Conociendo a: Camila Plaate

“Anhelo que salariar nuestros trabajos como teatreros independientes tenga un acceso más simple”, afirma la actriz protagonista de la obra “…Que pase algo (título en proceso)”, que también llegó al cine nacional de la mano de “El motoarrebatador”, dirigido por Agustín Toscano

Con su sonrisa, mezcla de inocencia y sensualidad, Camila Plaate ha conquistado las miradas del teatro de este último tiempo en Tucumán, e incluso de las del cine también.

Siendo la última de entre cuatro hermanos, Camila, de 21 años, viene de familia de artistas -músicos y teatristas- y eso se nota en su talento y su inmensa pasión por lo que hace, que es producir teatro, y actuar, desde la manera más sincera y dedicada que puede. El empeño que le puso a su formación desde hace un par de años  ha cobrado frutos en las producciones que logró poner en escena en el 2017. Ha estado actuando en dos obras: “…Que pase algo (título en proceso)” dirigida por Sergio “El Negro” Prina, obra que ganó la fiesta provincial del teatro, y en “Las Quietudes” de Carlos Correa. También inició su carrera en el cine, actuando en los largometrajes “El motoarrebatador”, dirigido por Agustín Toscano en Tucumán; y “Margen de error”  dirigido por Liliana Paolinelli en Buenos Aires, ambos trabajos prontos a estrenar.

Luego de un año agitado en cuanto a producción artística para ella, y llena de expectativas profesionales para este 2018, la hemos capturado por unos minutos, y desde Colirio hemos podido charlar un poco con ella sobre este torbellino teatral y actoral que la viene rodeando.


¿Cómo y cuándo fue que empezaste a hacer teatro?

A decir verdad mis primeros encuentros con el teatro fueron pocos convincentes. No dudaba del teatro, pero sí de ciertas formas convencionales en la que se lo presentaba. Estaba a mitad del secundario, con notas muy bajas y conductas malas, quería salir YA de la escuela, y buscaba un teatro opuesto a lo que significaba para mí la academia, las reglas, los tiempos correctos; en este caso mi academia era la escuela. Prefiero decir que comencé a los 16 años en el taller actoral del maestro Raúl Reyes, y fue como dejar contagiarme de una mirada apasionada hacia el teatro.

Conocer el teatro a través de la improvisación fue como tener todo el tiempo la necesidad de correrme de la comodidad, de lo moral, de lo individual. Hay algo en la improvisación grupal de lo actoral que te despierta una atención a la totalidad de una escena: el ritmo, la escucha, la imagen, el campo imaginativo, lo poético, entre otras cosas. Yo creo que en esta época varios entendemos la idea de improvisar, la idea de ser creativos, por ausencia de diferentes factores: la plata, el trabajo, la comida… improvisar tiene algo de eso. No hay textos, no hay acciones fijadas, no hay una puesta en sí armada, no hay marcas. Estas vos, tus compañeros y una cierta idea de base para la escena, y con eso tenés que crear un mundo ficcional. “A actuar se aprende actuando” decían en el taller, eso me gustaba.

¿Cuál de tus trabajos es el más querido y por qué?

Si bien a todos los procesos en lo que estuve los valoro muchísimo, porque siempre me sirvieron para aprender y seguir entendiendo esta locura de la actuación; pero para responder a la pregunta, un trabajo al que le tengo mucho cariño y respeto por diferentes razones es “…Que pase algo (título en proceso)” dirigida por el Negro Prina. Primero porque fue la primera obra en la que actué y eso significa algo genial para mi experiencia como actriz; después porque tengo el placer enorme de trabajar con compañeros increíbles, que son Ezequiel Martinez, Luis Salazar, Fernando Solórzano, Ruth Plaate y Martin Bettella, en la asistencia de dirección. En este equipo todo el tiempo buscamos que la actuación sea lo central en la obra, una búsqueda que significa mucha confianza entre los compañeros y la dirección. Para mí es una obra que está en proceso todo el tiempo, donde en cada función o cada ensayo seguimos encontrando cosas. Ese proceso hace que el trabajo sea muy espacial. “Que pase algo” me hizo descubrir cómo como actriz ser interesante sin casi nada de artificio externo a la actuación, es un trabajo en el que me esfuerzo mucho por ficcionalizar, por mentir… lo mejor es que es un trabajo en el que hay que jugar mucho.

¿Cuál es la diferencia principal entre el trabajo actoral que haces en teatro y el que haces en cine?

Creo que la diferencia principal es donde dispongo la actuación, en qué parte del cuerpo. Pero porque en el cine y en el teatro las reglas de juego son diferentes: en el cine por donde va a ir mi actuación depende de dónde va a estar el plano; tenés que ficcionalizar sólo el rostro, por ejemplo, porque nada más se va a ver. 

En el teatro todo se ve y uno elige lo que quiere que sea visto, por donde quiere enfocar la actuación, o si quiere que este en todo el cuerpo. Aunque esa sea una respuesta en general si tengo que personalizarla un poco más diría que en el cine trato de estar más dispuesta a entrar y salir de la actuación y en el teatro de no soltar nunca la actuación hasta que termine la función o lo que sea que esté actuando en el momento.

Con la obra “…Que pase algo (título en proceso)” ganaron la última fiesta provincial del teatro en Tucumán, y en la misma obtuviste una mención como mejor actriz ¿Qué sentís respecto a esos reconocimientos?

Lo que más alegría me da de que hayamos ganado la fiesta, es el hecho de viajar como actriz y con los compañeros de que “…Que pase algo (título en proceso)”. Me pone muy contenta saber que vamos a conocer otros teatreros y teatreras, poder asistir a seminarios y charlas de actuación, conocer cómo está el teatro en otras provincias del país. Eso es algo que me interesa mucho, es lo que moviliza para hacer teatro, mover la puesta de la obra – que es bastante particular, ya que la mitad es una cocina real y la otra una sala típica de teatro- es un desafío para nosotros. En si aprovechar lo positivo que brinda la fiesta provincial de teatro. Sin embargo anhelo que este placer de viajar y salariar nuestros trabajos como teatreros independientes tenga un acceso más simple para los que nos dedicamos a esta tarea, que conlleva mucho tiempo de dedicación, estudio y trabajo.

Con respecto a la mención, va de la mano de un equipo de trabajo, desde ahí valorizo el reconocimiento. Fue una grata sorpresa y es algo que adjunto a mi curriculum vitae.

¿Qué opinas de la producción escénica tucumana de hoy?

No sé cuál es el tipo de producción que hoy rige en Tucumán. Si observo que hay nuevas producciones, hay nuevos directores y directoras jóvenes, entre ellos destaco los trabajos de Ezequiel Martinez con Lxs Últimxs; Tatiana Valdez con La Celebración; Flora Illuminato con Sudafrica; Alina con Ficción; Cesar Romero con Amar Amando, entre otros; En sus puestas se ven opiniones de la realidad, se ve una búsqueda de poética, lenguaje y de actuaciones, siento que eso le hace bien al teatro, le hace bien no quedarse “estancado” en ciertos tipos de formas, romper ciertos mitos de cómo se hace teatro y qué es el teatro; incomodar al espectador, sacudirlo, para que se vaya a la casa pensando, eso es saludable para cualquier arte. También hay un poco de todo en Tucumán, así como ves estas producciones que parecen jugársela por atravesar el teatro desde otros lugares no tan convencionales, también hay un teatro que se repite hace años en esta provincia y que parece no dejarse atravesar justamente con los años; atravesar su discurso, su criterio político de cómo producir. De cualquier forma a mí me sirve salir a ver teatro, del bueno, del malo, del que no vi nunca; me sirve para reforzar mi criterio a la hora de producir.

Ya cerrando la entrevista le preguntamos a Camila en qué proyectos se encuentra actualmente, después de tantos gratos trabajos que le dejó el 2017. Nos cuenta que sus proyectos para este año son seguir entrenando en el campo actoral, e involucrarse más en el universo del cine. Y dirigir teatro. “Es algo que quiero hacer hace un tiempo, quizás este año le pierda el miedo” confiesa con todo el respeto que, se nota, tiene hacia el teatro.

Por Tatiana Luján Valdez // Fotografía: Paula Ene