Una Escena Propia: bitácora del primer encuentro de directoras provincianas

Directorxs de todo el país se reunieron en Córdoba para hablar y escucharse, y reafirmar que la desigualdad de género es innegable, y que empezar a pensar el Teatro desde el feminismo es imprescindible.

Por Tatiana Luján Valdez
Fotos: Mery Palacios

Cuando decimos que el feminismo es transversal queremos decir que se encuentra en todos los aspectos nuestras vidas. Pensar nuestros espacios de trabajo, nuestras profesiones, nuestros vínculos, nuestros proyectos individuales y colectivos como algo separado de, o en lo que nada tiene que ver el feminismo, es negar que nuestro género incide indefectiblemente lo que vivimos en este cistema capitalista y heteronormado

Hace un tiempo un grupo de teatristas, mujeres y disidencias que ejercen la dirección escénica identificaron que atravesaban problemáticas dentro de su profesión en teatro que no podían pensar solas, individualmente. La condición de mujer o identidad disidente estaba presente innegablemente en su práctica teatral, como así también el hecho de ser provincianas, en relación al lugar de poder que tiene Buenos Aires como capital de nuestro país. Fue por esta necesidad que empezaron a juntarse con otrxs directorxs y en el transcurso de dos encuentros en un año nació la idea de hacer el primer encuentro de directoras provincianas "Una Escena Propia". El 17, 18 y 19 de noviembre de este año, 200 directorxs de todo el país se dieron cita en Córdoba para discutir esa realidad teatral.

Cuanto podía ofreceros era una opinión sobre un punto sin demasiada importancia: que una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, como veis, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela.” Escribía Virginia Woolf al comienzo de su libro Una Habitación Propia, ensayo resultante de la fusión de dos conferencias que debían reflexionar sobre “la mujer y la novela”. Con esas palabras lo que Woolf trataba de decirnos, en ese escrito que luego cobra más importancia por su valor en la teorización feminista que por su carácter literario, es que las mujeres -sobre todo en aquel contexto sociohistórico- para poder producir artísticamente -literatura en ese caso- sólo necesitaba independencia económica y un espacio íntimo, propio. Es este el disparador que toma la primer comisión organizadora de este encuentro, en trabajo con otras directoras de diferentes provincias del país, para nombrarlo. Sin embargo, presumir que las doscientas directoras que nos reunimos en Córdoba por tres días, nos tomamos ese tiempo para discutir sólo acerca de “la mujer y la dirección en teatro” -en nuestro caso- sería inapropiado, ya que no alcanza a abarcar todo lo que se estuvo pensando y reflexionando en el encuentro.


Una de las principales características que tuvo esta primera edición del encuentro fue la escucha. Directorxs de diferentes puntos del país nos encontramos con mucha necesidad de hablarnos y de escucharnos. Resultaba increíble la circulación de la palabra, hecho que se nos ha negado durante tanto tiempo y que por el momento social que estamos viviendo, mujeres y disidencias empezamos a tomar. Sucede también en el teatro, y sucedió así en este encuentro. ¿Qué es dirigir? ¿Cómo dirigimos? ¿Cómo construimos las relaciones de poder en el proceso creativo de la escena? ¿Cómo es la manera de producir que tiene cada una en las distintas provincias? ¿Qué espacios queremos habitar? ¿Qué nos legitima? ¿Desde dónde piensa cadx unx la escena? ¿Cuáles fueron nuestras experiencias? ¿Cómo aprendimos a dirigir? ¿Quiénes son y fueron nuestrxs referentes? ¿A qué material de lectura tenemos acceso? ¿Cómo democratizamos el conocimiento?... Las preguntas eran muchas y las ganas de indagar aún más. ¿Cómo pensarnos desde la dirección, un rol tan complejo de habitar, si ni siquiera sabemos cuándo considerarnos directoras? ¿O cómo desearnos como directoras? 

El rol de la dirección, cuando no es ejercido por un hombre, es absolutamente invisibilizado. Sino hagamos un testeo sencillo: si buscamos en google “directores de teatro argentino actual”, el primer resultado es una lista de unos aproximadamente 50 nombres con sus respectivas fotos de perfil, en las que aparecen solamente dos mujeres. No por que ese sea el único parámetro de búsqueda que tengamos, ni porque efectivamente sean lxs directorxs que existen actualmente, sino como un burdo ejemplo de que si sos mujer o identidad disidente en este cistema, tenés que trabajar el triple o más para llegar a ser reconocidx como tal. Entonces, ¿cómo reconocernos a nosotras mismas directoras en nuestra práctica, si aún cuando muchas de nosotras estábamos escribiendo teatro y dirigiendo a los 30 compañeres de curso en la escuela secundaria, teníamos que hacer una carrera universitaria, dirigir un par de obras y ganar alguna que otra fiesta del teatro o cualquier otro premio legitimador para afirmar recién que desde hace rato que éramos efectivamente directoras? Es ahí cuando vemos que la desigualdad de género es innegable, y que empezar a pensar el teatro desde el feminismo es imprescindible.


Una de las discusiones que más estuvo presente en los tres días, y que se fue problematizando no sólo en la teoría sino también en la práctica, fué cómo construir una dirección en donde el poder no sea ejercido de forma verticalista ni autoritaria, sino que circule de forma horizontal con todo el equipo de trabajo en una obra o proceso creativo. Históricamente el rol de la dirección ha sido entendido como una superioridad indiscutible, que estaba por encima de lxs actxres, técnicxs, y asistentxs, e incluso del proceso creativo, y de la obra en sí. “El director”, desde sus orígenes hombre, ha hecho uso y abuso de ese poder. Entonces, si se nos ha negado ese lugar durante mucho tiempo, por nuestra condición de género oprimido en el sistema, pero ahora que podemos ocupar ese rol, ¿queremos hacerlo bajo las lógicas machistas, patriarcales y violentas? ¿queremos seguir reproduciendo las formas para “igualarnos” a ese género otro, masculino, sujeto de poder de este sistema, que lo ejerce sin tapujos a la hora de dirigir? ¿O queremos construir otras lógicas, lógicas propias, que se entiendan desde nuestro lugar político, y que más tengan que ver con la colectividad, la horizontalidad, y la sororidad que con el abuso de poder? El poder como potencia creativa dentro de la escena es una de las respuestas que más resonó.

También estuvo presente eliminar las lógicas binarias dentro de la dirección y dentro del género en el rol. Por un lado, queremos dejar de reconocernos en el lugar de la dirección autoritaria, la que se ejerce impositiva y verticalmente; o en el de la “directora madre”, la dadora de todas las respuestas, la que asume todas las responsabilidades, la que siempre tiene que tener claridad de todo. Pero por otro, tampoco podemos no reconocernos en el rol delimitado de la dirección. Hay matices entre esos dos extremos, hay variables, hay caminos posibles que estamos deconstruyendo y aprendiendo a reconstruir. No somos “malas o buenas”, “inteligentes o tontas”, “capaces o incapaces”, etc. Somos muchas, diferentes entre nosotras, que con mucho feminismo y amor estamos construyendo otras formas posibles de dirigir -con otras palabras también- como así también otros mundos posibles de habitar. Y en ese camino de deconstrucciones entendemos también que no todo género que se opone al varón cis, son únicamente las mujeres. Eso es algo que claramente todas lo sabemos, pero que si nos resulta imprescindible nombrar y reconocer, ya que hay identidades disidentes que también dirigen, y que construyen este encuentro interprovincial tanto como las mujeres. 


Otra de las principales aristas del encuentro fue la descentralización del poder que se ejerce desde Buenos Aires. Por eso se hizo esta vez en Córdoba, con intenciones de que vaya girando por las provincias año a año. Sin embargo, una cuestión que también se discutió, fue que en cada provincia esa lógica también se repite con las capitales y el interior. Existen en las ciudades o pueblos más pequeños de cada provincia, compañeras que también están produciendo y que se encuentran tan desorientadas como nosotras, pero con la dificultad de que son aún más invisibilizadas, y tienen -muchas veces- menos acceso a la formación, a la información, y a este tipo de intercambios. 

En ese intento de democratización del poder -que tomamos como responsabilidad-, asumimos crear redes para llegar cada vez a más compañeras y más adentro de nuestro territorios. Hacer circular también nuestras reflexiones y sensaciones sobre este encuentro. Difundir el material de estudio y las lecturas de autoras mujeres y otras identidades que no sean varones cis, que son tan necesarias y no forman parte de la formación oficial en espacios ya institucionalizados. Y sobre todo seguir pensándonos. Provincial, regional y nacionalmente. Porque estamos en proceso de aprendizaje continuo, y nada de lo que hoy podamos considerar como correcto o adecuado, creemos que será eternamente así, ya que somos sujetxs fluctuantes, o performáticas si así lo quisiéramos.

Fue así -con estas discusiones y reflexiones anteriormente nombradas, pero con muchas otras mas en las que aún queda por profundizar- que en un acto de resistencia, pero también de rebeldía, directorxs de todo el país hemos salido al encuentro, y hemos vuelto a casa más que movilizadxs. Hemos compartido experiencias y discusiones, pero también emociones, risas, comidas, obras de teatro, caminatas, mates, cervezas, abrazos, y mucho deseo puesto en acción. “Salir por fin a los encuentros que nos harán más libres - es decir, más potentes-, cuestionar lo dado, vivir existencias que perviertan la heterosexualidad como régimen político, sospechar del deseo y así devenir caries en la estructura molar: que se les pudra la boca al mascullar nuestro nombres.” incitan las Manadas de Lobas en “Foucoult para encapuchadas”. Y así fué en Escena Propia. Ninguna volvió a su casa, a sus provincias, tal como llegó el primer día. Y ese fue el primer acto de desobediencia de este encuentro, para con un sistema que nos quiere calladas, sumisas, desarticuladas, individualizadas. El feminismo llegó a todas partes, y al teatro también, no dejo de repetirme con una sonrisa esbozada en toda la cuerpa, revolucionada de encuentro. Porque no quedan dudas de que esta es la manera. Encontrarnos, tejer redes, organizarnos para que el cistema capitalista y patriarcal que produce teatro machista no nos coma, ni nos invisibilice más. Porque existimos: teatreras, disidentes, feministas, provincianas, putas, aborteras, indias, negras, marginales, guerrilleras; y es desde esos lugares que queremos producir y caminar el mundo, y el teatro. O volarlo, o bailarlo, o inventarlo. Es que no hay formas definidas, de eso estamos seguras. Y este encuentro recién empieza.