Literatura pa que vean: Bajante, de Matias Aldaz

"Entrar en Bajante es salir de la correría de nuestro tiempo alienado y entrar a unos espacios abiertos, donde corre el agua con su ritmo interno, donde de día pega el sol y sopla un viento llevando hojas invisibles por el piso", analiza Luciana Galván

Después de la experiencia realmente novedosa y eufórica de leer los cuentos de “La lluvia cae en todas partes” de Matias Aldaz, llega su primera novela “Bajante”.

La tragedia llega para el compañero de Mercedes y para ella, por azar, una carta que cambia sus días y la llenan de preguntas. La muerte o la inhabilitación temporaria de las personas en un hospital, deja al descubierto para el entorno parte de nuestra intimidad, porque uno no se puede llevar consigo los secretos, dilemas y deudas, que son cosas de este mundo, los deja aquí en silencio, ardiendo o con el fuego extinto, para que los vivos y saludables los descubran y los resuelvan, o solo para que se horroricen.

Cuando pienso en Bajante, se me viene a la cabeza la palabra “búsqueda”. La protagonista transita, viaja, ocupa los espacios, busca respuestas, personas y en ese trajín parece buscarse a sí misma. Encuentros sin demasiadas explicaciones, diálogos y miradas que parecen no decir demasiado, pero que van descorriendo de a poco el entramado de la historia y habilitando nuestras lecturas. Los tiempos del relato son lentos, fragmentarios, cinematográficos, llenos de silencios que no son incómodos, que son vitales y respirados. 

Matías Aldaz, al centro. (Foto tomada de Facebook)

Cada imagen es construida con todos los cuidados pictóricos necesarios para casi estar viendo la historia, oliéndola, escuchándola. El autor apelando a todos los sentidos: “Se abrazan. Patricia tiene olor a champú de manzana en el pelo” dice, y yo, lectora, también estoy un poco ahi.

Mercedes, es Bajante. Mercedes, su cuerpo, su sexo y un intento de ahondar en la sexualidad femenina, que es solo una parcela imaginaria, bastante parcelada desde la mirada masculina, y solo eso.

Mercedes, y la construcción de su pensamiento que se bifurca y entra en diálogos internos, que comienzan y se agudizan con la crisis, haciéndola tomar decisiones que se liberan de mandatos sociales y buenas costumbres.

Entrar en Bajante es salir de la correría de nuestro tiempo alienado y entrar a unos espacios abiertos, donde corre el agua con su ritmo interno, donde de día pega el sol y sopla un viento llevando hojas invisibles por el piso.

Entrar en Bajante, es necesario. Una buena noticia para los y las lectoras.

Por Luciana Galván para Colirio pa que vean