Hay quienes son felices y hay quienes no. Hay quienes consiguen los que quieren, y hay otros que viven lamentándose. La vida peregrina entre una gran gama de colores que parten desde el rosa chillón hasta el gris topo; y así se transita, labrando por los momentos de felicidad, muchas veces padeciendo, pero siempre con la esperanza de algo mejor. El mundo es un verdadero disparate y la murga lo sabe muy bien, sin embargo siempre encuentra motivos de celebración. Con aires de carnaval y sus dosis de algarabía, Agarrate Catalina se presentó en Tucumán con un nuevo show: Un día de Julio, dejando en el público tucumano su sello de identidad con el mejor de sabores murgueros de Uruguay.

 “Si naces en Uruguay, no tenes muchas alternativas de no ser murguero. No teníamos escape.” Me dice Tabare Cardozo, uno de los directores de la murga uruguaya. Agarrate Catalina cumple más de 14 años, fue tres veces ganadora del Concurso Oficial en Uruguay y designada Embajadora Cultural, lo que la llevó además de recorrer todo su país, conocer gran parte de Latinoamerica y otras partes del mundo.

¿Y por qué ser murguero? Lejos de apelar a la hipocresía, la murga es el medio de expresión que no se escapa de la realidad, sino que la caricaturiza. Toma la poesía, los cantos, y las costumbres gestadas en los barrios, como también las ciudades y en el hombre urbano. Es popular por esencia, y no se distancia jamás del revoltoso mundo. Guarda en sí misma esas instancias de reflexión sobre lo que nos rodea, pero de las cuales nuestra sonrisa es inmutable. ¿De dónde surgen las historias?, le pregunto al director: “Las historias surgen como surgen todas las historias, mirando la realidad, observando lo que nos rodea. Lo que nos dice Julio son las cosas que vemos día a día por la calle, solo que las transformamos para llevarlas arriba del escenario, son una caricatura.”

La murga es género que se inscribe dentro de lo coral, teatral y musical, pero también incorpora elementos de la literatura, las danzas, un gran labor artístico de maquillaje y vestuarios y porque no, también del cine. Detrás de las canciones, se narra una historia.

En esta ocasión, el principal protagonista es Julio. Él nació en su casa, y nunca se animó a salir de allí. En su largo auto-encierro, convive y disfruta de la compañía de sus ratas murgueras, y también de su madre, una mujer mayor con un fuerte carácter y latente pulsión erótica, que intenta sin éxito convencer a Julio salga al mundo exterior. Julio observa que el mundo no funciona como debería ser, las personas están prisioneras del consumo, por lo tanto pasa su vida estudiando la forma para poder cambiar al sistema. Julio se dedica entonces a pensar teorías superadoras y a arreglar la basura desechada por la sociedad. Gracias a sus convicciones y su gran coeficiente intelectual, se convierte en una figura famosa, de la que todos hablan, y sin embargo, nadie ha visto. Mientras que sus ideas parecieran ser trastornadas y disparatadas, Julio con su gran corazón e inocencia asegura siempre estar bien, y paradójicamente, está libre frente al encierro que presenta la sociedad de consumo.

De esta forma, el repertorio de canciones de Agarrate Catalina toma como eje central la mirada de Julio y su malestar, abordando temáticas que tienen un trasfondo contestatario y anticapitalista. El consumo desmedido, los productos desechables, las modas, las publicidades, los créditos, las funciones de los bancos, la invasión de la tecnología y la pérdida de comunidad son algunos de los problemas que aquejan la mente de Julio. Agarrate Catalina con su actitud inquieta y transgresora, y su eterno amor por el carnaval, nos sorprende una vez más por su excelente humor y originalidad, tanto en la dramatización, las puestas en escena junto al magnífico diseño de sus trajes como también en sus letras que se circunscriben en la cotidianeidad del hombre alienado.

Por esta vez, nos despedimos de Agarrate Catalina quienes ya son un emblema de la murga uruguaya. Continuando con su gira y llevando la alegría de la murga a distitos puntos del mundo se han convertido en los portadores de dicha expresión.

Texto: Elena Nicolay
Fotografía: Gastón Guirao

 

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