La Bienal de la memoria, las mujeres y lo transdisciplinario

La foto de familia intervenida, las mega muestras colectivas, el grito de la marea verde, la invitación a repensar la fotografía y el rol del fotógrafe en el festival que desde hace 16 años pone a Tucumán en eje de la escena fotográfica latinoamericana

"Hay que descarrilar la fotografía, creer que estamos cambiando al mundo es una arrogancia. Hay que sacar las fotografías de los círculos usuales. Tenemos que construir elementos de circulación que sean masivos", enfatizó Pablo Corral Vega durante su Diálogo Abierto con Walter Astrada en el Centro Cultural Virla, y resumió en pocas palabras el eje que marcó el desarrollo de la 8va. Bienal Argentina de Fotografía Documental. Los talleres, los diálogos, las muestras, las proyecciones, estuvieron atravesados por el rol político de la fotografía como fenómeno cultural, como agente de resistencia desde la memoria y reflejo de la realidad socioconómica que nos atraviesa. La presencia determinante e interpelante de las mujeres y disidencias en cada uno de estos espacios y su ausencia al frente de los mismos terminó por dar forma a una Bienal disruptiva que marcará un quiebre con miras a la 9na edición, en 2020. "Qué lindo que el tiempo se pueda medir en Bienales", sintetizó Diego Aráoz desde el Museo Provincial de Bellas Artes Timoteo Navarro la noche del jueves, y tiene razón.

Los talleres comenzaron unos días antes del inicio formal de la Bienal: Andrea Josch y Cora Gamarnik brindaron su Clínica de Fotografía y Política en la Escuelita de Famaillá, donde se inauguró la “Biblioteca Hilda Guerrero de Molina”. Todos los talleres se vieron desbordados de fotógrafes dispuestos a enriquecerse de la interacción directa con los talleristas: el Taller Identidades en Tafí Viejo, coordinado por Gerónimo Molina y Nicolás Pousthomis de SubCoop, derivó en un almuerzo colectivo e invitación a participar de un pañuelazo ; “Herramientas para contar historias…”, de Juan Peraza, marcó un quiebre respecto a la concepción actual de la fotografía. "Cuerpo y marginalidad son dos términos difíciles de trabajar. Porque conocer el cuerpo es muy difícil. Y porque hablar de marginalidad a las personas por lo general les incomoda", aseveró el tallerista.

“Sacar adelante este tipo de proyectos en estas circunstancias es un ejercicio de resistencia y militancia, es dejar en claro que no nos van a vencer", remarcó Julio Pantoja en la apertura formal de la Bienal en Casa Histórica, antes de la tradicional Foto de Familia, intervenida por SubCoop en homenaje al registro del “Siluetazo” de Eduardo Gil y captada desde el “lente” del dronero Mario De Fina. La Murga Pechando el Camión le puso color a la inauguración de “los cubos”, las instalaciones callejeras “Al ver, verás” de Alessandra Sanguinetti -de la prestigiosa agencia Magnum- y “Divertimentos Musicales”, de Pablo Corral Vega -secretario de cultura de Quito y referente de NatGeo- en la Plaza Independencia, donde varios fotógrafes como Walter Astrada probaron achilata.







El mencionado Eduardo Gil fue, sin dudas, uno de los actores estelares de la Bienal con su conferencia magistral en el Centro Cultural Virla y la muestra “El desorden de las apariencias”. "El Siluetazo no son la siluetas, es el recuerdo de esa acción. Cuando vemos que hoy sirven para muchas otras cosas es porque la silueta vacía se presta a ser llenada por muchos significados", afirmó, y subrayó que hoy por hoy "no le tenemos que pedir permiso al arte para hacer fotografía”. Acto siguiente, quedaron inauguradas las muestras “No” de Pepe Mateos, “The Journey”, de Walter Astrada, y “Piso 14 depto 283”, de Jorge Augusto Cruz.

La jornada del jueves dio lugar a algunos de los momentos más álgidos de esta 8va. Bienal: en los Diálogos Abiertos Pepe Mateos analizó que “es muy típico de los reporteros gráficos desvalorizar el trabajo propio y ajeno”, y advirtió que la estructura psicológica de un fotógrafo, es complicada. Por un lado es alguien muy vanidoso y se siente una basura al mismo tiempo". Tras recordar las fotos de la masacre de Avellaneda y el estallido social del 2001, admitió que cambió su forma de sacar fotos “eliminando el prejuicio de que tengo que sacar una buena foto”, mientras que Andrea Josch destacó el valor del material de archivo que cada reportero gráfico acumula y que se resignifica con el paso del tiempo.


Eduardo Longoni, en diálogo con Cora Gamarnik, se refirió a algunas de sus fotos más icónicas: la foto del dictador Videla rezando y “La mano de Dios”: “En el momento que hice la foto, Videla se había llevado la vida de varios de mis amigos", lamentó, y confesó que sus fotos de la dictadura militar “son brutales”. Sobre la foto que tomó en Estadio Azteca, se sinceró: "Vi una sombra que se levantaba y esa sombra terminó siendo Maradona. Pensé que todos los fotógrafos la tenían".

"Muchos medios frustran a los fotógrafos y eso no está bueno para las nuevas generaciones. Yo no necesito que un editor me mande a cubrir algo, si creo que un tema es interesante encuentro la forma de ir a cubrirlo", aseveró Walter Astrada, en diálogo con Pablo Corral Vega, quien sacudió el avispero al señalar: "La fotografía es una familia incestuosa. Nos damos palmadas entre nosotros, debemos ser un poco más escépticos. La fotografía es un fenómeno masivo que sirve para contar todo de nuestra situación social y económica".



Mayor fue el sacudón cuando el diálogo entre ambos se abrió al público y llegaron las preguntas: los trabajos sobre violencia de género de Astrada motivaron la interpelación de ese rol ejercido por un varón de parte de integrantes de la Pandilla Feminista, que derivó en un caliente pero respetuoso debate sobre el rol de las mujeres en el mundo de la fotografía y su escasa participación en la Bienal, ya que más allá de ser amplia mayoría en talleres y diálogos, sólo Sanguinetti ocupaba un rol preponderante en el encuentro fotográfico latinoamericano. Esto motivó una posterior asamblea que dio luz a un comunicado que fue leído durante la fiesta de cierre del sábado, en el marco de la presentación de la muestra “Marea Verde”.

Esa misma noche, se inauguró en el MUNT "Siluetas & Lazos", una gran muestra colectiva que demandó días de montaje e incluyó fotografías en diferentes soportes, abarcando gran parte del edificio del museo y curada por Julio Pantoja y Guadalupe Arriegue, quien explicó: "la idea de esta muestra era pensar que el documento no es algo cerrado ni clausurado sino es un lugar de ideas desde donde podemos extraer la memoria que queremos construir; el documento, la ficción, las poéticas, cómo construimos los discursos, las imágenes, las formas, los lenguajes. De eso se trataba." La noche fue coronada por la presencia de Juan Falú, y por la performance del grupo Bembé Guiné, quienes intervinieron el patio con danza latinoamericana.



El día jueves la jornada culminó en el Museo Provincial de Bellas Artes Timoteo Navarro con la inauguración de “El desorden de las apariencias" de Eduardo Gil; “Kintsugi” de María Mines, y “Un lugar común”, de Rodrigo Claramonte. Acompañado por su familia con quienes ha compartido las ultimas ediciones, Diego Aráoz resumió el sentimiento de muchos bienaleros: "Qué lindo que el tiempo se pueda medir en Bienales",  en una frase digna de ser enmarcada. Los presentes se dieron tiempo para recorrer la muestra antes de salir a refugiarse de la lluvia en los bares de la city tucumana.



La mañana del viernes, el comité revisor de portfolios coronó al ganador: el colectivo Rueda Fotos integrado por Daiana Valencia y Celeste Alonso, mientras la muestra callejera de ARGRA sorprendía a los transeúntes del microcentro tucumano. El diálogo entre Esteban Pastorino y Nicolás Saez, donde abordaron el trabajo transdisplinario y la apropiación del espacio tridimensional a través de su obra conjunta "Estero (Auto) Scopio", presentada en el Centro Cultural Virla: “las cosas que pasan en la calle quedan para siempre, gatillan la curiosidad", indicó el fotógrafo chileno. "Hay un idea de reivindicar el espacio público. No pedirle permiso a nadie porque justamente es un espacio público. No dimos aviso porque nos interesaba la experiencia casual de cada uno de los que pasaban", acotó Pastorino.

Los Diálogos entre Alessandra Sanguinetti y SubCoop llevaron a los fotógrafos a un plano más íntimo y hasta conceptual: Gerónimo Molina planteó que "la manera de fotografiar para que cambie el mundo es metiendo preguntas y abriendo el juego. En un momento sentimos que la fotografía de represión servían para anestesiar más que para visibilizar”, mientras que Sanguinetti confesó haber “perdido lo lúdico, uno tiene un bagaje y vas cargando con cosas. Tenes que trabajar mucho para poder jugar y tener la mirada limpia". Nicolás Pousthoumis analizó que "con la fotografía digital sentimos que como fotógrafos tenemos más responsabilidad. Involucrarnos en el tema para poder dar más información. Nos liberamos de la necesidad de registro para podernos concentrarnos en contar otras cosas". En el último de los Diálogos, el de la denominada “Mesa Larga”, Andrea Josch remarcó que “el gran delito de las escuelas de fotografía es sólo mostrar autores europeos y americanos, nos construyeron una verdad con eso".


La lluvia en Tucumán no impidió que los bienaleros disfruten de las actividades previstas para el sábado, más allá de algunas reconfiguraciones en el cronograma. La inauguración de la citada biblioteca Hilda Guerrero de Molina, en Famaillá, la intervención de SubCoop y los choripanes en los talleres de Tafí Viejo y los lapachos de los sueños bienaleros nos condujeron a la fiesta de cierre con la proyección de las muestras colectivas Independencias y Marea Verde, con el mencionado planteo de paridad de género que tomó fuerza desde el jueves.

Entre baile y cervezas, la 8va. Bienal Argentina de Fotografía Documental culminó tras cuatro intensos días en los que cada uno de los participantes, desde el lugar que les tocó, se vió obligado a replantearse el rol de la fotografía, el fin último de cada disparo, la forma de adaptarse a las nuevas corrientes que impulsan la horizontalidad y los proyectos colectivos que cada vez ganan más terreno hasta en el corazón del establishment fotográfico, con una perspectiva cada vez más transdisciplinaria, en un espacio federal, al norte de Argentina y alejado del centralismo porteño, donde encuentran ocasión de compartir y dialogar con nuevos campos y perspectivas, a analizar con la seriedad del caso la presunción de paridad de los sectores progres que dominan el arte y la cultura y el ineludible compromiso de no quedar fuera de foco con miras a la 9na. Bienal, en 2020.