María Mines: “Cada Bienal es un momento de aprendizaje, intercambio y camaradería”

A días del inicio de la 8va. Bienal Argentina de Fotografía Documental, explica por qué este encuentro pone a Tucumán y la región en un lugar centrípeto y centrífugo de la producción fotográfica. La fantasía de no sacar más fotos para sólo trabajar con archivo y la exploración de proyectos grupales

Por Gastón Guirao

María Mines es parte del mundo de la Bienal Argentina de Fotografía Documental desde hace 10 años. Participó de las ediciones 2008, 2012 y 2014 en la recepción, montaje de obras y coordinación de salas. Ya en la cuenta regresiva hacia el 17 de octubre, día de inicio de la edición 2018, confiesa que la Bienal “se trata de un espacio que transité de varios modos. Por supuesto que aprendí muchísimo desde esas experiencias, claro, pero también de ver las muestras, conocer a algunos autores y autoras, participar en talleres y charlas”.

Este año, la Bienal encuentra a María como una de las seleccionadas en la convocatoria "Tucumano/a se busca", con un trabajo llamado Kintsugi (curado por Javier Soria Vázquez). Ella sostiene con firmeza que “la Bienal es muy importante porque coloca a la provincia -y a la región- en un espacio centrípeto de producción, pero fundamentalmente centrífugo, por las repercusiones que genera luego de cada edición”.

“Cada Bienal es un momento de aprendizaje, de intercambio de miradas y -como dijo recientemente Diego Aráoz en una charla en la FAUNT- de mucha camaradería entre las personas que participan; las y los organizadores, expositores y expositoras, el público… También creo que se trata de un espacio que despierta, e invita, a la reflexión de todos y todas las nombradas anteriormente, porque (más allá de las técnicas, decisiones y recursos abordados) gran parte de los trabajos que se vieron en cada Bienal apelan a una disputa de sentido específica y suelen abordar temas de interés de muchas personas y problemáticas latentes en distintas partes del mundo”, remarca.

"Gran parte de los trabajos que se vieron en cada Bienal apelan a una disputa de sentido específica y suelen abordar temas de interés de muchas personas y problemáticas latentes en distintas partes del mundo"



El abordaje de la fotografía es uno de los temas más latentes a la hora de producirse intercambios entre fotógrafes en todas partes del mundo. Los smartphones hacen de cada persona un potencial fotógrafe y eso multiplica los debates. “Creo que todo puede ser fotografiable y, desde ese tópico, los temas que circulan fotográficamente -dependiendo dónde y cómo lo hacen-, terminan siendo sintomáticos de algunos sectores sociales y eso está bien que suceda. Existen diversos espacios para producir y consumir y, desde esa conjugación, se definen públicos posibles. A mí, particularmente, me interpelan los trabajos que sostienen cierta lógica y coherencia a la hora de ser producidas, montadas y puestas en circulación”, sostiene Mines, que no esquiva el bulto y responde con franqueza.

“Me gustan las producciones que se corresponden con todas (o gran parte) de las decisiones tomadas por quienes las crean y que, claramente, están a mi alcance de ser percibidas. También se juega la mirada de cada autor/a –singular, y que de algún modo me convoca-, gustos estéticos y de construcción de sentido, pero eso es muy personal”, remató.

En ese sentido, recalca que “la actividad fotográfica me genera sensaciones de todo tipo. Me fascina que gran parte de los terrícolas hagamos uso de ella y tengamos acceso a distintas representaciones visuales, que van desde la singularidad de nuestro círculo más íntimo hasta millones de generalidades del mundo. Las redes sociales y la telefonía celular con cámara integrada forjaron la posibilidad de suponer que la fotografía es patrimonio de todxs”.

Lo inabarcable de la fotografía

“Hace un poco más de un año leí algunos estudios estadísticos, que daban cuenta de algunas cifras de fotografías producidas en los últimos tiempos. Eran números inabarcables para las posibilidades perceptivas de cada mortal. Creo que ni viendo 1000 fotografías por segundo le alcanzaría la vida a alguien para ver lo que ya existe... y hablo de una larga vida. Un dato que me quedó resonando (y que seguramente está desactualizado ya) es que vemos en un día más imágenes (no sólo fotos) que las que una persona veía a lo largo de toda su vida. Esa escasez que se puede percibir con el paso del tiempo, hoy se transformó en una sobreproducción visual, originando una sobreestimacion estética y frívola de aquello que vemos y, especialmente, de lo que queremos que los demás vean de nosotros. Eso me asusta un poco”, se sincera Mines.

Varias veces fantasee con la posibilidad de no tomar ni una foto más, al menos por un tiempo, y trabajar con material de archivo, con fotos hechas por otros. Idea vaga que sólo quedó en el plano de lo inconcreto porque sigo tomando fotos, aunque no me resulta del todo descabellada la posibilidad, incluso asumí que soy una insaciable consumidora visual de fotografías e imágenes hechas por otros; colecciono imágenes que tengo sistematizadas y guardadas prolijamente en mis cuentas nubes. Algo haré con eso además de alimentar mi TOC

María Mines compartirá una muestra en el Museo Timoteo Navarro con Eduardo Gil y Rodrigo Claramonte, y admite estar “muy contenta y algo ansiosa de compartir las instalaciones del museo con ambos. Incluso es un honor para mí, porque son dos referentes nacionales que respeto y admiro, entonces, desde mi incipiente acceso a la producción en artes visuales, lo tomo como una experiencia muy valiosa y una posible puerta que se abre”, y añadió: “Me imagino una convivencia con una correspondencia sólida entre los tres trabajos. ¡Espero estar a la altura de las circunstancias!”.


En lo que respecta a la producción local, María reconoce que “hubo grandes aportes de distintas generaciones, sobre todo de parte de muchos reporteros gráficos que estuvieron presentes en distintas coyunturas y desarrollaron maravillosos trabajos que, de acuerdo a autores como John Pultz, podrían enmarcarse desde un documentalismo moderno”.

En esa línea, subraya que “ciertamente, me convoca mucho el trabajo de Rosalba Mirabella y Solana Peña, que no es tucumana pero vive aquí hace muchos años. Curiosamente, se tratan de dos mujeres que utilizaron la fotografía como herramienta de producción en alguna instancia de sus trabajos, pero que también los nutren de otros recursos y disciplinas, que los complementan y conducen a otros terrenos de las artes visuales. Además, problematizan y convocan temas que se cruzan con incongruencias de algunas interpretaciones históricas que, a veces, se evidencian en las técnicas o recursos que emplean. Creo que también tienen un manejo muy inteligente y exquisito de recursos retóricos como la ironía, pero empapada de otras cuestiones menos académicas como la nostalgia. Percibir ese tipo de comuniones en los trabajos me encanta y conmueve a la vez”.

Para finalizar, María Mines nos brinda detalles sobre los proyectos en los que está trabajando actualmente, principalmente desde las construcciones grupales: “tengo varios proyectos en mente, algunos individuales, otros grupales. Lo curioso es que algunas de las demás integrantes aún no están enteradas de que vamos a trabajar juntas, ¡pero pronto las notificaré!”, aclara entre risas. 

“Dispongo poco margen de tiempo en estos momentos, pero es una deuda de agenda hacerme el lugar para materializarlos. Incluso llevar los proyectos a un terreno de grupalidad tiene que ver con el contexto de trabajo de transito actualmente”, explica, y detalla que “el trabajo que más forma tiene, hasta ahora, surgió en el marco de una pequeña pasantía que hice el año pasado en el taller C de la Licenciatura en Artes Plásticas con Geli González, Marcos Figueroa y Carlota Beltrame, quienes gentil y generosamente me recibieron. Fue breve pero intensa y bien aprovechada. Este proyecto involucra una casa, la yunga tucumana, una puesta en duda de algunos supuestos del derecho, una acción, un video y claro, también el complejo discurso de aquello que elegí conocer y usar: la fotografía”.