Arte y territorialidad: algunas reflexiones para pensar nuestras prácticas desde el NOA

Diálogos que buscan problematizar: charlamos con Tiziano Cruz sobre arte y las implicancias de les artistas que somxs, un poco, migrantes del mundo.

Por Tatiana Luján Valdez


Tiziano Cruz se presenta como artista Interdisciplinar, y nos cuenta que su obra reúne fundamentalmente el lenguaje visual y teatral, la performance, intervención artística del espacio público y la Gestión Cultural en Instituciones públicas y privadas. Pero Tizi, como le digo yo, es también compañero de trabajo. Hace unos años iniciamos Ulmus Gestión Cultural (junto a Valeria Junquera), plataforma con la que llevamos adelante muchos proyectos en el NOA y otros lugares tanto dentro como fuera del país. A partir de ahí nuestros caminos no han parado de encontrarse no sólo en proyectos sino también en nuestro interés por reflexionar sobre cuestiones de nuestra práctica, del arte y la gestión cultural.

Tiziano nació en la Provincia de Jujuy, en San Francisco, Departamento de Valle Grande. Al igual que yo, que nací en El Galpón, al sur de Salta, tenemos en común que crecimos en pueblos pequeños, perdidos entre la tierra, el monte y el folklore, y nos fuimos de nuestras casas, siendo muy pequeñxs, persiguiendo el sueño de ser artistas. Menciono esto porque quizás sirva para entender desde dónde pensamos y creamos nuestro proyectos, tanto artísticos como de gestión cultural. La casa de la infancia, el viento y la tierra del NOA que te pegan directo en la cara y el sol que se te asienta en la piel; los mandatos familiares, la religión, la necesidad de encontrar nuevos horizontes y el deseo de que algo, alguna vez, duela menos haciendo un poquito, apenas un poquito de arte, nos atraviesa el pensamiento, los sentires y las reflexiones.


“El mito de un arte local...” Es un texto que escribió Tiziano, producto de una invitación que le hicieron a participar de una charla sobre arte, y atravesado por todas estas cosas que menciono. Me gustaría compartir aquí con ustedes sus palabras:


El mito de un arte local: manifiesto político para una posible emancipación de la economía del turismo

Nosotros, los del interior de éste país, estamos condenados a ser exóticos, autóctonos, regionales y nacionales, nuestro origen ha sido la prohibición, la persecución, la violencia y la penetración, y aunque parece todo una mera herencia, es algo a lo que aún tendremos que soportar, aceptar que no somos mestizos, sino bastardos, porque no fue una mezcla horizontal, sino obligada, sometida, violenta y clandestina. Desde  hace ya mucho tiempo no hay más territorio nacional, nuestro arte  ya no tiene nacionalidad, somos artistas migrantes en nuestro propio territorio. Los cierres de toda fronteras tangibles e intangibles debido al contexto de pandemia son evidentemente una expresión  desesperada de soberanía.

Muchos de nosotros nos hemos ido de nuestro lugar de nacimiento, en busca de aquello que creíamos que sería lo mejor, huimos de la pobreza, de la violencia o alentados, en muy pocos casos, por nuestros parientes para torcer el destino, es que un Artista comienza su vida profesional cuando tiene la posibilidad social de conectarse con los poderes políticos y empresariales, y que mejor lugar que la propia Capital. Nosotros los Artistas, al igual que el Arte Contemporáneo, hemos desempeñado un papel fundamental que ayudó y que ayuda a consolidar el poder hegemónico, fuimos empleados del capital, somos empleados del capital y seremos empleados del capital.

La democracia nos ha regalado las calles y las hemos cambiado por los museos, los teatros y las galerías de arte, hemos dejado todo, todo hemos dejado, hemos dejado todo, nuestras casas, nuestras familias, a nuestros amigos, a nuestros compañeros, a nuestros vecinos, a nuestras parejas, a todos y a cada uno de ellos. Perdón.  


Tiziano Cruz en su obra Adiós Matepac, 2019. Foto tomada de Facebook 


Estas palabras han desprendido algunos intercambios que tuvimos con Tiziano, vía mail, entre todo el torbellino que significa el fin de año, nuestros trabajos y proyectos, y más en un año tan complejo y atípico como está siendo el 2020. Aún así no quisiera dejar de compartir con ustedes estas reflexiones, que mas que cerrar ideas nos abrieron preguntas que nos invitan a seguir problematizando y cuestionando nuestras prácticas.

Tatiana: “Nosotros, los del interior de éste país” Empieza muy contundente el manifiesto. Y pensaba, a partir de esa frase, que siempre es bien repensar este concepto, cuando  "el interior" somos lo otro. ¿Qué es el "interior" al fin y al cabo? ¿Interior de qué? ¿En relación a qué o quienes? Creo fundamentalmente que cuando hablamos de nosotrxs es necesario emplazarnos, es decir contextualizarnos en circunstancias concretas (no sólo geográficamente hablando), y reflexionar desde nuestras particularidades, pero también es necesario pensar qué ideas perpetúan la noción del “interior”, como si fuera que hay un único centro legitimado; que de hecho lo hay, no lo vamos a negar, pero ¿hay formas de atentar contra eso, correrse, des-centrarse?

Tiziano: “lo que no se nombra, no existe” dice George Steiner, y a través de los años esta frase se completa con  “y lo que se nombra construye realidades”. Cuando yo enuncio “nosotros, los del interior de este país” estoy cuestionando las formas históricas de construcción territorial, en el mundo en el que vivimos pareciera que es imposible pensarse sin un centro,  sin un interior, o sin una periferia. Creo que sí, hay un centro legitimado, y a diferencia de lo que suele hacer el centro, invisibilizarnos, nosotros debemos nombrarlo, cuestionarlo y problematizarlo.

El centro tiene el poder de construir ausencias, y los del interior de este país, integramos esa ausencia, somos una alternativa no creíble, somos descalificados, negados, y considerados invisibles, muchas veces hasta desechados; todo esto que nombro han hecho de mi, de mi familia, y de cientos de personas que viven en la periferia social y económica. El centro tiene tanto poder, que es capaz de instalarse en la periferia. Entonces hay una periferia centralizada, Jujuy lo es, Tucumán lo es,  y cada territorio también tiene su centro, no solo Buenos Aires, y creo que el problema no es solo de esta capital, es un problema histórico y sin fronteras.

En Argentina no somos todos iguales, por eso hay que diferenciarse y nombrarse.  En la lucha en la que nos embarcamos por la igualdad, no podemos dejar de lado la lucha por el reconocimiento de la diferencia.

Tatiana: Tal cual, hay que problematizar. Porque no es una cuestión geográfica únicamente, sino de construcción y legitimación. Y no es que unx aspire a la legitimación (de los mal llamados “centros”) todo el tiempo, pero si necesitamos crearnos nuestras propias legitimidades, apropiarnos y producir desde los márgenes cosas otras, tanto arte, como conocimiento, sentires y percepciones distintas, para poder sobrevivir a las lógicas expulsivas que tanto nos marginalizan. Y no utilizo esta palabra desde un lugar de victimización, sino como vos decís, para nombrar eso que sucede y que no se puede fingir que no, que es que hay prácticas (artísticas, intelectuales, políticas, sensibles, etc.) que están resguardadas para ciertas personas, y el resto (lo otro) somos expulsades, apartades.

Por otro lado me resonó mucho la frase “somos artistas migrantes en nuestro propio territorio”. Me parece que es una idea, además de hermosa, potenciadora. Porque justamente creo que es en el nomadismo en donde se puede escapar de las reterritorializaciones que se puedan hacer de nuestros desacatos artísticos y políticos.

Tiziano: Coincido en que es una idea hermosa, pero también pienso que es muy triste. Siempre que la escribo me produce mucha angustia. Esa frase esconde el dolor de vagar, o ser nómade, muchas veces sin saber donde y sin encontrar a alguien que me tienda una mano, o sentirse inferior o superior para estar en este mundo, y quizás, sin que suene suicida, el hogar o ese momento en que nos sentiremos un poco más calmo y no tener que estar siempre en la retaguardia, sea irse de este mundo, y buscar un mundo donde donde realmente podamos descansar.

Tatiana: Entiendo. Migrar puede ser realmente doloroso y triste. Porque el exilio lo es. Pero pienso que el exilio también puede ser la posibilidad de inventarnos nuevos mundos. Y claro que para que esos mundos sean fértiles la invención tiene que ser una apuesta colectiva. Por que de lo contrario es como vos decís, la soledad y el desamparo del exilio pueden entristecernos (y no hablo de la soledad elegida, que puede ser una soledad política y potenciadora, sino la del abandono). Con entristecernos no me refiero sólo al estado de ánimo, a tirarnos en la cama a llorar, sino a cuando se nos obturan nuestras potencias, cuando se nos imposibilita ser. En ese sentido pareciera entonces que no hay salida, porque muchas veces las circunstancias en donde se encuentran nuestro hogares parecieran despotenciarnos, pero huir puede entristecernos también. Pareciera una trampa. Pero hay que estar atentes. Si hacemos del exilio una fuerza generadora justamente de mundos otros, capaz podamos sortear la tristeza. No digo que migrar no pueda ser triste, sino que pienso en cómo podemos transformar eso. Y en ese sentido creo que escaparle a las fronteras, estar en movimiento constante, puede ayudarnos a que este sistema del horror, violento y expulsivo, no se apropie de nuestras potencias, nuestros deseos de transformación, de nuestras apuestas al desacato.

Tiziano en su tierra natal. Foto tomada de Facebook.


Tatiana: Volviendo al texto, en el segundo párrafo vos decís “Muchos de nosotros nos hemos ido de nuestro lugar de nacimiento, en busca de aquello que creíamos que sería lo mejor”. Y pienso hoy ¿Qué es "lo mejor", no? ¿Qué es eso mejor que necesitamos o a lo que aspiramos o podemos aspirar lxs artistas hoy?

Tiziano: lo mejor o lo peor, siempre va a estar condicionado por nuestro contexto sociopolítico, económico, cultural y tecnológico. Para un artista, muchas veces lo mejor es “el reconocimiento” “el éxito” “los likes y seguidores en redes sociales” “las taquillas” “los viajes y las giras”. Pero esto, “lo mejor”, en realidad no nos permite ver que al único que le hace bien, es al mercado artístico cultural. ¿De qué sirve todo aquello “mejor” si en las noches nos encontramos solos en nuestras casas, sin tener a alguien con quien cenar o contarle qué hicimos hoy para hacer de este mundo un poco mejor? ¿De qué sirve esto “mejor” si en la travesía de conseguirlo todo, nuestras familias siguen siendo imposibilitadas de ser contemporáneas? ¿De qué sirve esto “mejor” si nuestros seres queridos se nos mueren por cada vez que subimos a un escenario o hacemos alguna exposición? ¿De qué sirve esto “mejor” si cuando estamos saludando al público a otro pibe o piba la están golpeando en la calle por pertenecer a una disidencia? ¿De qué sirve esto “mejor” si cuando estamos días y noches pensando una obra de arte, hay quienes no tienen para comer? En un libro que estoy escribiendo le digo a mi madre “yo ya no hago más arte, porque no tengo nada más para decir” .

Tatiana: Así es. No hay que ser ingenuos en ese sentido. Me hiciste acordar a unas palabras que escribí hace tiempo: “El teatro ya está muerto. Pero la guerra nos la siguen ganando a nosotr_s. Putos marginales a quienes matan a diestra y siniestra.  ¿Para qué intentamos, entonces, seguir haciendo teatro?  Salgamos afuera que la vida nos come.  Salgamos a deshacer el teatro, y hagamos vida,  que ya suficiente nos ha quitado la muerte”. En ese momento hablaba de teatro, pero lo pienso en relación a las artes en general. Y quizás puedo sonar muy pesimista a veces, pero en el fondo si creo que hay otros horizontes posibles, y que esos horizontes tienen que ser una apuesta colectiva y disidente. Es difícil, yo lo se, pero no hay nada que me haya salvado mas de este mundo del horror, y que me haya alegrado mas en esta vida, que encontrar compañeras cómplices con las que soñar otros mundos posibles y activar cositas para lograr aunque sea pequeñas transformaciones tanto dentro como fuera del arte.

Por otro lado, cuando hablás de “torcer el destino”, ¿podemos pensar cuál era "nuestro destino" para aquellxs que nos fuimos, un poco por elección, otro poco por expulsión? Incluso pienso ahora, aún a pesar de irnos, ¿lxs artistas podemos cambiar destinos? ¿No terminamos, a veces, dibujándonos otro, ahora que "si somos artistxas"? En el fondo pienso, y es algo que siempre me preocupa ¿Podemos acaso escaparle al ideal porteñocentrista europeizante de artista, con barniz progresista pero que en el fondo es de madera individualista y descomprometida?

Tiziano: Mi destino era muy claro, como lo es para cientos de pibes y pibas: yo debía seguir la historia de mi papá, terminar la escuela primaria como mucho, trabajar la  tierra, incursionar la albañilería, conseguir una mujer a la que pueda cuidar y mantener, entrar a trabajar a una Municipalidad, tener un hijo, nieto, y morir. Esto que digo parece tan arcaico, pero aun en 2020 se sigue pensando que es así. Hay quienes pensamos que hay cosas en este mundo a las que no podemos acceder, y muchas veces desearlo está mal. Como es el caso de la educación, ¿cuántas personas llegan a la universidad pública? muy pocas, y el problema no es ya de la sociedad, sino del estado/gobierno, que falla en sus políticas públicas, que sigue creyendo que por solo agregar la palabra “pública” ya lo es, creer eso es un error.

Tatiana: Si, es muy triste, pero es así. La realidad nos escupe en la cara, a pesar de todos nuestros intentos casi maratónicos de pelearle a esos destinos. Pero de algo tiene que servir habernos ido, ¿no te parece? Un poco a nosotres, un poco a quienes nunca se fueron, pero lo desean. Pensándolo desde el contagio, quiero decir. Desear per sé no está mal, y en muchos casos es necesario y hasta un derecho, como decís vos. Pero también pienso que hay que cuestionar-nos incluso hasta nuestros deseos, para no permitir que se nos impongan como ideas externas a las que se supone que deberíamos aspirar como artistas y como sujetxs políticxs…

Producción Ulmus: Residencia RAV. Wehbi en Tucumán. Foto: Gastón Guirao

Deseo, dolor, potencia política, justicia social y lucha, son los atravesamientos que como artistas sentimos. Estos intercambios de aquí no son mas que una pequeña parte de todo lo que tenemos para reflexionar sobre nuestras prácticas, pero que no queríamos dejar de compartir esta lectura con ustedes. 

Un ejercicio de invitar constantemente a cuestionar-nos como artistas. Y con estas palabras, tal y como lo dije al principio, no pretendemos cerrar nada, sino abrir. Abrir los interrogantes lo más que podamos, a ver qué encontramos en este largo camino del exilio que elegimos, de salir al mundo a decir algo desde nuestros lugares, de ser norteñxs, puto, tortillera, del “interior del interior”, del pueblo campo, y de cada lugar por el que hemos pasado en la aventura que es migrar.

Si quieren escuchar más, Tiziano estará próximamente en la charla “La relación entre Tucumán y Buenos Aires para la escena de las Artes Visuales”, organizada por el ENTE de Cultura de Tucumán, por la semana de las artes visuales; que será virtual y abierta a quienes quieran participar, el día 01 de Diciembre por zoom.

Yo seguiré escribiendo y compartiendo con ustedes cada vez que pueda, con la seguridad de que los espacios de discusión y reflexión son para les artistas más que necesarios.