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Carlos Busqued.

Editorial Anagrama.

Encontrarlo a Busqued sin esperarlo, en la Feria del Libro de Santiago del estero (2015) se convirtió en una especie de transposición de lo que fue leer su novela. El encuentro de frente con un personaje misterioso, que habla con frases cortas, que atiende a temas oscuros, que describe sus novelas como si fuesen trámites en algún ministerio del Estado donde esperas hasta que sale tu número, y de repente salís corriendo.
“Bajo este sol tremendo” resultó finalista en el premio Herralde 2008 y luego fue publicada por editorial Anagrama. Busqued se transformó de repente en un escritor muy conocido. Esa es más o menos la historia. Pero este relato chiquito y feliz, tapa el sol con el dedo para la oscuridad que “Bajo este sol tremendo” tiene dentro.

La novela trascurre sobre todo en el Chaco, pero hay tantos viajes en ella que es difícil otorgarle un lugar. Por momentos, no parece si quiera transcurrir en Argentina, o en algún país cualquiera, sino en una especie de Limbo eterno que rota entre la marihuana y las bolsas de basura, la comida comprada, la cerveza, los desayunos frugales, el hambre. Una especie de muerte en vida de varios sujetos que constantemente están absorbiendo conocimientos en la forma de documentales sobre el “mundo natural” en programas de televisión. Incluso, en la simple descripción de lo que es un documental sobre calamares gigantes, Busqued logra que se nos ponga la piel de gallina y tengamos ganas de llamar a un amigo.
Creo, que Busqued ha logrado que el sol queme por entero cada párrafo de su libro. No hay un solo lugar, un solo momento a lo largo de toda esta lectura donde uno no sienta que necesita un vaso de agua, que necesita abrir una ventana, limpiar la casa, comer algo elaborado, abrazar a sus padres. Con pocos elementos, ha logrado corporificar a un sujeto que está completamente borrado de sí. Y uno, como lector, reconoce elementos de la vida cotidiana en ese sujeto borrado. Eso aterra. Y es la búsqueda de esos sujetos por rellenar el tiempo de que disponen –como si fuese una especie de condena- lo que los pone en acción, y convierte a bajo este sol tremendo en un artefacto literario que funciona como un reloj suizo.

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