Una distopía libertaria

El presente es pandémico, turbulento, violento, desestabilizante, pero no entre en pánico que un futuro posible puede ser aún peor. Por Exequiel Svetliza.

Por Exequiel Svetliza. El Pollo. Doctor en Letras, especialista en memes, maradoniano, periodista, etc.
Foto: marcha anticuarentena en Buenos Aires (Reuters)

Hoy 11 de septiembre de 2085 día de la lealtad liberal, fecha en que se conmemora aquella jornada histórica en que los compañeros nos sacamos los barbijos y copamos Plaza de Mayo para pedir la liberación de Presto quien había sido injustamente encarcelado por la tiranía peronista. Cómo olvidar aquella epopeya libertaria. Estaban todos: Laje, Milei, Espert, Casero, Baby, Feinmann, El mago sin dientes, El Dipy y hasta el cabezón Ruggeri ¡Cómo estaba el cabezón! Parecía aquel que casi lo parte a Chilavert, el paraguayo ese.  ¿Y los muchachos? ¡Enloquecidos! Me acuerdo que una columna traía en andas a Lanata y otra a Sebreli. Los alzaban como alzan los negros a los monarcas en los países africanos. Pero acá no había negros, ni de piel ni de alma ¡Mirá si va a haber negros! No sabés lo que fue eso... Se me eriza la piel che… el olorcito de los Starbucks... Todos con el Subway y el gin tonic, como manda la liturgia. No se podía estar hermano, no cabía un alfiler y tenías que agarrarte del que tenías al lado porque las calles estabas tapizadas de cáscaras de banana. Te juro que no te miento, estaban todos... la gente de la UCA, de Fasta, de la UP, FOPEA y ADEPA, de la Sociedad Rural... Cada treinta metros te encontrabas con un compañero enseñando a pescar. Una cosa memorable te digo... Se me caen las lágrimas... ¡Una fiesta! Si hasta cerró La Berisso. Y la gloriosa juventud libertaria levantando los estandartes… los pibes y las pendejas con los bigotitos pintados a lo Biondini y la imagen del general en las remeras… sí, cuál más, Videla…Y dicen que son todos virgos ¡Qué van a ser virgos! Si se mojan enteros cuando ven un uniforme… Cómo no va a estar la policía, si ellos encabezan la masa. Mirá, no sé si es una locura lo que te voy a decir, pero yo sentía que, con cada paso que daba, el Estado se achicaba. Sí, me pongo medio cabeza, tenés razón, pero es que ese día fue mágico. No sé si fue la muchedumbre o qué, pero en un momento me temblaron las gambas, medio que me descompensé. Y fui hasta el puesto donde estaban midiendo la meritocracia. Porque también hay que decirlo... a esa no te la cuentan. Fue todo muy espontáneo, pero era un Lollapalooza. Todo regio, impecable. Si hasta un castillo inflable de TN había. La cosa es que de la meritocracia estaba joya, la tenía más alta que las tarifas. Debe haber sido la emoción, no sé. Yo estaba como en éxtasis... No, no sabés... Y la cosa es que hago así y miro a un costado ¿A quién veo? Vos no me lo vas a creer, pero ahí estaba ella, la señora... ¿Qué señora va a ser boludo? Mirtha ¿Quién más? ¡Qué voy a estar mamado! Nada que ver, dos daiquiris me tomé... Pero eso no fue nada y ahora sí me vas a decir que estaba alucinando, pero yo te lo juro por Alberdi que fue así ¿Quién la llevaba de la mano? Escuchá eso: Nisman... No lo soñé, te digo que fue así. Capaz que fue una epifanía, andá a saber... ¡Qué recuerdo compañero! Ahí fue que empezó todo. Lo que vino después no fue fácil, ya lo sé... Perdimos a más de la mitad por ese virus comunista que mandó a fabricar la yegua... Pero hoy esos son nuestros mártires de la causa... Siempre en nuestra memoria. Y ahora dicen que no fueron todos esos, que fueron menos. ¿Quiénes van a ser? Los mismos apátridas de siempre. En fin, para qué nos vamos a meter en esos temas. Lo importante es que ahí, en ese día épico, empezamos a escribir las páginas más gloriosas de nuestra historia.

Diego Leucocito