se caracteriza por ser un trabajador incesante del teatro, recibiendo por ello el Premio Artea Revelación Masculina 2015 y una Mención Especial por actuación en la Fiesta Provincial del Teatro 2015-2016.




CPQV ¿Qué opinas de la producción en Tucumán hoy?

IH: Muy variada. Me produce mucho orgullo y satisfacción ver la cantidad de obras en cartel que tenemos. Hay de todo tipo, para todos los gustos. Es hermoso ver a compañeros de la facultad o que hayamos trabajado en alguna obra, producir de manera responsable. Tengo la impresión de que hay un trabajo cada vez más integrado entre la vieja y la nueva camada de teatristas, lo cual es sumamente enriquecedor. Este año estuvimos con la obra “Mucamas” en otras provincias y Tucumán está muy bien visto a nivel nacional. Sin duda tenemos referentes en todas las áreas: dramaturgos, actores, directores, escenógrafos, gestores; que son un ejemplo para las demás provincias.

 

 

CPQV ¿Qué significa para vos ser teatrista?

IH: Es una forma de vida, y lo mejor de todo: por elección. No me imagino haciendo otra cosa. Intenté estudiar una de esas carreras a las que todos llaman “serías” y no hubo caso. El Teatro se encargó de traerme nuevamente de los pelos, por eso estoy medio pelado (ríe). A veces me preguntan a qué te dedicas, y cuál es tu hobby y me encuentro en la misma respuesta; y es que es tan amplio el campo teatral. Actuar es hermoso, un placer, en el que en ese instante pareciera que no existe nada más en el universo. La dirección es otra pasión, donde se puede jugar con los signos, donde se expone la ideología de quien dirige. En todo lo que es producción y docencia podes transmitir, más que conocimientos, el amor por este arte. Y eso no tiene precio.

Este año estoy abriendo muy de a poco mi propio espacio, un sueño que tengo desde chico. Por el momento es pequeño, pero ya comenzó su actividad. Ahí ensayamos íntegramente dos obras: “Mariposas después de la Lluvia” y “Qué sabrán las piedras de Amor”. Además estoy dictando un taller de entrenamiento actoral. Ese hijo como yo le digo es “El Atelier de Don Carlos” y está ubicado en Mate de luna 2930. El nombre del espacio es un homenaje a un gran actor tucumano que tuvimos, Carlos Olivera, con quien tuve la suerte de compartir escenario en el año 2000 en la obra Galileo Galilei.
La actividad independiente a veces es muy sacrificada, cuando estás haciendo una obra surgen  gastos y más gastos, pero la satisfacción de ver tu producto en escena hace que todos esos pormenores valgan la pena.

 


CPQV ¿Qué buscas producir, desde lo teatral, cada vez que inicias un proyecto?

IH: Lo que me invade al pensar un proyecto antes que cualquier cosa es el placer, el disfrute, el deseo de que se concrete. Soy un poco perfeccionista y busco que las cosas salgan impecables. Al pensar en un proyecto nuevo pienso en cómo se pueden encontrar el deseo que como artistas tenemos, con el público. ¿Qué pensaran al ver este producto, gustará, qué dejará? De hecho, en la obra que estamos haciendo ahora surgía el deseo de hablar sobre la violencia familiar, pero de una manera en la que el espectador pueda disfrutar la puesta. Siempre les digo al elenco antes de salir a escena: “los próximos 50 minutos son nuestros, el mundo depende de nosotros, a darlo todo”. Y es que nunca sabemos el alcance que puede tener lo que estamos diciendo con la obra.

 

 

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CPQV ¿Como joven hacedor teatral, qué crees que Tucumán necesita para seguir creciendo?

IH: Creo que tenemos que insistir en la integración, de poder alimentarnos de los teatristas de la vieja escuela y los de la escuela de teatro,  que hay un complemento interesante que permite avanzar. Al mismo tiempo dar pasos en lo que es gestión, trabajar en conjunto con el INT y el Ente de Cultura, cuyos organismos son derechos ganados para todos los artistas. Y lo más importante es que todos los artistas tengamos la certeza de que éste es el lugar, no Buenos Aires u otras metrópolis. Tucumán es una plaza con un teatro de primera, pero nos tenemos que dar cuenta de ello y defenderlo.

 

 

CPQV: En la actualidad ¿qué proyectos estas desarrollando?

IH: Actualmente estoy como docente en Sala Ross, en Studio Gloss (Concepción), en Yerba Buena, en una iniciativa con mi colega y amigo Emanuel Rodriguez y empezando talleres de entrenamiento en mi espacio.
Estoy trabajando como actor en “Mariposas después de la Lluvia”, un texto de Rafael Nofal, dirigido por Jorge de Lassaletta, asistido por Marcos Zerda y mi compañera de escena es Huerto Rojas Paz. Vamos por el segundo mes de funciones, y estamos muy contentos con la recepción del público.

También continuamos con Gira de “Mucamas”, la obra que escribimos y producimos desde el Grupo Ross, que obtuvo un tercer puesto en la Fiesta Provincial del Teatro 2016.
Tengo mis energías puestas en este hijo que va naciendo que es el Atelier. Tengo sueños y pesadillas a diario, pienso en las luces, en las consolas, etc (ríe). Pero con mucha satisfacción, va tomando forma.
En septiembre estrenamos ¿Qué sabrán las piedras de Amor? (Una mirada sobre la obra “Las de Barranco” de Laferrere). Es una obra que estoy dirigiendo, y que fusiona el Teatro con la Danza, de la que tomé la historia de uno de los personajes de la pieza original para hablar sobre la violencia familiar, pero también de la sencillez de los niños y la inocencia de los enamorados. A partir del personaje de Carmen (de Las de Barranco) que en nuestra obra surge como un recuerdo que atesora una vieja casa de grandes ventanales, cuyos cristales son el límite entre las presiones que se viven dentro y la esperada libertad que aparece aguardando en el otro lado, hablamos de la condición de la mujer a lo largo de la historia, en su rol familiar y en el peso de las decisiones. A lo largo de toda la obra puede observarse cómo el mandato familiar es cargado en las espaldas de dicho personaje, moldeando su carácter, impidiéndole tomar la iniciativa que la aparte de su destino. Pero la llegada del poeta Linares a su vida, trae el valor y el entendimiento. Toda persona tiene un Linares, o al menos lo busca, no en el sentido humano, sino, esa meta que alcanzar, ese impulso revolucionario de permitirse romper las reglas de lo preestablecido y dejar de mirar el afuera desde el cristal empañado de una ventana, para animarse a ser parte de ese paisaje.

Para nosotros es una puesta sensible, que cuenta con el trabajo gigante de las bailarinas Cecilia López, Izarbe Cortés Blanco y Cecilia M. Cáceres y los actores José María Risso y Juan José Soria. Al mismo tiempo, trabajamos con una escenógrafa, Sofía Seidán, que supo plasmar la esencia de la obra en el espacio.

 

 

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Con todo ese entusiasmo que caracteriza a Ignacio, el joven teatrista nos cuenta sobre la variedad de proyectos que lleva adelante, convidándonos así un poco de su teatro. “El Poyo” Hael, actor, dramaturgo y director; lo podes encontrar en los siguientes trabajos:

“Mariposas después de la lluvia” los sábados de septiembre en Sala Ross (Laprida 135) a las 22hs.

Y en “¿Qué sabrán las piedras de amor?” todos los domingos de septiembre a las 21hs y sábados de octubre a las 22hs, también en Sala Ross.

 

 

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