Las teatreras tucumanas piensan sus prácticas desde una perspectiva de género

Se realizó el encuentro provincial Una Escena Propia, un espacio para pensar las prácticas de las artes escénicas en nuestra provincia. Marina Rosenzvaig comparte su mirada en una síntesis de lo que fue la jornada

El sábado 18 de mayo nos reunimos más de cuarenta teatreras en Una Escena Propia, un encuentro provincial sobre mujeres, disidencias y teatro, en La Sodería, un espacio también dirigido por mujeres y que este año cumple 25 años ininterrumpidos y muy fructíferos de gestión cultural independiente. Este encuentro, eminentemente político, fue un acontecimiento único en su tipo en Tucumán, y se llevó a cabo con el propósito de juntarnos a reflexionar y debatir sobre nuestras prácticas en el teatro tucumano desde una perspectiva de género.

Estuvo motivado por dos Encuentros Nacionales de Directoras Provincianas realizados en Córdoba en el año 2018, y se presentócomo antelación al Tercer Encuentro Nacional que se realizará en Tucumán en el mes de agosto, donde mujeres teatreras de todo el país llegarán a la provincia para seguir juntándonos, pensándonos y accionando en consecuencia.

El debate se desarrolló alrededor tres preguntas centrales: ¿De dónde vienen nuestros saberes de la dirección en la escena? ¿Qué significa ser directora teatral hoy? ¿Qué problemáticas encontramos en la escena tucumana desde una perspectiva de género? Escuchar las voces de las compañeras, conocer algunas de sus experiencias, pensar nuestros lugares de acción y nuestros roles en una larga tradición jerárquica, desigual y violenta, pensar también las prácticas instituidas en Tucumán, así como VISIBILIZARNOS y visibilizar problemáticas de género en el interior de nuestras formas de producción y de acción,aparecieron como cuestiones necesarias y urgentes en las reflexiones expresadas.

Mencionaré alguno de los temas y problemáticas señalados en la jornada:

Una de las cuestiones centrales se desarrolló alrededor de la paradoja -tratada y no resuelta por el teatro independiente o la creación colectiva, desde los años 60 en adelante- entre la necesaria toma de lugares de poder y decisión por las mujeres, como la dirección,todavía tradicionalmente ocupados y delegados a los varones, yla necesidad al mismo tiempo de transformación y deconstrucción dela estratificación jerárquica de roles en la práctica teatral (lo ocupe un varón o una mujer).No bastó con repensar el rol del director/a en estas décadas, una de las hipótesis refirió a la necesidad de crear grupalidades realmente horizontales donde dichas configuraciones y repartija de roles siempre desiguales desapareciera.Pero así también se señaló la importancia de visibilizar el trabajo de directoras y teatreras, y afirmar a viva voz que tomar la palabra es NOMBRARNOS DIRECTORASy que esta puesta en habla se vuelve una decisiva acción política, que debería acompañar además la decisión de ejercer la dirección escénica.

Por otro lado, se afirmó que las instituciones públicas culturales o de teatro tucumanas, en su mayoría dirigida por varones, se viven o se transitan, salvo unas pocas excepciones, de manera habitualmente violenta y opresiva, bajo parámetros machistas o incluso misóginos, pero incluso si esto último no sucediese así sí aparecen como poco democráticas, poco abiertas o no inclusivas, y esto es, como bien lo vienen afirmando los feminismos, característico del sistema patriarcal. Tucumán es un lugar históricamente violento, conservador, católico y actualmente autodeclaradoantiderechos pañuelo celeste, entonces, que estas instituciones se desarrollen de estas maneras no viene a sorprendernos, porque sabemos que los ámbitos culturales no están indemnes de los funcionamientos sociales generales. El teatro independiente se desarrolló en la provincia siempre en tensión con estas formas hechas costumbres, y como contracorriente vale mencionar que muchas salas de teatro independiente están aquí dirigidas por mujeres, e implementan formas más horizontales y democráticas.


En relación a la pregunta sobre los saberes adquiridos, se manifestó que el  tránsito por la carrera Licenciatura en Teatro de la UNT –espacio de formación teatral por excelencia en la provincia- es también muchas veces violento, tanto por las históricasrelaciones siempre desiguales entre docentes y alumnos, como por la tradicional enseñanza de la actuación que revela entendimientos sobre el cuerpo y las relaciones humanas fragmentarios, individualistas, tecnócratas y homogeneizadores. La tradición del maestro/a seguido/a y venerado/a más o menos acríticamente por un/a discípulo/a, por ejemplo, reproduce también las desigualdades y dominaciones mencionadas.

Acompañando los planteos hasta aquí indicados se observa también que se sostienen relatos cuasi míticos sobre el actor o la relación entre actores y espectadores, al seguir afirmando que son el centro de la escena y que tendrían libertad de acción y decisión, esto ocultaría las formas jerárquicas y por lo mismo desiguales de producción de sentido y de toma de decisiones en el teatro. Y desconocería que habría por lo menos dos tipos de obras o procesos de ensayos antagónicos: una que se propone abierta (para dar poder de decisión al actor y al espectador), y otra cerrada de control/sujeción de la escena y los sujetos y donde se prevé todo lo que sucederá de antemano a la función.


Entonces ¿Cómo hacer estos espacios más transitables? ¿Cómo los modificamos? ¿Cómo ocupamos los lugares centrales de acción y los transformamos desde una perspectiva feminista? ¿Cómo transformamos sus lógicas de producción desiguales y coercitivas?

“Iremos aprendiendo y encontrando respuestas con las compañeras”, decía una teatrera durante la tarde de Escena Propia. El “entre”, entendido como el encuentro y los procesos de vinculación afectivos  y donde nos vemos “afectadas y afectamos”, aparecía como posible herramienta o llave central para comenzar a pensar y desarmar las lógicas mencionadas. Sintetizando: visibilizar los conflictos, las desigualdades, las opresiones y las violencias, desandar los mitos naturalizados, manifestar el deseo, ENCONTRARNOS, tomar la palabra y poner el cuerpo en acción disruptiva en la esfera pública, tomar por asalto la calle, las instituciones y la escena.

Hace mucho que el teatro tucumano no se encontraba en instancias de reflexión política como esta, las mujeres teatreras lo hicimos posible en una jornada donde no había cuestiones materiales que defender sino derechos largamente cercenados o invisibilizados. Encontrarse fue en sí mismo un hecho político contundente, y así también manifestar una voz colectiva, por esto también este escrito a modo de breve registro. Este encuentro provincial significó un punto de partida para pensar estrategias y poner en marcha acciones comunes a las teatreras, congruente con una lucha macro que las mujeres venimos llevando a cabo en distintos puntos cardinales y sobre diversas demandas históricas en esta tercera ola feminista. Gracias a las organizadoras, a las asistentes, y deseosas esperaremos el Encuentro Nacional en agosto e invitamos a que se sigan sumando más mujeres hacedoras de teatro.


Por: Marina Rosenzvaig
Fotografías: Tatiana Luján Valdez

Marina Rosenzvaig es teatrera y artista multidisciplinaria. Docente e investigadora de la UNT. Licenciada en Teatro, UNT, Máster en Artes del Espectáculo Vivo, Universidad de Sevilla, y Master in Performing Arts, Universität Frankfurt am Main.