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¿Cómo introducirse e interactuar con una realidad que habla por sí sola? ¿Cómo construir imágenes en la diversidad de elaboraciones discursivas?

Andrea Testa es la directora del documental Pibe Chorro (2016) en el que se intenta “desconstruir su propio título”.  La película abre un dialogo con distintos actores poniendo en discusión temas como la violencia y el delito, problematizando el estigma de un “pibe chorro” producto de la construcción social y que afecta directamente a los jóvenes de los sectores más vulnerables. Junto a Francisco Márquez y Luciana Piantanida, es una de las fundadoras de la productora “Pensar con las Manos”, un lugar donde encaran sus películas como un espacio de intervención en la realidad y creando un cine capaz de interpelarnos, movilizarnos y hacer del hecho cinematográfico una experiencia vivida.

En el marco del Festival Tucumán Cine Gerardo Vallejo, Andrea Testa visitó Tucumán para dictar un Seminario de Desarrollo de Proyecto Documental organizado por URE! (Unión de Realizadores Experimentales). La joven documentalista aprovechó para compartir su mirada sobre nuevas formas de hacer cine documental que trasciendan los límites del discurso cinematográfico, impulsando un cine comprometido críticamente con la realidad de su tiempo, que indague sobre las formas estéticas que puedan interpelarlo y que proponga un pensamiento activo con su público.

CPQV: ¿Cómo fueron los primeros pasos en el cine documental?

Andrea Testa: Pibe Chorro es la primera película, es la primera idea que tuve una vez que egresé de la escuela. Había una necesidad muy fuerte de emprender esta película. Esa fue mi manera de encarar el documental, muy intuitivamente, también muy críticamente.

Desde el principio tuve la idea de armar un equipo en el que podamos dividir tareas en el mejor de los sentidos, y juntar esas miradas para armar un espacio colectivo de discusión y de interpelación a la hora de salir a filmar. Pibe chorro es mi primer paso en el cine documental.

CPQV:  ¿Qué características se encuentran detrás de la clasificación de un documental ensayo?

AT: Documental ensayo fue la palabra que encontramos. Trata un documental más libre que pueda jugar con las formas y elaborar un discurso. Valiéndose de diferentes herramientas cinematográficas, como un espacio donde la voz del autor o narrador prevalezca, no por su verdad, sino porque claramente la película es un fragmento de partecitas y ahí está la mano de este autor que va haciendo dialogar las partes. Por eso es muy importante la presencia del montaje en este documental ensayo.

Ir generando sentidos en esa tensión entre el armado de las secuencias más allá del plano específico. Las unidades que van superponiéndose unas a otras también van profundizándose. No hubo un lineamiento cronológico o de sentido previo a ese momento de montaje donde teníamos muchas unidades distintas y teníamos que encontrarle su lugar. Y también ensayo en apelar en una posición activa de aquel que ve la película. Construirlo con él. Creo que esto también permitía esta clasificación de documental.

CPQV: ¿Y hay más libertades para los procesos de construcción narrativa también?

AT: Si mucha libertad, y también caos. No es una libertad liviana, sino también la posibilidad de todas las formas posibles. Hubo muchos momentos caóticos y preguntas como: ¿Para qué esta película? ¿Qué hace el cine ahí? ¿Qué hace el arte ahí? Eso caótico era bastante profundo. También el momento de decidir que filmar, a quienes también, y nos fuimos llevando por la corriente. Y en esa búsqueda íbamos encontrando respuestas. No teníamos personajes, ni espacio, ni discurso armado. No fue solo encastrar las partecitas, si no la medida en que van dialogando esas partes que estamos filmando. Nos dijeron que si es una película que habla de violencia tiene que ser violenta, y eso fue clave para desestructurar todo y volver a empezar. Un poco la idea de hacernos cargo de lo que tiene que transmitir la película.

CPQV: En el documental, las personas que se conforman como personajes no pueden eludir su rol de actores sociales y políticos cuyos aportes plantean los espacios de discusión de la película. ¿Cómo fue que te vinculaste con dichos actores y decidiste finalmente trabajar con ellos para la película?

AT: Fue difícil. Había distintas ideas que tenían que estar, el arte como espacio de reflexión e intervención, la ley, lo académico. Estas ideas se me venían en forma de conceptos que después tuve que ir buscando en el campo. Hay ideas fijas que tenían tanta fortaleza que continuaron, otras que fueron decayendo. Pero si me parecía que tenía que hablar el mundo adulto desde espacios de acción aunque estén sus contradicciones ahí desnudas. Personajes que permitan que eso suceda.

En una charla sobre sistema penal y jóvenes, apareció Gustavo, cuyo rol y posturas ideológicas le presentan contradicciones. Gustavo es un abogado que lucha para darles la libertad a chicos que no son punibles y sin embargo se encuentra con pibes que quieren estar ahí porque no tienen para comer afuera o ir a la pileta. Derechos de alimentación, recreación y educación de los cuales están privados. Me parecía muy interesante su postura. No seguimos indagando en los aspectos de la ley porque él ya nos daba un paradigma interesante de abordar la temática de los jóvenes y lo que implica el estigma de el “pibe chorro”.

En cuanto lo académico, conocí un seminario con docentes el cual aparece para poner en palabras lo que es este sistema penal.  Un sistema penal que es selectivo y que existe para generar dolor. ¿Por qué eso sería una salida para la reinserción?

Los actores fueron apareciendo en el camino, y lo que no apareció quizás es la forma.  Cuando me preguntaban: ¿cuándo termina la película? Quizás podría haber continuado e incorporar otras temáticas pero en un momento uno tiene que decir: hasta acá llega. Es como que te tiras al mar y en ese mar enorme vas armando el camino para llegar a la otra orilla. Es azaroso, pero también se toman decisiones. Las decisiones te van llevando a lugares que no sabes, algunos te sorprenden más, otros es lo que esperabas.

CPQV: ¿Cómo manejaste los tiempos que demandó realizar este documental?

AT: Ser muy paciente. Yo estaba paciente, tuve que contagiar esa paciencia también al equipo. Yo desde entrada pensaba esto iba a tardar cinco años. Intentaba tener esa dimensión, y la posibilidad de pensarlo así me permitió no correr ni apresurar nada. El tiempo es muy difícil porque hay momentos en que perdés energía, perdés fuerza, estás perdido. Pensás que no vas a conseguir algo como la financiación, que permita hacerlo y también que considere tu trabajo. Son un montón de obstáculos en ese tiempo que pueden aparecer, pero cuanto más acompañada estés más fácil lo vas a poder atravesar. El tiempo es necesario para todo, para lo productivo, para el pensamiento y para ir encontrando la película.

CPQV: “Pensar con las manos, un espacio de intervención en la realidad capaz de interpelarnos, movilizarnos y hacer del hecho cinematográfico una experiencia vivida.” ¿Qué más podes contarnos de esto?

ATLo importante es no pensar que portamos la verdad, aunque estemos convencidos de nuestro lugar y nuestra mirada. Pensar así implica que hay algo que no está resuelto, que hay una tensión que permite injustamente que haya gente que pase situaciones de extrema vulnerabilidad y de opresión de su propio ser. Entonces el cine quizás permite poder recortar esos momentos donde eso sucede y plasmarlos en pantalla para ponerlos en discusión colectiva. De esa forma estamos haciéndonos responsables de lo que pasa y de la realidad que nos atraviesa. No podemos pasar por alto esos acontecimientos. Existe una lucha también simbólica dentro del campo cinematográfico, se crean imágenes que provienen de la televisión pero también de un cine que baja una ideología clara solapada en la idea del entretenimiento. Baja una forma de concebir al mundo y como tenemos que actuar. Y eso es una lucha ideológica y simbólica de las imágenes. Poner el cine al servicio de algo que va más allá. Siento que es una forma abierta, una experiencia donde nos permitimos esos espacios de tensiones, de dudas, de preguntas pero que a su vez nos conecta en una discusión con el otro. Mucha gente que ha muerto y ha desaparecido por querer transformar este mundo ¿por qué nos olvidamos de la necesidad y la urgencia de querer cambiarlo? Quizás nosotros, nuestras generaciones, necesitemos poner esas palabras en la escena política, en las calles, en las pantallas, en donde sea.

 
Entrevista realizada por Elena Nicolay.
Fotografía: Facebook Andrea Testa.
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