La Tertulia Marika se apropia del insulto y rinde homenaje a su historia

Lúbrica Libros y Gato Gordo Ediciones rinden homenaje a maricas que abrieron espacios en Tucumán. ¿Por qué marica y no gay? Las políticas queer y la relación con lo hétero

Por Tatiana Luján Valdez

En Tucumán no son muchos, todavía, los espacios culturales y/o bares que atiendan a la demanda del público LGTBIQ. Sin embargo, la editorial “Lúbrica Libros” se puso como objetivo generar un espacio de resistencia artística, pero también festiva, en donde lxs cuerpxs disitentxs puedan encontrarse, sentirse cómodxs, disfrutar, compartir, y como quien dice: hacer la revolución bailando. Fue así que nació la Tertulia Marika Literaria, con cita en el Bar Autogestionado y Cultural Pangea; un evento que ya tiene su tercera edición, llena de literatura, música, festividad, y -como nos explican respondiendo a dos voces sus organizadorxs: Fabricio Jimenez Osorio y Patricio Dezalot- toda la mariconada que caracteriza al colectivo.

¿Qué es la Tertulia Marica Literaria?

La Tertulia Marica Literaria Itinerantah es un evento que organizamos desde Lúbrica Libros y Gato Gordo Ediciones. La idea transversal entre todas las tertulias es recordar a maricas que hicieron de este Tucumán un espacio interesante para nosotras, que se inscribieron con su presencia en la historia de la provincia… y están todas muertas. Tomamos a maricas recientes como Juan José Hernández, Osvaldo Fasolo, Rodo Bulacio, Víctor García y Guillermo Storni, y otras más antiguas como Gabriel Iturri. Todas rescatadas en una investigación que hicimos hace un tiempo para la revista La Cascotiada en su número 2. La primera tertulia fue introductoria, dedicada a recordarlas juntas, una “Apología de nuestras santas”; la segunda fue un Elogio a Juan José Hernández. Esta tercera se la dedicaremos al escritor Osvaldo Fasolo.

¿Qué hay en sus tertulias?

Mucha fiesta hay. Con recital de poemas, a veces de manera performática. También hemos tenido stand up, lipsync, proyecciones de porno no-heterosexual y posporno. Un consultorio de tarot, siempre a cargo de Indigo Tutty. Y nuestro stand de libros con novedades de Lúbrica Libros y Gato Gordo Ediciones, que muchas veces es compartido con emprendedoras amigas, como es el caso de Meiko Diseños, y Griselda Arué Ocampo con sus dibujos.

Entendemos que la conducción es un rol importantísimo para cada tertulia, casi tan central como lxs artistas invitadxs, por eso solemos convocar a maricas con mucho taco andado en la escena del teatro local. La conductora de turno también es una estrella. Cada una le ha aportado su gracia y su magia a la tertulia que le tocó. Hasta ahora hemos contado con Guillermo Katz, Jorge Pérez Lucena, y en la que viene, con Kikín Diaz.

¿Qué temas tocan en las tertulias?

Temas que atraviesan a las disidencias, pero desde una posición siempre desdramatizada, vitalista, celebratoria. Poliamor, posporno, dragking, Grindr y otras redes de yire, sexo entre amigxs, esoterismo, travestismo.


¿Por qué es “marica” y no gay?

Porque nos reapropiamos del insulto “marica”. Nos construimos como maricas y no como gays porque consideramos que hay que correrse de ese lugar: hoy en día lo gay está asociado al culto a la masculinidad, a la plumofobia, el racismo, el clasismo, la gerontofobia (el odio a los putos viejos), la gordofobia, la serofobia y una larga lista de etcéteras. También muchos gays hoy en día empatizan con las políticas neoliberales y neofascistas, como los gays macristas o bussistas de Tucumán.

Por la positiva, asociamos lo marica a la búsqueda de otras libertades como derecho al aborto, la lucha por los derechos de personas seropositivas, la legalización de las drogas recreativas y el trabajo sexual. Pero sobre todo por nuestro vínculo con las tortilleras y nuestro agradecimiento infinito para con sus feminismos, poderosísimas herramientas que nos regalan para pensarnos, que a la vez que nos cuestiona, también nos hermana y nos vincula.

En ese sentido nuestro marica es también cuir. “Queer” es un insulto en inglés que quiere decir “raro” y que se lo utiliza para los gays, las lesbianas y lxs trans. Es un insulto relacionado a la identidad sexual o de género de alguien. Como aquí no usamos “raro” con esta idea, ni tenemos ningún insulto equivalente, lo más cercano a eso es un conjunto de insultos: “queer” sería equivalente a marica-torta-trava, como dice Paul Preciado.

Algunos nos han criticado que el evento sea “marica” porque hoy en día, dicen, hay que ser “queers”, “no hay que ponerse etiquetas”, “hay que ser diversos”, “no hay que autodiscriminarse”, etc. Lo curioso de esa crítica es que siempre se la hace para que se sienta cómoda la gente hétero-cis en nuestros espacios. Es una crítica cis-heterocentrada, y nunca mejor dicho, pero que parte de la popularización de un malentendido sobre qué es “lo queer”.

¿Por qué dicen que se lo malentiende?

Se malentiende lo queer en dos sentidos: por un lado, dicen que es no-identificarse; por el otro, que es identificarse con todo. Pero entender lo cuir así, tan naif, es tener una máquina de producir obligaciones: tenés que ser gender-fluid y tenés que ser bi/pansexual. De hecho, decirle a una marica, por ejemplo, que sea pansexual es, a la vez, decirle que no sea lo que es, porque en el fondo se piensa que ser marica está mal. Y eso es bastante homofóbico.

Por otro lado, nosotras pensamos que etiquetas tienen los frascos de mermelada, algunos más finos y otros menos. Así que aquí en todo lo que hacemos no es etiquetarnos: nosotras nos nombramos, como dice la activista lesbiana fabi tron. Nombrarnos lesbianas, maricas, trans, travas, tortas, gays, etc. no está mal. Construir y apostar a esos modos de vida está bien, no está mal. Especialmente porque sí existen y existen nuestras comunidades, damos lugar a nuevas formas de vida, inéditas, impensadas.

Entonces, por la positiva, ¿Qué serían las políticas queers?

Las políticas queers serían políticas que sí parten de un “antiescencialismo”, una filosofía de apertura, de invención permanente… pero que saben, que entienden que no se crea nada de la nada. Queer no es un “no-lugar”, no es una “no-identidad”, es una política de corrimiento. Lo queer no tiene que ver con obligaciones de ser, tiene que ver con posibilidades de ser, con habitabilidades. No niega las identidades, las critica desde adentro: el feminismo queer nació como una crítica al feminismo blanco, heterosexual, cisgénero, de clase media, desde el surgimiento de los movimientos de negras, de lesbianas, de chicanas.

Lo cuir es crítica, pero no es negación, no es borramiento ni anulación. Las políticas cuirs plantean un “correrse” permanentemente, crear nuevas comunidades, modos de vida y redes afectivas que cuestionen las existentes. Nosotras, por ejemplo, criticamos lo gay a través de lo marica, del arte, de la cultura, buscamos crear manadas maricas, y eso es una política queer.

Lo cuir es, a la vez de construcción comunitaria, una alianza política entre comunidades raras, apartadas, deslegitimadas, estigmatizadas. Nos gusta igual decir “políticas cuir”, como propone la mexicana Sayak Valencia, con “cu” de culo, porque culo tenemos todas y somos sudacas, así que in espanish plis.


Por último, ¿qué opinión tienen sobre incluir hétersexuales a tus tertulias?

El mundo es heterosexual. Las que reclamamos espacio en este mundo somos nosotras con eventos como este. Nosotrxs no tenemos que hacer aperturas a los héteros, muy por el contrario: los héteros tienen que hacer aperturas en sus mundos, no intentar cambiar los nuestros. Hay algo muy interesante que dice la comediante Hannah Gadsby sobre esto: ellos tienen que atravesar un poquito la incomodidad que hemos sentido nosotras toda la vida, hacerse cargo de esa tensión que su mundo nos ha generado. 

Sobre eso de la pedida de temas, vimos que en la primera tertulia pasó algo…

El espacio completo está pensado de manera muy maricona. Dentro de eso está la propuesta delx DJ de la fiesta y la de visuales, que se mantienen toda la noche. Sucedió que se acercaron repetidas veces a decirnos qué temas teníamos que pasar (lo que es muy distinto a pedir un tema). Querían cambiar la música. Una compañera en particular, a pedirnos que pasemos “Rodrigo”. Ahí nos dimos cuenta de que no sólo había desconsideración para con el trabajo de DJ (como si fuese un reproductor de YouTube o Spotify), sino también la falta total de empatía con la música que adoramos las maricas. Como no se tiene en cuenta que el trabajo de unx DJ no deja de ser una propuesta o una obra (como la de cualquier plástique o teatrere), con un criterio y hasta con ensayos, como en cualquier otra forma de expresión artística, pasan cosas así.
Pero más allá de ese respeto común hacia una propuesta artística en general, está la particularidad de la dominación heterosexual: quiénes se nos acercaron a pedir que cambiemos la música, eran pakis, eran heterosexuales-cis haciendo una interpelación heterosexual. La música en una fiesta es un espacio de poder, y querían a toda costa tenerlo, aunque sea por un instante ganar ese terreno. Y no desconocían dónde estaban parados, era algo intencional. Querían imponer lo que formaba parte de sus referencias culturales como “populares” (populares para ellos) y tratarnos de “antipopulares” (nuevamente: para ellos). ¿Por qué unas maricas tienen que pasar en su fiesta un hit heterosexual machista que no va con su propuesta? Y esto lo decimos porque, por ejemplo, Rodrigo no fue ningún feministo de devoción, a Marixa la fajaba bien seguido.

Y hubo una cuestión muy zarpada, un insulto: la compañera dijo que éramos unos “machirulos” si no le pasábamos el tema de Rodrigo que quería. Una feminista cis-heterosexual, avanzando sobre un espacio marica, insultando, queriendo imponerse. Eso no está bueno. Estos son nuestros espacios y cuesta construirlos. Y los necesitamos, tienen mucho sentido, porque las fiestas como espacios de libertad del cuerpo son espacios de resistencia.

Sobre esto, sabemos que los varones hétero no tienen cabida en las tertulias…

Ha pasado algo curioso con las devoluciones sobre la tertulia anterior. Por un lado algunas compañeras tortas nos han cuestionado que abramos el escenario a compañeras mujeres hétero-cis, y por el otro algunos gays nos han cuestionado que no abramos el espacio a varones hétero-cis.

Las maricas tenemos una relación con las mujeres hétero cis en nuestras vidas que es distinta a veces de la que tienen las tortas con ellas; desde pequeñas, en edad escolar, muchas de nosotras preferimos el vínculo con mujeres antes que con varones, y esto nos permite transitar un poco menos solas esa parte. Y de grandes ya comienzan a participar de nuestras vidas de otra manera, a veces como mariliendres (como mujeres que gustan de juntarse o tener amigos gays o maricas), otras como pajareras (mujeres que se enamoran de maricas y generalmente no son correspondidas) y algunas se hacen grandes mujeres-puto, divas irreverentes y arrogantes, y somos nosotras las que queremos estar cerca. Nuestro vínculo para ellas muchas veces es un vínculo consejero, confidente. Esto no pasa con las tortas y las hétero, donde las mujeres hétero-cis son muchas veces lo que los varones hétero-cis para nosotras.

Y lo segundo tiene que ver con la discusión anterior sobre lo queer. Quienes nos han pedido que los varones paki puedan habitar nuestros espacios protagonizando algo -el escenario- o alivianando las tensiones (con la música, con las visuales, con el contenido…) han sido siempre gays masculinos, lo que nos hace pensar que hay ahí una complicidad patriarcal. Ellos son los que mejor se han camuflado, han participado de la sociabilidad masculina muchas veces en el placar por muchísimo tiempo, por ende los que menos problemas han tenido con los varones hétero, menos traumática la relación con los varones pakis de sus familias. En esa lectura que hacen ellos sobre “lo queer”, de que “queer” es incluir a los varones pakis, hay una falta de empatía con las maricas y con las mujeres, ya que no todxs tuvimos esas experiencias, no todxs podemos sentirnos cómodxs con la presencia de varones paki. Quizás si tuvieran esa misma empatía con nosotras y no con los varones hétero-cis, no estaríamos hablando de esto.

Todo esto no quiere decir que los varones cis-heterosexuales tengan negado el ingreso a las tertulias, porque no les vamos a pagar con la misma moneda, no vamos a hacer lo que ellos hicieron con sus espacios hasta hace unos años atrás con las maricas, o lo que siguen haciendo actualmente con las travas. Pueden venir si quieren, pero no les vamos a dar protagonismo, ni les vamos a explicar o enseñar nada, ni les vamos a pasar su música, ni sus videos. No les vamos a quitar tensiones. Dejarlos estar es hacer demasiado por ellos, y va a depender de ellos si pueden o no aprender algo de esa tertulia o continuar embrutecidos, que, lamentablemente, es lo que tiene más probabilidades de suceder.

Con respuestas llenas de reflexiones cerraron la entrevistas les organizadorxs de esta tertulia, recordandonxs que la cita es este viernes a las 22hs, en Pangea, laprida 289.