Emilio García Wehbi: "El arte es pura interrogación"

Se presenta como interdisciplinario y autodidacta y arribará a Tucumán para brindar una Residencia de Artes Vivas, destinada a artistas de todo el NOA. Las críticas a su obra y la esencia del quehacer teatral: "El teatro tiene la potencia de expandir sus límites hasta lugares insospechados"

Por Tatiana Luján Valdez
Fotos: Nora Lezano

Provocativas y tenaces, las obras del reconocido artista Emilio García Wehbi se caracterizan porque siempre dan qué hablar. Diversas opiniones, positivas o negativas, se desprenden de les espectadores que asisten a sus trabajos, ya que muy difícilmente éstos produzcan indiferencia. Ubicado en el cruce de los lenguajes escénicos, se presenta como interdisciplinario y autodidacta, características que se pueden ver muy claramente en sus obras.  Conversamos con él para conocerlo un poco más en la antesala de su arribo a Tucumán para brindar la RAV: Residencia de Artes Vivas, destinada a artistas de todo el NOA, y organizada por Ulmus Gestión Cultural, en co-producción con el Fondo Nacional de las Artes.

Sos un artista interdisciplinario que trabaja en el cruce de lenguajes escénicos. ¿Cuál crees que es la importancia de trabajar posicionado desde ese lugar?

Desde mi punto de vista, el teatro nace como un arte híbrido, es decir que se nutre de las materias de otras disciplinas artísticas (literatura, música, canto artes visuales, etc.) que combinadas constituyen lo que podemos llamar "teatro". Por tanto, la transdisciplinariedad está en la esencia misma del género. Sería entonces tonto desaprovechar todas las potencias y herramientas que nos brindan esas artes. En todo caso, la hegemonía del teatro psicológico-naturalista que se gestó hacia fines del siglo XIX y durante gran parte del siglo XX hizo creer que para hacer teatro era suficiente un buen texto y un actor que supiera "encarnar" un personaje. Eso me parece un aburrimiento, un recorte mediocre del género y una estrategia de normatividad que se utilizó para dictaminar lo que se consideraba teatro o no. Las mayorías de las críticas estúpidas que he recibido a lo largo de mi carrera han sido descalificando mi producción con el argumento de que "eso no es teatro", cuando lo que no se advierte es que justamente el teatro tiene la potencia de expandir sus límites hasta lugares insospechados. Entonces, no se trata de un "posicionamiento" sino de tratar de ser fiel al género. Diría que hago teatro clásico.

¿Creés que es posible entrar al mercado del teatro hoy con un discurso de denuncia al sistema, y no caer en un teatro que responda a la hegemonía que se pretende denunciar?

Cuando el teatro -o cualquier arte- tiene una finalidad manifiesta que excede a su esencia intrínseca (el arte no tiene una función más allá que la del propio arte, de otro modo se transforma en una herramienta utilitaria) muestra toda su impotencia y se transforma en un discurso vacío -por lo general bienpensante o bienintencionado-, que genera empatía sólo en una comunidad de mediocres que se alegra al escuchar ratificar sus "nociones progresistas" en bocas de otros y pueden irse a descansar felices y con las conciencias tranquilas. Para mí, el arte es inquietud, confusión, malestar, nunca afirmación ni posicionamiento.

Construir sobre las ruinas de los discursos dominantes es uno de los pilares de tu trabajo. ¿Cuál crees que es hoy la ruina social desde la que debemos/podemos hacer teatro?

La construcción de una poética debe atender tanto a la demanda subjetiva del creador como a su contexto de creación, sin que una degluta a la otra. Está en cada artista decidir con qué pulsiones personales, con qué obsesiones, neurosis o fantasmas debe luchar para encarar una mirada del mundo. Entonces, la dialéctica establecida entre la subjetividad sensible e intelectual del artista y su relación con el mundo debe construir una síntesis (obra artística) que tenga voluntad de dialogar con el otro (espectador) no para imponerle ideología, gusto o deseo personal, sino para descolocar cualquier tipo de afirmación (suya y del público). El arte es pura interrogación. Nos hacemos las mismas preguntas que se hicieron por primera vez nuestros viejos antepasados cuando salían de las cavernas y mirando el cielo estrellado se preguntaban. "¿Por qué hay algo antes que nada?; "¿Qué sentido tiene la vida?"; "¿A dónde van nuestros recuerdos cuando morimos?", etc.



Vos hablas sobre “autonomizar el deseo de aprender” y de “la voluntad de ser enseñado”. ¿Cómo trabajas esa idea en los espacios de formación de artistas que llevas a cabo?

Creo que no se puede enseñar, que sólo se puede aprender. O afinando la idea, que sólo se puede enseñar a querer aprender. por lo tanto un buen docente sólo tiene que activar el deseo del sujeto que está en situación de aprendizaje, del mismo modo en que el niño de tres o cuatro años se pregunta por todos y cada uno de los hechos del mundo, porque necesita apre(he)nderlos. En mi experiencia docente lo que busco es comunicar mi experiencia artística no para imponer un método o una estética sino para que el sujeto en situación de aprendizaje capture, contrabandee o vampirice conceptos y estrategias para tamizarlos luego por su propia subjetividad, reciclándolos hasta hacerlos propios, no copias de un maestro.

También afirmás que el cuerpo es el campo de batalla en donde entran a jugar los elementos de la creación artística ¿Por qué consideras esto? ¿Cuáles son los conceptos que trabajas alrededor del cuerpo para ponerlo a trabajar como un campo de batalla?

En principio, sin cuerpo no hay teatro. Inclusive si hubiese teatro sin cuerpo, la ausencia de este sería justamente su esencia. Todo es cuerpo: materia, pensamiento y afecto. Es casi obvio declarar esto. Por tanto, el cuerpo es el punto de partida y el campo de batalla para pelear hegemonías y diferencias. El arte tiene la potencia de discutir poéticamente las hegemonías impuestas por la religión y el capitalismo desde un lugar lúdico y peligroso que desarme las normativas del pensamiento conservador y acumulador. Y lo hace con el cuerpo. No olvidemos que la palabra dicha también es cuerpo: se trata de aire que sale de nuestros pulmones y al atravesar las cuerdas vocales se transforma en eso que conocemos como palabra, canto o grito. Es una idea o un sentimiento hecho carne. La palabra escrita también es cuerpo. En el grafismo de la escritura, en el pulsado de la tecla está el cuerpo. Y así podríamos seguir con todo.

¿Qué opinas sobre el teatro que se viene produciendo en la actualidad en nuestro país?

Va a sonar como una respuesta petulante pero no lo es (los que me conocen de cerca pueden atestiguarlo), sino es la expresión de la sinceridad (lo que Foucault llamaba "el hablar franco o parresía): hace mucho tiempo que no voy a ver teatro, porque me aburre mucho. Trato de hacer el teatro me gustaría ver y me cuesta encontrarlo. Por otro lado mi mirada está muy atravesada por una práctica (son más de treinta años haciendo esto, entonces cuando voy a ver una obra sólo puedo ver los errores o desatinos (y a veces los aciertos) del director. Prefiero la compañía de un buen libro (hay tanta literatura por leer!), y Dostoievski, Borges o Sebald no fallan.

Por último, vas a estar dictando la Residencia de Formación RAV, destinada a artistas del NOA. ¿Tuviste la oportunidad de acceder a algo de lo que se viene produciendo teatralmente en esta región del país? ¿Qué opinión te merece?

La respuesta se desprende de la anterior, y no se limita a mi desconocimiento de la región NOA si no en general. pero hay algo más. Como podrás saber, cuando formamos el Periférico de Objetos durante los años '90 tuvimos la fortuna de poder viajar mucho. Fuimos constantemente demandados desde el exterior y de forma sostenida -cosa que se repitió luego de la disolución del grupo a partir de mi experiencia personal como artista-, con lo cual mi relación con el interior de la Argentina ha estado un tanto relegada.