Lecturas Tucumanas: "La novela perdida", de Horacio Elsinger

"El viejo" sufrió un infarto y la novela a la que dedicó tantos años de su vida desapareció de la redacción del matutino Noticias. La bohemia tucumana, los bares, la conexión con su hijo -nuestro relator- y la vida en nuestra provincia en los 70' son los ejes de esta novela de acá

Nunca se develó quién dio la orden, si fue un accidente o hubo malicia. Pero cuando ‘El viejo’, Alberto o “El flaco’ –dependiendo de su interlocutor- sufrió un infarto en la redacción del matutino Noticias, la novela a la que había dedicado tantos años de su vida desapareció antes de que recibiera el alta médica y regrese a su lugar de trabajo. Esa oficina era un verdadero desorden, ya que era también circunstancialmente la habitación de “El viejo”, cuando la vida bohemia que llevaba lo encontraba más cerca de la redacción que de su casa en la madrugada tucumana.

Es el hijo de “El viejo” quien oficia de narrador en el libro de Horacio Elsinger y se encarga de explicarnos el origen y devenir de “La novela perdida”. La novela en cuestión narraba la historia de Miguel Ángel Varela, un obrero de los ingenios azucareros tucumanos y sus planes de ir a la huelga general junto a todos sus compañeros. Transcurrían los 70’ cuando se perdió la novela, ambientada 50 años por motivos netamente políticos.

La vida de Varela está atravesada por la atemorizante presencia de “El familiar”, que ‘se chupa’ a obreros del azúcar rebeldes, mientras que en Tucumán de los 70’ se sufren las consecuencias del cierre de los ingenios y la puesta en marcha del Operativo Independencia. Como tantos otros, “El viejo” se había acercado a la izquierda en su juventud, pero se desencantó de la política y principalmente del peronismo, “fuente de todos los males que aquejaban a estas tierras”. En su novela, la vida de los trabajadores no estaba atravesada por la organización gremial que impulsó el peronismo en la Argentina.

Mientras sus hijos se iniciaban en las filas de la izquierda revolucionaria setentista que enfrentaba el avance de la dictadura, era justamente la lectura y corrección de “La novela perdida” lo único que lograba acercarlos, además de las charlas de bares en las que llegaron a compartir largas horas discutiendo de arte y política. La vida bohemia de “El viejo” lo llevó a compartir esas noches con sus hijos y sus compañeros.

“La consulta entonces era una manera de acercarnos, de estar juntos a través de la literatura, y atenuar los desacuerdos que teníamos cotidianamente sobre la realidad política del país y que más de una vez nos había llevado a acaloradas discusiones en los bares”, detalla el hijo de “El viejo”. De ahí el valor de “La novela perdida” para nuestro narrador.

Las ilustraciones de Ricardo Abella acompañan cada instancia de la carrera contra el tiempo de “El viejo” en su lucha por reescribir su “novela perdida” una vez que obtuvo el alta médica. Los bares de la ciudad, que ya no frecuentaba, las esquinas de la plaza Independencia y el calor de los 70 viven en la novela de Elsinger, que en cada oración describe una tensa relación padre – hijo, con la literatura y la bohemia, desde distintas perspectivas, como gran punto de encuentro y hasta de afecto, a la manera de “El viejo”.

Por Santiago L. Sibaja Ruggeri
Fotos: María José Valdez

Ingenio La Corona, Concepción