Paula Maffia: "Desde Buenos Aires tenemos una visión reduccionista del NOA"

Integrante del ensamble Las Taradas, miembro fundadora de La Cosa Mostra y referente musical que da pelea desde el feminismo. Paula Maffia pasó por Tucumán y remarcó que trabajó "siempre desde un lugar super feminista, sororo y disidente".

Por Tatiana Luján Valdez
Fotos: Agostina Pedrini

El domingo pasado se llevó a cabo, en el espacio cultural El Semillero, el micro festival Furia. Una jornada colmada de artistas y músicas tucumanas de primera línea, sumado al calorcito provincial, y las birras que nunca faltan. Coronó la noche la artista Paula Maffía, integrante del ensamble Las Taradas y miembro fundador de la petit de orquesta de rock La Cosa Mostra, quien estuvo presentando temas de su último disco.  Maffía llegó a Tucumán en el marco de una gira por el NOA. En una escapada de fin de semana visitó Jujuy y Salta, y luego del domingo en Tucumán volvía rápidamente a Buenos Aires.

¿Cómo te fue en el paso por las otras provincias?

Bien. Desde Buenos Aires tenemos una visión completamente reduccionista del NOA. También es el relato de las provincias en sí mismo… como “el Norte”. Un especie de mitología. Y llego a Jujuy, que tiene ciertas características. Salta, nada que ver. Nada que ver entre Salta y Tucumán, y menos, me parece, entre Jujuy y Tucumán ¿no? Como que hay más diferencias.

¿Conoces algunas artistas de acá de Tucumán? ¿Qué opinas sobre sus trabajos?

Solo conozco a quienes están alojadas allá, como Maia Tarcic y la música Luciana Tagliaprieta… Creo que sus trabajos son excelentes, no muy distintos a los porteños posiblemente. Digo, no sé si tienen un enfoque regional o autóctono. Son de buenísima calidad.

Contanos un poco sobre el proceso de creación del disco que estás presentando como solista.

Es el proceso de creación de siempre. Me expongo a situaciones y después las hago canciones. No hay mucho más. El proceso es alquimia misteriosa que sucede adentro mío, la fui depurando con los años y tratando de no ser tan víctima de las sensaciones con las que hago música, sino a empezar a generar un método, generar un relato, un discurso, una estética, un dispositivo básicamente, pero… ocurre como la primera vez que hice una canción a mis 15 años.

¿De qué tratan los proyectos en los que estás trabajando en este momento?

Tengo varios quiosquitos. Lo cual me amerita a vivir de la música pero también vivir para la música permanentemente. Creo que el proyecto más conocido es Las Taradas, es una banda, una pequeña orquesta, que busca rememorar el estilo de las orquestas de señoritas de los años 30-40; y hacemos géneros musicales de esas épocas. No nos restringimos a un género, sino a la estética de una época. Y empezamos recopilando canciones de autoras olvidadas, lados b, ese tipo de cosas, rarezas. Y luego empezamos también a incluir nuestras composiciones bajo esa estética. Con Las Taradas tenemos casi ocho años juntas, dos discos editados y un tercero en camino. Como te digo, es una banda numerosa, viajo un montón. Es complejísimo movernos porque somos muchas, en el transcurso de estos ocho años dos de las chicas han sido madres, el equipo técnico es grande. Es complejo. 

Mi proyecto solista, por otro lado, me acompaña desde que tengo uso de composición. Es algo que empecé a desarrollar tardíamente porque siempre desarrollé mi música en bandas. Mi primer banda donde compuse fue, bueno -voy a dejar de lado las de la adolescencia con las que no llegue a grabar mucho- mi primer proyecto fuerte fue La Cosa Mostra que editamos dos discos. Al disolverse La Cosa Mostra, dije bueno voy a empezar a componer con mi nombre porque la gente me busca. Yo toco un montón sóla pero no tengo un lugar donde la gente pueda escuchar mi música, estoy bajo seudónimos de proyectos. Así que saqué mi primer disco, que lo edite en el 2015, ahora estoy produciendo el segundo y también está Boca de Buzón, que es un dúo performático que tengo con una amiga, que mezclamos poesía oral, y música y stand up. Bueno, entre otras cosas, es un poco eso. También salgo mucho de gira en consorcio con Flopa y con Blefari. Esos son algunos de los proyectos que me caracterizan.


¿Fue una decisión política que en Las Taradas sean todas mujeres?

Tendría que definirlo más estrictamente como decisión política... Si, por empezar, todo lo que hacemos artísticamente tiene un filo político. Cuando armamos Las Taradas el proyecto fue como un spin off de lo que hacíamos con Lucy en La Cosa Mostra, lo armamos juntas. Nos dieron ganas de hacer algo distinto, que no nos restringiera al rock. Entonces nos pusimos a hacer géneros musicales anteriores al rock, por eso el límite de época. Yo me base para la estética y el discurso de la banda en los grupos de armonía cerrada de mujeres de los años 30 y 40. Entonces no fue una condición sine qua non que seamos todas mujeres, podríamos ser tres chicas cantando y una banda de chabones atrás... Pero la verdad es que siempre tuvimos a mano colegas tan brillantes, tan increíbles, que no se nos pasó por la cabeza no tocar con ellas. Era impensado no recurrir al talento de nuestras colegas que estaban ahí, a mano. Y siempre preferí tocar con mujeres, eso es algo que me pasa desde muy guacha. Incluso desde antes de autodefinirme como feminista, yo consumo música de mujeres desde muy chiquita. Es una especie de curaduría natural que tuve, no sé cómo explicarlo porque en mi familia no se escucha música... Bueno, en un momento nos dimos cuenta que éramos un montón de mujeres en un ambiente donde no había bandas exclusivamente de mujeres. Estaban las Kumbia Queers, que eran cuatro en ese momento, pero nosotras íbamos a ser ocho… somos ocho, una locura. De alguna manera se volvió una proclama. Y si, cuando lo vimos de esa manera, sí: somos una banda de mujeres. Y ahora estamos expandiendo. Bueno siempre tuvimos una productora mujer, tenemos de las dos personas que nos ayudan a manejar el escenario, la jefa del escenario es una mujer también, muchas veces tuvimos mujer sonidista. Tratamos de que el equipo sea lo más femenino y/o disidente posible.

Entonces si es político…

Claro, pero el estandarte de somos una banda integradas por mujeres y disidencias, así como si fuera una pancarta se generó después de la realidad, de la voluntad y del deseo natural y genuino de juntarnos entre mujeres.

Claro, lo político está en el hacer…

El hacer fue siempre desde un lugar súper feminista, sororo y disidente. Agarrábamos boleros y reinterpretábamos la letra para que una mujer le cantara a otra mujer, por ejemplo. Pensábamos cómo visibilizar ciertas cosas que estaban de alguna manera invisibles. Ahí sí nos metimos políticamente con ciertas cosas, pero también nos gustó naturalizar el hecho de que éramos mujeres y no que sea como: bueno, nos juntamos entre mujeres a hacer una banda de mujeres. Porque suena un poco como a premio consuelo. Y no. Nos juntamos porque somos las mejores músicas que vas a encontrar en Capital. Admiro a todas mis compañeras. Por eso nos juntamos, porque somos valiosísimas. Somos mujeres, y por eso en gran parte somos valiosísimas, pero también somos valiosísimas como músicas que nos entrenamos a esos fines. No es que bueno: necesitamos a una mujer que venga a reemplazar… no, hay abundancia. No es algo tirado de los pelos desde el discurso. Desde la acción buscamos una banda de calidad increíble, donde todo el mundo pudiera ver que las mujeres tenemos una orquesta impresionante. Y creo que lo logramos. Y eso también lo podemos sustentar con un discurso.


¿Cómo ves el fortalecimiento del movimiento feminista de lo últimos tiempos y lo que se refleja de eso en el ambiente artístico y musical?

Mil horas te puedo responder sobre eso. Yo creo que las mujeres en el ambiente de la música es algo eterno ¿no? El tema es que la gilada se está enterando hace dos años y medio que hay mujeres en el arte. Es ridículo, como que la gente dice: che, ¿escuchaste a fulana? Claro que escuché a fulana, hace 15 años que toco cerca de ella. La gente sigue sorprendida como si fuéramos una novedad, como que este es el año en que se inventó la mujer. Es ridículo. La mujer en el arte siempre estaba presente, pero se visibilizó a través del seudónimos del hermano, del marido. Muchas veces tuvo que usar un nombre falso, muchas veces no pudo ejercer su arte. Puntualmente a tu pregunta, este año en vísperas de juntar firmas para el 3 de junio, la primer gran cumbre verde; con Las Taradas venimos acompañando a la Campaña ya hace ocho años, desde el año uno estamos tocando ahí para las pibas con todo el amor del mundo. Siento que la Campaña fue cobrando una visibilización y un peso político importantísimo; y además tuvo un despertar de los derechos del cuerpo y el poder levantar la bandera del deseo y del placer y de la hegemonía de nuestros propios cuerpos. Me parece que eso es algo que sí, que empezó a tomar fuerza en los últimos tres años. Definitivamente, la fuerza más grande es haber llegado a las generaciones más jóvenes, a estas generaciones de niñas completamente empoderadas conscientes de sí mismas, que además son en gran medida las impulsoras de la visibilización de los abusos que se hicieron sobre muchos músicos del ambiente del rock. Entonces hay dos cosas: por un lado, la mujer en las artes está aprendiendo y tomando fuerza en conjunto, en sororidad y en red, generando una bola de nieve, un movimiento grande, indestructible, valorizándose a sí misma. Muchas mujeres de generaciones más grandes están empezando a cuestionar ese discurso de la meritocracia de “yo llegué acá porque soy buena”. No, llegaste ahí porque sos una excepción. Porque muchas mujeres quedaron en el camino. No debería darte orgullo eso. Si sos buena, pero muchísimas buenas no tuvieron ese aguante, o tuvieron hijos en el ínterin, o tuvieron que sostener un laburo y no pudieron hacer una carrera musical, o no tuvieron tus privilegios; entonces, romper un poco con el discurso meritocrático de algunas músicas más adultas. Generar una conciencia de que no necesitas ser la mejor de las músicas para subirte al escenario, simplemente tenes que ser una piba que quiere tocar. No tenés que ser la mejor para tocar. Porque cualquier tarado se sube a un escenario con un instrumento y hace lo que se le antoja. Pero para ser mina tenes que ser la mejor, y si sos muy buena, el premio consuelo va ser que te digan: che sos muy buena, tocas como un tipo ¿eh?. Entonces, estás en la inmanencia, todo el tiempo estas retenida, no hay manera de que puedas crecer. 

"Yo creo que las mujeres en el ambiente de la música es algo eterno ¿no? El tema es que la gilada se está enterando hace dos años y medio que hay mujeres en el arte. Es ridículo, como que la gente dice: che, ¿escuchaste a fulana? Claro que escuché a fulana, hace 15 años que toco cerca de ella. La gente sigue sorprendida como si fuéramos una novedad, como que este es el año en que se inventó la mujer. Es ridículo. La mujer en el arte siempre estaba presente, pero se visibilizó a través del seudónimos del hermano, del marido"

Lo que sucedió entonces por un lado es que las mujeres músicas, y varias disidencias que conforman el colectivo de mujeres músicas, nos dimos cuenta que podemos ser una fuerza política en una disciplina que está yerma de discurso político. No hay discurso político en la música. Especialmente en el rock. El rock está dominado por una lectura de industria ya vieja, la industria se está desmoronando, los tarados que llevan la bandera del rock fueron destetados tardíamente entonces se creen ídolos. Son pelotudos con anteojos negros en un boliche oscuro, que se creen los ídolos. La mayoría son abusadores, nos estamos dando cuenta, o sea que lo único que hicieron fue ostentar poder sobre las pibas. Entonces, las mujeres por primera vez estamos empezando a generar un discurso político dentro de la música, en general después muchísimos años porque pienso que, posiblemente la actualización del cancionero del folklore de los años 60 puede haber sido un movimiento político muy hermoso, el rock en el comienzo de los 70, machista pero también un movimiento político, después no hubo… Después el rock se dedicó a ser una propuesta estética que acompañaba la política de turno, no contestaria casi. A diferencia del teatro que si es una fuerza política, indiscutible al punto tal que la gente de teatro al comienzo de año lograron destituir a Lopérfido. Las actrices son las que comenzaron con el tema de las firmas. Hay una autoridad que tienen las actrices que es impresionante, que ojala las músicas podamos inspirarnos en esa fuerza que tienen como disciplina; y mientras tanto, los varones se están cuestionando un montón de privilegios, como por ejemplo: no podés abusar a una mujer, básicamente, entérate.

Es increíble. Las minas estamos impulsándonos, como por ejemplo, ahora se presentó un proyecto de ley para que haya un cupo mínimo de 30% de mujeres músicas arriba de los escenarios. Estamos organizándonos como fuerza política, generando manifiesto, generando por primera vez organizaciones de música en distintos lugares del país para generar una red para federalizar la música, algo que no se generó en el rock y no generaron los varones todavía. Hay un montón de propuestas increíbles de buscar transversalidad, horizontalidad y redes sororas muy inspiradas obviamente en cómo funciona el feminismo, cómo funcionan los encuentros de mujeres, cómo funciona el Ni Una Menos, como se generan las marchas espontáneas que hacemos cada vez que nos tocan a una de nosotras o hay un transvesticidio, como una organización espontánea masiva a través de las redes virtuales específicamente. Por suerte generalmente sin banderas políticas. Hay una consigna pero no hay una bandera partidista. Y todo eso que aprendimos del feminismo se está llevando a la producción de arte. Ahí es como cierro esta pregunta interminable, de cómo la música y el feminismo ahora están haciendo emulsión.

Con toda esa energía feminista y con un análisis bastante acertado de lo que viene generando el movimiento de la marea verde en el ambiente artístico y musical, cerró su entrevista Paula MaffÍa. En el patio de tierra del Semillero donde más tarde cerraría la noche con su guitarra, bajo el árbol del final, en ese ambiente comunitario y acogedor que se generó en la casa, por todas las artistas y compañeras que coparon el espacio para encontrarse y escucharse entre ellas.