A pesar de que la lluvia obligaba a muchos a quedarse en sus casas, la misma no fue impedimento para que la noche del domingo pasado fuese la elegida por Catupecu Machu para visitar Tucumán. La banda de rock argentino integrada actualmente por Fernando Ruiz Díaz, Sebastián Cáceres, Agustín Rocino y Martín González, celebra sus 20 años de trayectoria, y trae consigo como producto de su celebración, un nuevo formato de presentación musical. Madera Microchip, es un show acústico y desestructurado, creado para el teatro, sin embargo no menos energético, que apunta a la fusión de guitarras, sintetizadores, el órgano y la batería eléctrica junto a las leves resonancias de la madera de un cajón peruano.

En el escenario del Teatro Alberdi podía apreciarse una ambientación lumínica con colores estridentes que iban desde los azules, rojos y amarillos con una puesta de pequeñas estructuras piramidales delante de los instrumentos. Cuatro músicos y una propuesta un tanto ambiciosa. La pretensión de un viaje mítico y trascendental, que si bien resultó afortunada en muchas paradas de su recorrido discográfico donde se destacó la potencialidad del rock en nuevas versiones, el espectáculo desembocó en un altivo encuentro donde el monólogo fue una constante, y la música quedo relegada un poco por la improvisación y por las anécdotas narradas por el vocalista a lo largo del show.

El telón rojo se abrió antes de las diez para dar inicio al concierto. Aparece Fernando con micrófono en mano para dar la bienvenida a un “viaje alucinante” y con una petición/exigencia muy particular: nada de fotos, ni celulares en el show. Como fundamento explica la necesidad de despegarse de la tecnología para prestar la máxima concentración al contenido armónico, capricho que se sostuvo durante las dos horas y media siguientes, ya que el músico en reiteradas ocasiones, se detuvo para señalar a los fans que se atrevían a tomar las fotografías.

recProhibido sacar fotografías

Una vez dadas las condiciones para emprender dicho viaje, Catupecu inicia su concierto con temas como El grito después, El ritual y Klimt, para luego dar lugar a una canción de Lisandro Aristimuño. El inicio de cada tema de vez en cuando sorprendía con una nota al aire, un sonido ensordecedor o una melodía garabateada cuyas mixturas envolvían los decorados del teatro. Aprovechando los espacios entre canción y canción, y también los inconvenientes técnicos, Fernando se explaya y divaga en sus historias. Lo que suponía el carácter “intimo” entre el artista y público, a su vez generaba la abstracción de los momentos musicales que permanecían expectantes la mayor parte del tiempo. Para finalizar esta primera parte del concierto, la banda tocó dos temas del álbum Laberintos entre artistas y dialectos, rematando con Vistiendo de Cuentos Decapitados antes del intervalo.

La segunda parte arrancó con la interpretación de Mantra Lila, canción la cual contaba solo con la participación del Fernando Ruiz acompañado del sonido metálico de un hang. La sencillez de la pieza generó un clima apacible, quizás el momento más cercano al mágico viaje. Luego se dio lugar a los temas de mayor éxito como Entero o a pedazos, Cuadro dentro de cuadros, Mil voces finas y Puedes incorporando fragmentos de Across the Universe, de los Beatles.

Llegando al final, las apuestas fueron para Y lo que quiero es pises sin suelo y Magia Veneno con un rock frenético y vibrante que hizo al público ponerse de pie para saltar. Entre despedidas y saludos, el show cerró finalmente con los temas a capellas de Eso Vive, Musas y El sueño.

El pasaje de un show con la vitalidad escénica característica de los recitales Catupecu Machu a un formato acústico teatral fue un motivo de celebración para la banda, y una nueva oportunidad para que los fanáticos revivan sus canciones pero desde un lugar diferente. La experiencia nos deja momentos distendidos con poca relevancia a las piezas musicales, pero un acercamiento emotivo, quizás lo demasiado cercano y coloquial, a nuestros artistas. Sin recuerdos fotográficos, la deuda pendiente de un viaje en la que no faltaron las aproximaciones de Fernando a las primeras filas del teatro para dar uno que otro beso y abrazo, y a los palcos para saltar y compartir la alegría de algunos de sus fans.

 

 

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