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Cesar Romero es actor, director, pedagogo y coordinador de talleres de teatro. Definir su carrera no es fácil, empezó desde muy temprano leyendo obras de teatro en la secundaria, tocando el piano y bailando flamenco. Se acercó a hacer teatro con Rolo Andrada a los 16 y desde entonces su actividad teatral no se detuvo más. Sus maestros fueron Paco Gimenez, Hugo Aristimuño y Mauricio Kartún, entre otros. Durante 20 años formó parte del emblemático  grupo “Manojo de Calles”.

“Manojo de Calles a mí me ha marcado y bastante en mi profesión como actor. Ahí yo empecé a aprender lo que era investigar, no solamente arriba del escenario. Conocí otro tipo de lenguaje, otro tipo de teatro, otros autores”.

 ¿Cómo empezaste a ser profesor de teatro?

Fue de manera accidental, había una convocatoria en el Ente de Cultura y un amigo me dice “che hay una posibilidad de que se dicten talleres de verano, ¿te interesa? Son lugares heavy, el Roca, el Belgrano”. Y yo le digo: “yo quiero actuar en realidad, ¿se puede?”  Tenía un monólogo de una abuelita que se llama “el locro” que es un homenaje a mi abuela y  siempre lo hacía en lugares y termino haciendo ese monólogo en las plazas. Después de eso dije bueno me voy a animar a dar clases y me anote ahí en Cultura. Empecé a dar clases por primera vez en el Goretti y en el Belgrano y fue mi espacio de educación no formal donde yo me movía para tener mi ingreso económico y me empezó a conocer un montón de gente del palo. Me empezaban a llamar para hacer estos laburos en espacios en “situación de riesgo”.

¿Cómo fueron esas experiencias?

Y para mí las mejores en cuestión pedagógica. Tengo un montón de material escrito que surge de esos montajes, de esas clases. Imaginate, yo no iba a buscar un perfil de actor en esos grupos entonces era otro tipo de trabajo el que hacía. Más bien un mimo desde lo que yo sabía hacer a esos chicos, a esas chicas. Yo trabajaba en el medio de los yuyos, no teníamos ni mesas ni sillas. Se terminó el proyecto y jamás tuvimos una silla para trabajar pero así con el ímpetu de los pibes terminamos yendo a la feria del libro infantil representando a Tucumán en Buenos Aires. Eran 15 chicos y estuvimos dos semanas ahí. Se portaron de maravilla. Fue una de las experiencias que más me marcaron porque yo aprendí después de eso a no quejarme por nada. Imaginate volvíamos de Buenos Aires y a uno de los chicos no lo van a buscar a la terminal y estábamos muy incómodos sin saber qué hacer. De repente llega la familia de uno de los chicos y me dicen mira no van a venir a buscarlo porque lo están velando al hermano, lo mataron por un ajuste de cuentas. El chico estuvo 15 días con nosotros pasándola de lo mejor yendo al barrio chino, imagínate que no conocía ni Yerba Buena, tenía 11 años. Y después ¿cómo hacemos para decirle al chico eso? Son situaciones que hoy por hoy para mí son imborrables lo que dejaron como marca en el alma. Yo no justifico ningún proceder delictivo ni de violencia ni nada ni lo legalizo pero cuando uno conoce las historias en esos lugares…Decís wow qué fuerte!.

 ¿Y cómo te encontras con la dirección?

Y la dirección también fue medio así por curiosidad. Requiere mucho tiempo y responsabilidad. Desde la dirección siempre llega un momento en el que yo me pongo a la par del actor, porque yo siempre digo, antes que coordinador, director, pedagogo, soy actor e intento ser eso siempre, artista en los lugares en donde yo vaya a laburar, de hecho con la dirección también me puse a estudiar bastante, a leer. Yo me termino involucrando mucho con las personas que asisten a este lugar porque este lugar es mi casa, por eso quedaría como una cosa rancia si yo no me involucro con las personas que asisten a mi casa. No sé yo lo veo así.

La dirección arrancó en el año 2005. Me invita un grupo de Santiago del Estero a hacer un trabajo pedagógico con ellos como grupo de entrenamiento. Yo no había aceptado porque me había invitado Muscari para hacer la obra Electroshock pero me termine volviendo a Tucumán porque entre otras cosas, nadie se saludaba al llegar a ensayar.  Y entre esas idas y vueltas acepté el trabajo en Santiago. Hicimos un laburo hermoso con ese grupo. La obra se llamaba “Tres inoportunas historias y un topo que  escapó de su jaula”. Habíamos trabajado en un proceso último de selección sobre retazos de sueños propios y robados de alguien cercano. Nosotros ensayábamos en un garaje y la madre nos echó del lugar y terminamos ensayando en el Teatro del Pueblo. Ahí se suspende el ensayo una semana entera porque lo estaban velando a Koli Arce, yo llegué sin saber que había muerto Koli Arce y yo digo esto tiene que estar en la obra así que pusimos un momento en homenaje a él. Una obra bastante psicodélica con la que ganamos muchos premios.

Al año siguiente me quedo sin lugar para laburar y me vengo acá a trabajar, con 15 alumnos y de aquí sale la obra “Cómo matar un espejo de agua”, que surge a través de cartas de abuelos Esa obra gano la fiesta en Tucumán y fuimos a la regional. Y de ahí empecé a meterle pata con la dirección.

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¿Cómo es tu manera de trabajar?

Yo trabajo para el actor y para la actriz. A mí me gusta verlos relucientes en escena. Yo veo  lo que propone el actor, cómo se distribuye en el espacio, su cuerpo, su voz. Yo me veo impregnado de eso y trabajo. La obra en realidad no me importa. Si surge la obra surge pero primero me dedico a esos actores que tengo para trabajar y el trabajo también es bastante particular porque yo observo en los actores cosas que me interesan de ellos. A esas visualizaciones que yo las llamo “enunciadas barrocas”, las escribo y con ese material voy trabajando.

¿Cuál es el tema del desnudo y Cesar Romero?

Ese tema de los desnudos es como un mito también. Porque el otro día me decía una chica que estaba asustada porque aquí Cesar los hace desnudar a todos y demás y yo no hago desnudar a la gente, en serio, la gente se desnuda sola cuando viene acá porque viene acarreando ese mito entonces dicen “allá no me dejaban desnudar pero yo acá si voy a poder hacerlo”. En realidad el desnudo tiene que ver más con el desnudo y desapego de otras cosas que no tienen que ver con las vestiduras, tiene que ver con el alma. Yo creo que a mí como actor fue muy difícil hacerme cargo primero de un montón de cosas de mi vida para después intentar comprender otras vidas que llego a construir. Fue muy difícil hacer ese tránsito, ese proceso de eliminar algunos prejuicios, miedos, temores, por eso creo que por ahí se malinterpreta porque los únicos desnudos de las obras que yo hice como director es “Niñas de algo inasible”, donde fue apareciendo el desnudo por las relaciones dentro de la obra.

¿Para qué hacer teatro en Tucumán hoy?

Yo creo que para hacer teatro aquí en Tucumán hoy, tiene que tener un anclaje muy directo hacia la transformación de cabeza, de mentalidad, de poder a través del teatro ser una vía, un puente a la reflexión, a meditar sobre posicionamientos políticos ideológicos y sociales que tiene uno como ser humano. El teatro para mi tiene que empezar a salir afuera de los espacios sociales del teatro, que puedan salir más las obras a esa gente que no tiene accesibilidad al teatro. Esa es una de mis intenciones hoy por hoy. Yo al margen de estar con el ímpetu creador, me considero un comunicador y creo que el teatro tiene que ser un arte de transformación absoluta tanto para el que hace como para el que ve.

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Fotografías: Gastón Guirao.

Por Cecilia Sandoval.

 

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